“Ninguna marca rompería ya con un futbolista por ser gay”

La visibilización de referentes es clave para acabar con la discriminación sexual en el deporte, un ámbito que avanza en la lucha por los derechos del colectivo LGTBI

Marc Fortuny, a la derecha, junto a su compañero Héctor Andreu en 2015.
Marc Fortuny, a la derecha, junto a su compañero Héctor Andreu en 2015.Redes Marc Fortuny

La carrera del yudoca Marc Fortuny (Barcelona, 30 años) estaba siendo prometedora: seis medallas en campeonatos nacionales y dos internacionales junto a la selección española. Su nombre sonaba entre los mejores profesionales españoles en la categoría -100 kilos. Sin embargo, Fortuny decidió dejar el yudo cuando solo tenía 23 años. “No era feliz, no estaba disfrutando de lo que hacía, no podía ser yo mismo”, cuenta años después. “Soy gay, pero por aquel entonces no se lo había contado a nadie de mi entorno deportivo, no estaba preparado, me daba miedo el rechazo de mi club, de mis compañeros, me sentía solo”, añade.

Fortuny regresó a los tatamis en 2018, y habló públicamente de su homosexualidad. “Quería crear uno de esos referentes que a mí tanto me habían faltado”, explica. Antes de aquello, también quiso aportar otro granito de arena a la lucha contra la LGTBIfobia en el deporte. “Dada la escasez de información sobre el tema, decidí hacer mi trabajo de fin de carrera [Ciencias de la Actividad Física y el Deporte] sobre la homosexualidad en un deportista de élite”, dice Fortuny, que hoy trabaja como entrenador personal.

Marc Fortuny
Marc Fortuny

“La investigación sobre la situación del colectivo LGTBI en el deporte es clave para acabar con la discriminación”, afirma Anna Vilanova, profesora de Sociología en el Deporte del Instituto Nacional de Educación Física de Cataluña (INEFC) y coautora del estudio Colectivo LGTBIQA+, salud mental y contexto deportivo: una revisión sistemática. “Solo así podemos tener una radiografía de lo que está ocurriendo y establecer los protocolos que permitan cambiar las cosas, empezando por la concienciación y formación de los profesionales que dirigen centros educativos y clubes deportivos”, añade Vilanova, que también es directora del Observatorio Catalán del Deporte.

Estereotipos de género

Históricamente, el deporte se ha utilizado para configurar unas identidades de género basadas en “un modelo heteropatriarcal”, apunta David Guerrero, presidente de la asociación Deporte y Diversidad y autor del libro Corres como una niña (Dos Bigotes). “La identidad masculina es asociada a la fuerza, el poder y la virilidad; mientras que la femenina, a todo ese otro tipo de aptitudes más delicadas y creativas”, agrega.

Del mismo modo, se aplica un sesgo androcentrista: “Parece que solo los hombres heterosexuales y cisgénero [personas que se identifican con el género asignado al nacer] son los únicos buenos deportistas”, explica Guerrero. “Esto genera escenarios en los que las personas no normativas -que no sean hombres heterosexuales y cisgénero- difícilmente pueden encajar”, añade Guerrero.

Durante su carrera deportiva, la hoy exjugadora de rugby y campeona de Europa Marta Lliteras (Palma de Mallorca, 38 años) siempre expresó abiertamente su bisexualidad. “Nunca sufrí discriminación por ello, mi lucha siempre fue por ser mujer”, cuenta Lliteras. Esto se debe a que el sistema heteronormativo que impera en el deporte ha creado también otro tipo de estereotipos.

Guerrero pone de ejemplo a deportistas LGTBI visibles en ciertas disciplinas, como las mujeres lesbianas y bisexuales en deportes “masculinizados”, como el fútbol o el rugby. “En esos casos, vemos menos LGTBIfobia, y estas mujeres pueden vivir abiertamente su sexualidad. La conciencia social colectiva atribuye a las mujeres lesbianas un papel más masculino. Sin embargo, no hay ninguna lesbiana visible en deportes considerados de chicas, como la natación sincronizada, por ejemplo”, apunta Guerrero.

En el caso de los hombres homosexuales o bisexuales ocurre lo contrario: “En deportes históricamente ‘feminizados’, como la gimnasia artística o el patinaje artístico, se asume y se normaliza su orientación sexual, mientras que su visibilización en otros tipos de deporte de contacto es más problemática”.

Aun así, Guerrero considera que la LGTBIfobia en el deporte está retrocediendo, especialmente en aquellos deportes que no tienen un gran foco mediático. “La visibilidad de los propios deportistas y la aceptación de los compañeros y los clubes cuando una persona LGTBI decide mostrarse tal y cómo es está siendo cada vez más positiva”, explica. “También lo vemos con los patrocinios, a casi ninguna marca se le ocurre ya romper un contrato con un futbolista por el mero hecho de ser gay”, añade Guerrero. El presidente de Diversidad y Deporte profundizó sobre esta cuestión durante la jornada Deporte inclusivo y diversidad LGBTI. 30 años después de los JJOO Barcelona 92, celebrada el pasado lunes en Madrid y organizada por la Red Empresarial por la Diversidad e Inclusión LGBTI (REDI), una plataforma que trabaja para evitar el pinkwashing (lavado de imagen de las empresas que dicen luchar por los derechos de las personas LGTBI).

Marta Lliteras
Marta Lliteras

Marta Lliteras, que actualmente ejerce de entrenadora de rugby en la Comandancia General del Ejército Balear en las categorías femenina y masculina, también participó en el mismo encuentro. Para la exjugadora de rugby, los referentes son fundamentales, “pero también hay que generar espacios seguros dentro de los clubes”. Algo que solo se consigue a través de un cambio profundo que parta de la investigación y la concienciación, como reivindica Anna Vilanova.

La institución para la que trabaja Vilanova, el INEFC, lidera la Red de Investigación en LGTBIQ+, Educación Física y Deporte, una plataforma estatal compuesta por varias universidades y entidades de investigación. “Conocer las experiencias de los deportistas LGTBI nos permite establecer protocolos de actuación y formar a profesionales y clubes para que el deporte sea cada vez más inclusivo”, concluye Vilanova.

El fútbol masculino sigue sin sacar tarjeta roja

Si bien es cierto que la LGTBIfobia va remitiendo en muchas disciplinas deportivas, no pasa lo mismo en deportes tan mediáticos como el fútbol masculino. “Por desgracia, es un deporte espectáculo que se ha convertido en un espacio donde los aficionados van a descargar todas sus frustraciones y donde la violencia verbal es terrible”, lamenta David Guerrero. “Y no solo en las ligas profesionales. Estamos viendo cómo toda esa violencia y ese lenguaje se traslada a ligas inferiores”, añade.

En las ligas profesionales de fútbol masculino de todo el mundo, los referentes LGBTI se cuentan casi con los dedos de una mano. El último en hacer pública su homosexualidad fue el futbolista británico del Blackpool Jake Daniels, de 17 años, el pasado mes de mayo, inspirado por el australiano Josh Cavallo, de 22, que lo había hecho unos meses antes.

Para el presidente de la asociación Deporte y Diversidad, es comprensible que un futbolista no quiera expresar abiertamente su homosexualidad. “El primer insulto que recibiría si falla sería el de maricón, manejar esa presión social es complicado”, añade. Guerrero considera que la gestión de clubes y federaciones de fútbol que venden derechos de imagen a países donde no se respetan los derechos humanos tampoco ayuda a esa visibilización. “Lo estamos viendo, por ejemplo, con la Supercopa de España celebrada en Arabia Saudí, o el próximo Mundial de fútbol que se celebrará en Qatar. ¿Cómo un futbolista va a decir abiertamente que es gay si después tiene que jugar en un país donde la homosexualidad está castigada con pena de muerte?”, se pregunta Guerrero.

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