Nadal: al fin, la felicidad

El español se reconoce ante Khachanov y alcanza los octavos, en los que se medirá con el francés Mannarino en línea ascendente y tras medio año de encrucijada

Nadal celebra la victoria contra Khachanov en la tercera ronda, este viernes en Melbourne.
Nadal celebra la victoria contra Khachanov en la tercera ronda, este viernes en Melbourne.MARTIN KEEP (AFP)

Sirva como síntesis el festejo, la forma, el fondo: Rafael Nadal (6-3, 6-2, 3-6 y 6-1 a Karen Khachanov, tras 2h 50m) infla el bíceps, alza el puño izquierdo y hace una cruz cuando completa la estampa con el brazo derecho en el centro de la Rod Laver Arena, ya de madrugada y jaleado por la central de Melbourne después de lograr el pase a los octavos de final. De alguna manera, la grada australiana asiste a un renacer.

“Llevaba mucho tiempo persiguiendo noches así”, dice el ganador, que hace medio año se las veía crudas para seguir jugando al tenis y hace mes y medio también, porque al azote del pie –”tengo el escafoides partido por la mitad, el problema no tiene solución”, revelaba hace tres días– se unió el impacto del coronavirus a finales de diciembre, incorporándose así otro interrogante a la mente del campeón de 20 grandes. Volar o no volar, esa era la cuestión. Australia en el aire. Y, al final, un feliz desenlace porque después de mucho tiempo y el enésimo golpe, Nadal, el ave Fénix de la raqueta, volvió ayer a sentirse un tenista de verdad.

“Hace un mes y medio hubiera soñado con estar en esta situación, pero más allá de por estar en la segunda semana, por la sensación general”, subrayaba el de Manacor después de abatir a Khachanov con una versión mucho más reconocible y cercana a la real; “intentaré estar recuperado al cien por cien para el próximo partido y a poder ser, hacerlo un poquito mejor, pero creo que el nivel de hoy ha sido alto y si lo seguimos manteniendo, veremos qué puede suceder. Hay que seguir trabajando, siempre con los pies totalmente en el suelo y más en esta situación. Fue un día especial por jugar a este nivel”.

Después de seis meses de encrucijada, Nadal volvía a estar feliz. Antes de comenzar su andadura en el Open se adjudicó el torneo preparatorio de Melbourne, pero más allá del metal, el mallorquín era consciente de que el título era circunstancial y de que ese trofeo no había disipado ni mucho menos las incógnitas. A estas alturas, Nadal compite contra los demás y, sobre todo, contra el pie izquierdo que amenaza la fase final de una carrera tan exitosa como accidentada. Libra el balear (36 años el 3 de junio) una doble batalla: una en las pistas y otra en sobre camilla. El hueso partido en dos supone un quebradero de cabeza.

Dinamismo, revés y subidas: confianza

El dolor, contaba Nadal, ha ganado la partida. No desaparecerá, de modo que su único objetivo es minimizarlo para que le permita competir a un nivel acorde a sus pretensiones. Independientemente de los premios, el mallorquín se ha sentido en fuera de juego durante demasiado tiempo y la última reaparición ya supone un triunfo de por sí. Más que nunca, Nadal vive el día a día y lo disfruta, de modo que la velada contra Khachanov fue una reafirmación y un espaldarazo al gran esfuerzo físico y anímico efectuado en los últimos meses.

Llamó la atención la efusividad. En otros tiempos, ver a Nadal en unos octavos –en esta ocasión, frente al francés Adrian Mannarino– no dejaba de ser una escena rutinaria. Ahora, tal vez no tanto, de ahí la valoración. “Creo que he mejorado en todo. En la posición, de piernas, con el revés sin ninguna duda ha sido mi mejor día... Lo golpeé sin tener la sensación de fallo, pudiendo cambiar direcciones, atacando bastante bien. Creo que también he subido bastantes veces”, recitó en la rueda de prensa; “la lectura general del juego y la calidad de los golpes ha sido buena. Es un momento para estar muy felices de la evolución”.

Y prosiguió, subrayando la línea ascendente y la respuesta positiva de su cuerpo: “Hoy [por ayer] sí que me he movido bien, porque los golpes eran mejores. Cuando estás jugando con más dinamismo, golpeando sin tener que pensar en cómo vas a hacerlo y pensando solo en dónde vas a tirar la pelota es porque empiezas a tener confianza. Eso también te lo dan los partidos y evidentemente este ha sido mi mejor partido, en todos los sentidos. Khachanov [el primer cabeza de serie con el que se ha cruzado] era el rival más difícil, de entidad y con experiencia en el circuito. No vamos a lanzar campanas al vuelo, pero sí que es un día para estar contento por esa subida de nivel”.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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