Nadal gana revoluciones hacia los octavos

El campeón de 20 grandes da un salto ante Khachanov (6-3, 6-2, 3-6 y 6-1) y se recrea en la red antes de abordar a Mannarino: “Ha sido mi mejor partido”

Nadal celebra un punto durante el partido contra Khachanov en la Rod Laver de Melbourne.
Nadal celebra un punto durante el partido contra Khachanov en la Rod Laver de Melbourne.Hamish Blair (AP)

Se las sabe todas Rafael Nadal. Se conoce el balear la lección al dedillo y sabía perfectamente por dónde debía hincarle el diente a Karen Khachanov, al que cada vez que ve al español al otro lado de la red le sale un sarpullido. Al fin y al cabo, son ocho duelos y otros tantos triunfos para el mallorquín, este último (6-3, 6-2, 3-6 y 6-1, en 2h 50m) vitamínico y muy necesario porque Nadal precisa de tiempo, rodaje y buenas sensaciones, y obtuvo un poco de todo. De progreso en progreso, ladrillo a ladrillo estos días australianos, el campeón de 20 grandes crece en el torneo y su nombre ya figura en el cartel de la segunda semana, desprendiendo la sensación de que ocurra lo que ocurra habrá sido un viaje productivo.

“Creo que he mejorado en todo. En la posición en pista, de piernas, con el revés sin ninguna duda ha sido mi mejor día... Lo golpeé sin tener la sensación de fallo, pudiendo cambiar direcciones, atacando bastante bien. Creo que también he subido bastantes veces”, recitó en la rueda de prensa. “La lectura general del juego y la calidad de los golpes ha sido buena. Es un momento para estar muy felices de la evolución”, destacó el de Manacor, sin saber todavía que su próximo rival será Adrian Mannarino (7-6(4), 6-7(4), 7-5 y 6-4 a Aslan Karatsev). El francés recibirá a un tenista en línea ascendente.

Nadal despegó cómodamente ante Marcos Giron, elevó el tono frente a Yannick Hanfmann en un duelo de mayor exigencia y le sacó jugo al pulso de este viernes contra Khachanov. El ruso, en su día top-10 y con dos trofeos valiosos en su ficha, el Masters 1000 de París-Bercy (2018) y la plata olímpica de Tokio, se ha estancado en la discreción. Llamado a ser uno de los referentes de la penúltima hornada, ocupa el 30º puesto del listado y sigue sin detener la sangría de su derecha, problema crónico que sigue sin resolver. No levanta la voz, mientras otros compatriotas de su generación le han dejado atrás: Medvedev, Rublev, Karatsev. Y Nadal, consciente de todo ello, le abordó de pleno y desde todos los frentes. Por tierra, mar y aire. Sin excepción.

Durante los dos primeros sets, el de Manacor se divirtió. Cuando no le atraía a la red para desbordarle, le tiraba la bola a los pies para forzarle a agachar su corpachón (1,98 de estatura) y atropellarle, o bien le enviaba la pelota combada y lenta para que entrase a por ella, y se empachase con la derecha; también le invitó al golpe paralelo, y ahí Khachanov sufre sobremanera. Mucho pasillo. Todo tipo de argucia estratégica. Así le descosió en el primer parcial y todavía más en el segundo, aunque el ruso, con una movilidad muy notable pese a su envergadura, encontró un balón de oxígeno en el tercero. Tuvo un arrebato, pero Nadal lo aplacó de inmediato.

Rafa still rules (Rafa todavía manda), reivindicaba un aficionado desde la primera línea. “Ha sido mi mejor partido de este año”, valoró el balear en el parlamento a pie de pista, después de una reacción demoledora que le puso la firma al partido, el primero que disputaba esta edición contra un cabeza de serie y el primero en la sesión nocturna. Se acercó a las tres horas y exigió una respuesta física que resultó convincente. El pie izquierdo –”tengo el escafoides partido, es un problema sin solución”, describía hace un par de días– aguanta y el rendimiento aumenta.

El protagonista lo corrobora. “Hace un mes y medio hubiera soñado con estar en esta situación, pero más allá de por estar en la segunda semana, por la sensación general. Intentaré estar recuperado al cien por cien para el próximo partido y a poder ser, hacerlo un poquito mejor, pero creo que el nivel de hoy ha sido alto y si lo seguimos manteniendo, veremos qué puede suceder”, expresó; “hay que seguir trabajando, siempre con los pies totalmente en el suelo y más en esta situación. Fue un día especial por jugar a este nivel. Llevaba mucho tiempo persiguiendo noches así”.

A las 00.15, el español ponía la rúbrica puño en alto, habiendo dejado cifras notables –a resaltar el 83% de puntos con primeros, intratable en ese apartado y un recital (88%, 23 de 26) en la red– y ofrecido antes un gesto significativo: hacía más de medio año que no celebraba un punto con su característico serrucho, señal de satisfacción y buen hacer. Fue tras un passing cruzado, pelota liftada y revolucionada. Ya en la zona dulce del torneo, se medirá el domingo con el francés Mannarino (69º). Se le escapó un set, pero su juego subió de temperatura.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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