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El reto napolitano de Messi

El capitán del Barcelona capitaliza el exigente partido de San Paolo en los octavos de final de la Champions

Messi y Piqué, en el estadio San Paolo. Ampliar foto
Messi y Piqué, en el estadio San Paolo. REUTERS

Leo Messi y Diego Maradona son comparados cada día y, sin embargo, no coinciden nunca aunque no necesariamente se eviten, viajan por separado, como si fueran dos líneas paralelas, jugadores de épocas distintas al fin y al cabo, unidos por Argentina y por el Barça. El capitán azulgrana va por detrás del técnico de Gimnasia y Esgrima, y este martes pisará por vez primera el estadio San Paolo, el templo de Maradona, en un duelo curiosamente también inédito en la Liga de Campeones.

Maradona, campeón mundial en 1986, logró que el Nápoles ganara la liga dos veces y la UEFA. No pudo con la Champions. A Messi, en cambio, se le escapa la Copa del Mundo y se desvive por una quinta Champions con el Barça. Ni azulgranas ni napolitanos son ahora mismo favoritos en Europa. “Si queremos ganarla, tenemos que crecer, y mucho. Hoy por hoy no nos alcanza como estamos”, confiesa Messi. Los pronósticos tampoco incluyen al Nápoles pese a que consiguió ganar al campeón Liverpool.

El torneo, sin embargo, está tan abierto que ninguno de los contendientes quiere quedar fuera en una eliminatoria de octavos, y menos el Barça, convencido de que si gana tiempo sus aspiraciones aumentarán, por más que su candidatura esté hipotecada por las derrotas de Roma y Anfield. Los azulgrana penalizan en sus salidas, también reducidos en la cancha del Atlético y la Juve desde que se coronaron en Berlín 2015.

La suerte del Barça en las eliminatorias queda a expensas exclusivamente de los goles de Messi en campo contrario; tres en diez rondas más un cuarto en propia puerta de Shaw en Old Trafford. El reto de este martes, por tanto, no es sencillo para un equipo falto de recursos, sin sus dos laterales titulares —Sergi Roberto y Jordi Alba—, ni delantero centro —Luis Suárez está lesionado—, reducida la expedición a 13 fichas profesionales más la del portero Neto.

El Barça es hoy más que nunca el equipo de Messi, recibido con todos los honores en Nápoles. Los cuatro goles del 10 contra el Eibar animan a los barcelonistas en un partido difícil de calibrar por la inestabilidad de los dos equipos, especialmente volcánicos, menos fiables todavía después de cambiar de técnico: Gatusso sustituyó a Ancelotti y Quique Setién relevó a Valverde.

Fabián, la estrella

Gattusso ha ordenado a un equipo con buenas individualidades, especialmente Fabián, un volante muy querido por Quique Setién desde que le dio vuelo en el Betis. Irregular en la Liga, descolgado aún de la zona noble, el Nápoles se bate muy bien en la Copa. A su favor juegan una serie de victorias contra notables como la Juve o el Inter. Aunque las ausencias del central Koulibaly y de Fernando Llorente le debilitan de alguna manera en las áreas, tiene desequilibrio y pegada, delanteros punzantes como Mertens, Insigne y Callejón.

Al Barça le conviene un partido intenso, con mucho ritmo, cualidad extraña en un equipo que por el contrario ha ganado posesión y control con Setién, debutante en la Champions. El Nápoles ya ha advertido que jugará “sin miedo y con la cabeza alta”, palabras de Gatusso e Insigne, confiados en los “escalofríos” de una hinchada muy temperamental, ansiosa por ganar al Barcelona.

Los azulgrana desconfían de la afrenta napolitana y aguardan un partido más pausado en el que se impondrá limitar los errores y ser selectivo en las ocasiones, una suerte recuperada el sábado ante el Eibar con Messi. El 10 acabó por fin las jugadas del equipo después de un tiempo de ejercer como asistente de compañeros a los que cuesta encontrar su sitio como Griezmann. La ausencia de Braithwaite, que no puede disputar la Champions, avala la apuesta por Ansu Fati, que no jugó contra el Eibar, o por Arturo Vidal, un multiusos, también con Setién.

El técnico es consciente de la importancia del partido para el equipo y para la directiva, sobre todo para Bartomeu. El presidente parece dispuesto a aguantar la presión de los directivos que le sugieren la posibilidad de dar un paso a un lado o de acelerar el calendario electoral que contempla elecciones en 2021. El plan de Bartomeu precisa de dos buenos resultados, ante el Nápoles y el domingo en Madrid, mientras discurre la auditoría encargada para delimitar responsabilidades después del escándalo digital que acabó con la suspensión temporal del director del área presidencial, Jaume Masferrer.

El Barça se encomienda a Messi de la misma manera que Nápoles se desvive por ver si el paso del 10 del Barça por San Paolo les evoca las jugadas de Maradona.

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