SELECCIÓN FEMENINA BALONCESTO

El más difícil todavía de la España de Laia Palau

La concentración en L’Alquería marca el punto de partida de la selección para preparar el doble reto inédito de 2021, en el que afrontará el Europeo en Valencia y los Juegos de Tokio de forma consecutiva

De izquierda a derecha, Vilaró, Cazorla, Carrera, Ndour, Palau, Ouviña y Torrens posan en La Fonteta. feb
De izquierda a derecha, Vilaró, Cazorla, Carrera, Ndour, Palau, Ouviña y Torrens posan en La Fonteta. feb

Sin torneos internacionales por culpa de la pandemia, este será el primer año sin medallas del baloncesto español desde 2004. En lo que va de siglo, la selección absoluta masculina y la femenina han logrado 13 medallas cada una en los 18 torneos disputados. Los pósters de los oros de 2019, en el Mundial de China y en el Europeo de Belgrado respectivamente, permanecerán vigentes hasta el verano de 2021. Ahí se sitúa el doble reto de la España de Laia Palau, que afrontará el Europeo de Valencia (17 al 27 junio) y los Juegos de Tokio (23 de julio al 8 de agosto) de forma consecutiva, con solo 25 días de margen entre una y otra cita. Un desafío inédito que las jugadoras dirigidas por Lucas Mondelo han comenzado a preparar esta semana en L’Alquería. “Llevábamos nueve meses sin juntarnos, desde el preolímpico. Nos quedamos sin competición en verano por primera vez en mucho tiempo, y, ahora que se podía, había que hacerlo. Para que la llama siga viva”, explica Palau, antes de analizar la concentración como el primer hito en el camino. “Estamos recuperando automatismos, probando conceptos nuevos y combinaciones de jugadoras, integrando a la sangre nueva que llega... Está siendo un trabajo muy cañero”, desarrolla la capitana, de 41 años, con 298 internacionalidades en su expediente.

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Mondelo ha citado estos días en Valencia a un grupo de 19 jugadoras, con las artífices de las siete medallas consecutivas entre 2013 y 2019 (la propia Palau, Laura Nicholls, Silvia Domínguez, Alba Torrens, Anna Cruz, Laura Gil y Astou Ndour), el pujante eslabón intermedio (integrado por Cristina Ouviña, Queralt Casas, Leo Rodríguez, Andrea Vilaró y María Conde, ausente ahora por lesión), la base del relevo generacional (Laura Quevedo, Belén Arrojo, Nogaye Lo, María Araujo, Paula Ginzo y Maite Cazorla) y dos piezas de gran futuro (las debutantes Raquel Carrera y Aina Ayuso). Una lista con ocho jugadoras por debajo de los 25 años y con solo dos de ellas compitiendo en el extranjero: Torrens (en el Ekaterimburgo ruso) y Ndour (en el Hatay turco), dato que invierte la tendencia emigrante que alcanzó su máxima expresión en 2017, cuando España logró el oro continental en la República Checa con cuatro jugadoras en equipos nacionales. Ahora gana la Liga Femenina Endesa: Perfumerías Avenida y Valencia aportan cuatro piezas, Gernika tres, y Girona, Araski y Zaragoza, dos. En La Fonteta, repartidas en equipo rojo y equipo blanco (73-36), las jugadoras españolas culminaron la concentración en formato burbuja con un extraño pulso fraternal, competido solo hasta el descanso. El 22-1 del tercer cuarto rompió un partido en el que destacaron Gil (11 puntos y 9 rebotes), Ouviña (9 asistencias) y Carrera (11 rebotes).

“No es un grupo cerrado. Pueden entrar o salir dos o tres jugadoras en la próxima convocatoria de febrero”, aclara el seleccionador, que busca que las veteranas “refuercen la mezcla del éxito”, las que encabezan la transición “den un paso adelante” y alguna de las jóvenes “tire la puerta abajo”. “Nuestro gran valor es ser un equipo. No podemos ser solo una selección”, cuenta el técnico, apuntando a una transición como la que se dio en la selección entre 2008 y 2009 o entre 2012 y 2014. El radar se podría ampliar a nuevas incorporaciones como Rosó Buch e Irati Etxarri, o al regreso de medallistas como Tamara Abalde y Leticia Romero. Un grupo que mantiene la incógnita de Marta Xargay. “Desde que anunció su retirada, respetamos su decisión y sus tiempos. Sin presión. Si ella quiere hacer algún gesto, lo hará. No sería mal fichaje. Xargay siempre en mi equipo”, señala Mondelo.

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“Nuestra exigencia competitiva siempre es máxima. Vamos a piñón fijo”, retoma Palau, calibrando la exigente secuencia del próximo verano. “Hay que centrarse en el Europeo y siendo en casa, aún más. Hay una parte de sentirnos arropadas, pero también es una presión añadida. Tenemos que estar arriba por obligación. Ahí habrá que dar el do de pecho y luego ya iremos viendo”, apunta la capitana. Un plan que refrenda el seleccionador. “La hoja de ruta está trazada. Tenemos que hacer una gran concentración de cara al Europeo y poner ahí el foco. Hay que intentar sacar medalla, porque, si lo conseguimos, todo lo demás será cuesta abajo. Llegaríamos sin presión a los Juegos y los encararíamos con mucha ilusión. Canadá, Australia y Estados Unidos, más China, Japón, y las grandes selecciones europeas ponen carísima la medalla olímpica, pero habría opciones”, detalla Mondelo. “Bélgica, Francia, Serbia y Rusia, tienen equipazos, pero las tenemos muy trabajadas”, completa el técnico.

Estos días se traza el histórico sobresfuerzo al que ha abocado el descabale de 2020. “La pandemia lo trastocó todo. A mí me alargó la lucha por culminar mi etapa en la selección… Igual que a otras, que no iban a estar en 2020, les ha abierto la posibilidad de llegar a 2021. Pero esto sigue siendo lo de siempre, adaptación y resistencia, ahora más que nunca. Ese es el lema”, razona Palau. “Hay que arrancar otra vez, pero conocemos el camino. En el Europeo tendremos que recuperar esas sensaciones competitivas, volver a creer y sacar chapa. Ojalá se mantenga la magia y la racha”, suma Mondelo. La situación de disputar un Europeo y unos Juegos en el mismo verano no ha sucedido nunca, pero la selección ha recurrido a circunstancias parecidas como la del 2016, en la que disputaron el preolímpico en junio y después los Juegos de Río, para diseñar el plan. “Con esa experiencia hemos decidido que el bloque que compita en el Europeo sea el mismo que dispute los Juegos, salvo lesiones o contratiempos”, confirma Mondelo antes de detallar el proyecto. “Va a ser el más difícil todavía”, lanza el seleccionador.

Su pizarra es al tiempo un mapa y un excel. “Iremos al Europeo con un bloque de 12+2. Con dos jugadoras que trabajarán con el grupo hasta el final, para estar preparadas ante cualquier contingencia. De esa manera, si hay algún cambio de cara a los Juegos, la que se incorpore estará en dinámica y al tanto de la táctica. Después del Europeo daremos seis días de descanso y luego haremos una concentración ligera, de un entrenamiento al día con muchos partiditos, para recuperar el ritmo, con el trabajo táctico ya hecho. Es fundamental cuidar con mimo el desgaste físico y, sobre todo, el mental. La idea es jugar un torneo amistoso en China para pasar allí el jet lag antes de llegar a Tokio”, completa el seleccionador. “No sabremos nunca si nuestro equipo hubiera estado mejor el verano pasado que el próximo. Ya no hay que hacer elucubraciones. Si seguimos ganando medallas seguiremos haciendo historia. Esa es la única cuenta”, cierra Palau.

Estadísticas del partido amistoso en La Fonteta

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