Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Laura Nicholls, la soldado imprescindible

La pívot cántabra, la jugadora con más minutos en pista en el pasado Mundial y en el presente Eurobasket, es la gran baza de España en el choque de cuartos frente a la Rusia de Vadeeva

españa eurobaket femenino
Laura Nicholls, en un entrenamiento con la selección feb

El 23 de septiembre de 2001, la selección femenina de baloncesto logró ante Lituania en Le Mans la segunda medalla de su historia, un bronce que inauguraba una edad de oro. El equipo de Nieves Anula, Betty Cebrián, Marina Ferragut, Rosi Sánchez, Ingrid Pons, Elisa Aguilar… no lo sabía, pero acababa de poner la primera piedra de una secuencia memorable. Desde entonces, España ha subido al podio en ocho de los nueve Europeos disputados este siglo (cinco bronces, una plata y dos oros). Esta tarde, en el Stark Arena de Belgrado (15.00, Teledeporte), el conjunto de Lucas Mondelo busca cruzar de nuevo el Rubicón para mantener vigente su triple reto: obtener plaza en el Preolímpico para Tokio 2020 (lo consiguen los seis primeros), lograr la séptima medalla consecutiva en grandes torneos desde 2013 y revalidar el oro por primera vez desde que en 1991 cesara el dominio absolutista de la URSS tras 17 títulos seguidos. La Rusia de Maria Vadeeva (17 puntos, nueve rebotes y 20,3 de valoración media) será el muro a superar en el día D del campeonato, el cruce de cuartos.

España aparecía tercera en el ranking de favoritas elaborado por FIBA antes del torneo, por detrás de Bélgica y Francia, que se medirán en duelo directo por el otro lado del cuadro. Sin embargo, la pujanza de Rusia, que alternó la plata y el oro entre 2001 y 2011 pero lleva tres torneos fuera de la élite, volverá a colocar a la selección de Mondelo al límite de la exigencia en el primer choque a cara o cruz. “Físicamente, Rusia es bastante superior a nosotras. Tienen buenas tiradoras y generan mucho juego por dentro, porque ahí tienen a Vadeeva, que es una de las grandes estrellas del campeonato. Nos va a costar pararla. Tendremos que alternar la presión, la zona… La dificultad es máxima”, analiza el seleccionador antes de revelar su gran baza para contener a la pívot rusa del Ekaterimburgo, de 20 años y 1,90m. “Que no se resfríe Niky. Es la mejor defensora de Europa en la pintura”, confiesa Mondelo.

Esa Niky no es otra que Laura Nicholls. En un grupo en el que todas prefieren sentirse útiles antes que importantes, ella es la imprescindible como corroboran los datos. Nicholls fue la jugadora de todas las selecciones que más minutos disputó en el pasado Mundial de Tenerife (213 repartidos en siete partidos, a una media de 30,5 en pista) y, con la eliminación de la Ucrania de Iagupova, ya es también la que más tiempo acumula en el presente Eurobasket (102 minutos a una media de 34,5 por partido). “No sabía el dato y me quedo sorprendida. Ahora entiendo porque me duele tanto todo el cuerpo”, cuenta entre bromas y veras la pívot santanderina de 1,90m y 30 años. “Es el pilar del equipo, la que da equilibrio y tranquilidad a Astou [Ndour], la que nos permite agarrarnos a los partidos en los momentos complicados”, recalca el seleccionador.

Nicholls no ha faltado a ningún campeonato con la selección desde su debut en 2008, con 19 años, en el Preolímpico rumbo a los Juegos de Pekín, suma nueve medallas en 11 torneos y ya es novena en el ranking de internacionalidades, con 190 partidos en un currículo infatigable. “Hay dos depósitos, la energía física y las ganas. Cuando llegan los grandes torneos y los duelos a vida o muerte al cuerpo no se le escucha. El objetivo es ganar, ganar y ganar. Ya está. Llevo muchos años y muchos tiros pegados y, aunque falte algo de frescura, sabes jugar incluso cansada. Eso es la veteranía y la experiencia, no dejar de luchar y competir incluso cuando flaquean las fuerzas”, confiesa con ambición y resiliencia. “No me paro a pensar si un pilar o no del equipo. No pienso ni en el nombre ni en el número que llevo en la camiseta. Yo tengo un trabajo que es salir y cumplir, esté cinco minutos o 45 si hace falta”, resume en su ideario casi marcial.

La conexión Nicholls-Ndour es la base de la selección española en lo que va de campeonato (entre ambas suman 35,7 de los 83,7 créditos de valoración conjunta del equipo). “Cuando coincidí con Sancho [Lyttle] se notaba que ella era la mayor; ahora me toca a mí ese papel con Astou. Voy donde no va ella, la dejo la libertad que necesita para su juego, intento ayudarla en defensa y abrirla huecos en ataque”, desarrolla Nicholls. “Me adapto a ella. Hay que saber leerla, dejarla hacer y no encasillarla en ningún momento. Tiene cosas que ninguna otra jugadora puede darnos”, refrenda una de las veteranas del grupo. Tras el amago de retirada de Laia Palau, después de alzar el título europeo en 2017, Nicholls heredó durante unos meses el brazalete hasta el regreso de la capitana para el Mundial de Tenerife.

Conseguido el bronce como anfitrionas, la pívot cántabra disputó las siguientes ventanas FIBA con España a pesar de estar sin equipo por elección propia. Con ocho clubes en 11 años de carrera, su gran equipo siempre fue la selección. “Necesitaba coger aire y recuperar fuerzas”, explicó entonces. Aguantó poco, en enero se enroló en el Nadezhda ruso con tiempo para ser campeona de la Eurocup, su cuarta experiencia en el extranjero tras pasar por Turquía, Polonia e Italia. Su fotografía encarándose con la estadounidense Brittney Griner en la final del Mundial de 2104 es una de las imágenes icónicas del carácter de un grupo de leyenda que pelea en Belgrado por alargar su leyenda. “Todavía no hemos dado nuestro mejor baloncesto, pero hemos sabido encontrar soluciones. Las rivales ya nos conocen muchísimo y saben negarnos nuestros puntos fuertes, pero tenemos margen de mejora y, sobre todo, sabemos que somos capaces”, cierra Nicholls, la soldado imprescindible frente al ejército de Vadeeva.

Puedes seguir Deportes de EL PAÍS en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >

Más información