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San Lorenzo vuelve a la tierra prometida con el estadio papa Francisco

El equipo de fútbol argentino recupera los terrenos de Buenos Aires que debió entregar a la dictadura y reconstruirá una cancha para 45.000 espectadores

Decenas de miles de simpatizantes de San Lorenzo marchan en Buenos Aires hacia el predio donde hasta 1979 estuvo el estadio del club.
Decenas de miles de simpatizantes de San Lorenzo marchan en Buenos Aires hacia el predio donde hasta 1979 estuvo el estadio del club. AFP

Nunca desconfíes de un hincha de fútbol, y menos del argentino, porque son capaces de gambetear hasta las utopías. En la recuperación de un lugar que Buenos Aires nunca debió haber perdido, San Lorenzo reconquistó este lunes las tierras en las que levantó su primer gran estadio, El Gasómetro, en el que jugó como local entre 1916 y 1979, cuando debió entregarlos por presión de la dictadura militar. Decenas de miles de hinchas, entre ellos una mayoría de jóvenes que nunca saltaron sobre el viejo templo de madera, participaron de una vigilia que comenzó el domingo por la tarde y explotó en el primer minuto del día en que uno de los cinco clubes grandes de Argentina, apodado el Santo, volvió a lo que justamente denomina Tierra Santa, el barrio de Boedo, histórica zona de tango y fútbol en el centro geográfico de la capital.

Fue un festejo a tono con la importancia social y deportiva que el estadio había tenido hasta su demolición, en 1984, antes de que se levantara allí un hipermercado. Roberto Arlt, considerado el primer gran escritor moderno de Argentina, a quien Julio Cortázar consideraba su maestro, escribió en el Gasómetro una de sus clásicas aguafuertes porteñas, la cobertura de la final de la Copa América que Argentina le ganó a Uruguay en 1929. En medio de los fuegos artificiales que iluminaban la gélida medianoche, las autoridades e hinchas de San Lorenzo coincidieron en que el regreso a Boedo trasciende cualquier triunfo deportivo.

“Es el lugar al que venían nuestros padres”, dijo el presidente, Matías Lammens, de 39 años, que por su edad no alcanzó a conocer “el Wembley porteño”. Como un equipo es una excelente excusa para unir generaciones familiares, uno de los vicepresidentes agregó en ese sentido: “Es la historia de desarraigo y vuelta a casa. Te echan, te vas, pero un día volvés. Matías no vio al Gasómetro con su padre y yo no lo vi con mi hijo”, señaló Marcelo Tinelli, 59 años. “Es el momento más importante”, añadió el actor estadounidense Viggo Mortensen, uno de los hinchas de San Lorenzo más famosos -vivió parte de su infancia en Buenos Aires-. La otra celebridad “santa” es justamente el papa de la iglesia católica, cuyo nombre llevará el nuevo estadio: Papa Francisco.

El regreso a Boedo parece confirmar que en Argentina se puede cambiar de familia, religión, partido político y sexo, pero no de equipo ni tampoco de estadio. San Lorenzo juega como local desde 1994 en su actual escenario, el Nuevo Gasómetro, uno de los más modernos de Argentina, construido a menos de tres kilómetros de su desaparecida cancha, y sin embargo para sus hinchas es como si se tratara de otra ciudad, casi de otro país.

En la capital del mundo con más estadios, 18 -sólo en Capital Federal, pero sumados a los del conurbano totalizan 66-, muchos hinchas de San Lorenzo no ven la hora de dejar su estadio del Bajo Flores, ubicado enfrente de uno de los barrios más vulnerables de la capital, la villa de emergencia 1-11-14. Para ellos es tan importante su equipo como Boedo, la Tierra Santa en la que vive la mayoría de sus aficionados, y partido a partido cantan: “Ya hicimos dos canchas vamo’ a hacer tres, vamo’ a volver, al barrio que a San Lorenzo lo vio nacer”.

Ley de Restitución Histórica

La cruzada para volver al barrio original incluyó una lucha de varios años y movilizaciones de decenas de miles de personas en la Plaza de Mayo, el lugar de los grandes reclamos por justicia en Argentina. En 2012 la Legislatura porteña aprobó una ley de Restitución Histórica para que el club pudiera negociar la compra del terreno con el supermercado. Desde entonces comenzó a pagar con el aporte económico de sus socios y este lunes cumplió su viejo sueño: San Lorenzo volvió a ser de Boedo.

Aun en un ecosistema tan receloso como el fútbol argentino, en el que la frontera entre rivales y enemigos suele ser difusa, el regreso a Boedo fue festejado por el resto de los equipos. “A nuestros amigos, compañeros de escuela, primos, vecinos, rivales del clásico de barrio más grande del mundo... ¡Felicitaciones!”, escribió la cuenta de Twitter de Huracán, el tradicional rival de San Lorenzo. Independiente se sumó: “Las causas nobles trascienden los colores”. Y Argentinos Juniors, otro de los clubes que dejó de jugar en su cancha durante varios años, se sumó con empatía: “Porque sabemos lo que es estar lejos de casa, y lo hermoso que es volver, felicitamos a San Lorenzo por su vuelta a casa”.

Ahora comenzará la pulseada por la utopía final: la construcción del estadio para 45.000 espectadores en el lugar en el que hasta las últimas semanas funcionó un supermercado. Si financiar una cancha en la actual crisis económica de Argentina parece una misión casi imposible -San Lorenzo necesitará no menos de 100 millones de dólares-, el club deberá conseguir, además, un permiso político y judicial que tampoco le será fácil: muchos vecinos del barrio ya adelantaron que se opondrán a una rezonificación de la zona que, dicen, les reducirá el valor de su propiedad.

Otra vez los hinchas deberán demostrar que para ellos no hay imposibles. O esperar un milagro.

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