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Jordi Alba no se discute

El lateral, al igual que en el Barça de Messi, también confirma en la Roja su importancia en el juego ofensivo y el posible potencial de su sociedad con Asensio

Jordi Alba, durante el España-Noruega disputado el pasado sábado en Mestalla.
Jordi Alba, durante el España-Noruega disputado el pasado sábado en Mestalla. ©GTRES

Borrado de las dos primeras convocatorias de Luis Enrique, el ruido que generaba la ausencia de Jordi Alba (Hospitalet, 30 años) ha desaparecido. La normalidad ha terminado por imponerse en una demarcación que el azulgrana defiende como uno de sus mejores intérpretes. Hay pocos laterales tan dominantes y tan trascendentes en el juego en el panorama internacional. Nada como su ensamblaje casi ciego con Messi para determinar la madurez y la inteligencia alcanzadas por Alba, que cumplió la treintena el pasado jueves. Que se haya convertido en el mejor socio del argentino en el Barcelona delata que ambos descifran e intuyen a la vez las jugadas con las que hacer daño al rival. Para montar una sociedad con Messi, la exigencia en la velocidad de pensamiento y ejecución es máxima. Argentina y el propio Messi bien lo saben. Lo que sucedió en el Metropolitano el viernes reafirmó que La Pulga necesita a su lado jugadores que puedan acompañar su talento y su lectura del juego. La reciente renovación de Alba por el Barça hasta 2024 tiene como principal aval su sociedad con el astro argentino.

Incluido ya por el seleccionador en su tercera convocatoria, en esta cuarta Alba confirmó el sábado en Mestalla la misma condición de insustituible de la que goza en su club. Las estadísticas del encuentro reflejaron que generó cinco ocasiones de gol y que salió ganador del 88% de los duelos que disputó. Su partido fue muy intenso tanto para percutir por su costado como para tapar muy arriba la salida de los noruegos.

 

Solución en las bandas

La explicación oficial de Luis Enrique a sus dos primeras ausencias fue que quería ver a otros jugadores. Marcos Alonso y Gayá fueron los elegidos en las dos primeras elecciones. A la tercera ya entró Alba y con su decisión el seleccionador fulminó el gran punto de discordia que habían generado sus anteriores citaciones. Su regreso no fue provocado por la ausencia de competencia en el puesto. Su vuelta se dio porque era palmario que no hay otro como él en el fútbol español y porque Marcos Alonso se despistó más de la cuenta en la derrota de España ante Inglaterra (2-3). Los tres goles llegaron por la banda del defensor del Chelsea.

Para esta ventana de selecciones, Luis Enrique tenía la firme convicción de que la solución para abrir los partidos ante Noruega y Malta (este martes, 20. 45, TVE-1) estaría en las bandas. El seleccionador pobló esta última lista de convocados con dos laterales derechos (Sergi Roberto y Jesús Navas) y tres izquierdos (Jordi Alba, Gayá y Bernat). Todos ellos de un marcado carácter ofensivo. Prescindió de otros de corte más defensivo, como Azpilicueta, que había sido llamado en todas las anteriores, por una cuestión de necesidad.

El quinteto de laterales citados por Luis Enrique tiene un punto en común: fueron reconvertidos en distintos momentos de su carrera desde posiciones más avanzadas y todos gozan de buen pie para el pase al área. La conclusión del cuerpo técnico fue que ante noruegos y malteses se necesitarían ese tipo de laterales. España tenía que ser ancha para poder ser profunda, pero también precisa en los centros. Al término del encuentro con Noruega, Luis Enrique elogió la profundidad y la calidad de los centros de Navas y de Jordi Alba. “Han sido exquisitos”, dijo el seleccionador.

El contexto de partido que creó Luis Enrique ante Noruega propició el protagonismo de sus dos laterales. Incrustó a Busquets como tercer central para la salida del balón y abrió a Ramos a la derecha y a Íñigo Martínez a la izquierda para facilitar las primeras conexiones con ambos laterales. En realidad, Navas y Alba fueron más extremos que defensas, porque España ocupó el campo contrario y procuró que se jugará ahí casi todo el partido con una poderosa y eficaz presión tras pérdida.

De las botas del lateral azulgrana salió una rosca templada y medida para que Rodrigo Moreno abriera el marcador. Su fulgurante aparición para romper por sorpresa y acudir al pase al espacio de Asensio abrió el cerrojo noruego. Ahí se intuye otro nuevo socio interesante para Alba. Los movimientos del madridista por dentro para conectar con él también merecieron los aplausos del técnico. Asensio forma parte de su plan atacante de presente y de futuro. La pareja promete si el mallorquín termina de explotar.

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