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La escalada de Laia Sanz, de una doble infección vírica al 11º puesto del Dakar

La piloto catalana logra su segunda mejor clasificación en el Rally, después del noveno puesto de 2015, tras estar tres meses de baja

Laia Sanz, en el Rally Dakar 2019. Ampliar foto
Laia Sanz, en el Rally Dakar 2019. EFE

Hace menos de un mes Laia Sanz no sabía si surcaría las dunas del desierto de Ica. Un día se levantaba con el ánimo por los suelos y trataba de asimilar cómo sería renunciar a la carrera de su vida. Al día siguiente se veía con fuerzas para intentar, al menos, estar en el podio de salida en Lima. Apenas se estaba recuperando de una enfermedad que la había tenido tres meses de baja, prácticamente en la cama: una infección vírica y bacteriana que la obligó a abandonar el Rally de Marruecos, una de esas pruebas que sirve como tentempié del Dakar. Aquello fue a finales de septiembre. Primero le diagnosticaron mononucleosis, luego observaron que también había contraído la fiebre Q, y para rematar sufrió una neuropatía. Nada parecía estar bien. Tres meses después, hacía las maletas para plantarse en Perú. Es dura y ambiciosa. Tenía que probarlo.

Y no solo formó con todos los honores en el podio de salida en Lima, el pasado 6 de enero. Sino que ha conseguido volver a la capital peruana montada en su KTM, entera y feliz. Con una 11ª posición en la general que parecía impensable cuando arrancó la carrera. Es su segunda mejor posición en el Dakar, después de aquel noveno puesto que logró en el 2015, la mejor clasificación absoluta de una mujer en el Rally. No se esperaba menos de ella. De todos los pilotos participantes de esta 41ª edición, Sanz era la única que había completado el Dakar desde su primera participación en el año 2011, es decir en ocho ediciones de manera consecutiva. Y este 2019 la historia continua.

“Estoy muy feliz con este resultado. No hubiera pensado nunca acabar así llegando como he llegado a la carrera. He sufrido mucho para estar aquí. Si hace un mes me dices que hago la 11, no me lo creo”, concedía al terminar la prueba

Su romance con el Rally sigue, además, los derroteros de una historia de amor llena de percances. Esta vez, sin embargo, su conocimiento de la carrera, su autoimpuesta paciencia, y su buena muñeca le han permitido ir avanzando firme, paso a paso, en la competición. Los primeros días le fallaban las fuerzas, así que cuando en la cuarta etapa terminó en el 20º puesto, se sintió feliz. Esa regularidad que a menudo la caracteriza le daba la posibilidad de ir escalando posiciones en la tabla. Mientras otros fallaban, ella sumaba un día más. Pese a las averías y las dificultades para encontrar tal o cual punto de paso, que de eso siempre hay en el Dakar. Terminó 15ª la sexta etapa y poco a poco escaló a la 12ª posición.

El remate final lo dio este miércoles: 12ª en la etapa, a solo 12 minutos del ganador, Metge (Scherco). Aquello le hacía ganar una posición más: 11ª. “Creo que lo digo cada día, pero estoy muy sorprendida de haber llegado hasta aquí tan bien”, decía este miércoles. Al día siguiente solo tuvo que seguir como siempre: rápida y segura, pendiente de Kevin Benavides (Honda), que le seguía de cerca. Tuvo un susto: se torció el pie y pensó que se había hecho mucho daño, demasiado para conservar su plaza. Pero se lo tomó con calma y la salvó. El argentino tuvo otro susto, una caída tremenda cuando iba a toda velocidad, pero también se repuso. Le recortó 12 minutos a Sanz, pero no fue suficiente. “Es increíble acabar en esta posición después de todo”, decía la piloto a su regreso a Perú.

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