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La mayor igualdad en 500 años

Aunque Carlsen o Caruana ganen la última partida, no hay duelos con un porcentaje de empates tan alto

El francés Stéphane Escafre, árbitro principal, pone el reloj en marcha el sábado para la 11ª partida ante Serguéi Kariakin, encargado del saque de honor Ampliar foto
El francés Stéphane Escafre, árbitro principal, pone el reloj en marcha el sábado para la 11ª partida ante Serguéi Kariakin, encargado del saque de honor

Cuando, hacia 1475, unos ingeniosos españoles (probablemente valencianos) convirtieron el ajedrez arábigo en un juego mucho más dinámico, el resultado de tablas era el menos frecuente. Incluso en 1866, el Mundial oficioso Steinitz-Anderssen terminó sin empates (8-6). Los once consecutivos de Magnus Carlsen y Fabiano Caruana en el Mundial de Londres, cuya 12ª y última partida se juega este lunes (salvo desempate el miércoles) superan todos los porcentajes de la historia.

Como si los 22 futbolistas que inician un partido fueran delanteros natos. Así se jugaba al ajedrez desde finales del siglo XV hasta mediados del XIX. Entre las partidas de competición más antiguas que se conservan están las del clérigo español Ruy López de Segura, cercano a Felipe II, reconocido como el primer campeón del mundo oficioso en la segunda mitad del XVI. El único objetivo durante casi 400 años fue el jaque mate, al precio que fuera, lo que producía bellísimos ataques suicidas cuya reproducción aún emociona hoy a los aficionados. Pero el estilo del primer campeón del mundo oficial, el austriaco Wilhem Steinitz (1836-1900) ya reflejaba sólidos fundamentos defensivos. Además, y sobre todo por la influencia del gran patriarca del ajedrez soviético, Mijaíl Botvínik(1911-1995), los jugadores de élite mejoraron mucho su capacidad de cálculo preciso, el entrenamiento sistemático y la resistencia física.

Desde mediados del XX, la etiqueta “estilo romántico” se aplica como un gran elogio a quienes logran brillar con un juego de alto riesgo y ataque a ultranza frente a grandes defensores. Por eso, no pocos consideran que Mijaíl Tal (1936-1992) habría sido el campeón más grande de todos los tiempos (aunque solo reinó un año, en 1960) sin sus graves problemas de salud; y este periódico bautizó como El Leonardo da Vinci del ajedrez al hispano-letón Alexéi Shírov, subcampeón del mundo en 2000. Hoy, debido a que la técnica defensiva ha mejorado todavía mucho más por el entrenamiento con computadoras, ese tipo de creadores son una especie en extinción.

La extrema igualdad entre Carlsen y Caruana recuerda a la de Anatoli Kárpov y Gari Kaspárov entre 1984 y 1990 (en su primer e interminable duelo -48 partidas en cinco meses- se firmaron dos series de 17 y 14 tablas, respectivamente). Y se ve en la lista mundial, donde solo les separan tres puntos, una minucia: si el estadounidense gana la 12ª partida, también desbancará al noruego como número uno. Aunque no haya desempate rápido el miércoles, su porcentaje de tablas sería del 91%, superior al 86,66% del duelo Kaspárov-Krámnik (Londres 2000; 13 empates y dos victorias de Krámnik) y al 83,33% de Anand-Guélfand (Moscú 2010) y Carlsen-Kariakin (Nueva York 2016); en ambos casos, solo dos partidas de doce tuvieron ganador. La conexión de esos datos con la influencia de la informática es evidente: la victoria del programa Deep Blue, de IBM, sobre Kaspárov, que marca la superioridad de los jugadores inhumanos, se produjo en 1997.

Carlsen y Kariakin durante una de las partidas del Mundial de 2016 en Nueva York ampliar foto
Carlsen y Kariakin durante una de las partidas del Mundial de 2016 en Nueva York

Ya hay reacciones y propuestas para que el empate desaparezca del ajedrez, basadas en que la victoria y la belleza son hijas del error; y a menos tiempo de reflexión, más errores. A la idea del octacampeón de España Miguel Illescas, que propone partidas rápidas con los colores cambiados y el tiempo restante en el reloj tras cada empate hasta que haya un ganador, se suma ahora una más radical: en el próximo Norway Chess (torneo clásico noruego), a cada acuerdo de tablas le seguirá una muerte súbita: cinco minutos para las blancas, obligadas a ganar, y cuatro para las negras.

Pero hay un amplio sector muy conservador de los aficionados y profesionales que rechazan esos cambios, cuyos argumentos (con respecto al Mundial Carlsen-Caruana) se sintetizan en estas frases de uno de ellos, Olimpiu Urcan, muy activo en Twitter: “Esto es exactamente lo que debe ser un duelo entre los dos mejores del planeta en esta época de precisión. Ideas sutiles en la apertura, ventajas minúsculas, ningún error grave, exquisita técnica defensiva, marcador igualado, yudo mental con guerra de nervios”. Todo eso es cierto (excepto que Carlsen cometió el grave error de no ver el golpe ganador 34 …De5 en el primer asalto) pero quienes así piensan olvidan que atraer a nuevos aficionados con este tipo de ajedrez roza lo imposible.

“Nada hay de malo en un empate. Es uno de los tres resultados posibles”, claman los más ortodoxos. El problema es la peligrosa tendencia a que se convierta en el único.

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