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El exbeisbolista Esteban Loaiza se declara culpable de narcotráfico

El ex lanzador de los Yankees y Dodgers ha admitido los cargos de narcotráfico que se le imputaban desde febrero

Loaiza, durante un partido en 2006.
Loaiza, durante un partido en 2006. Getty

Culpable. Así se ha declarado Esteban Loaiza (Tijuana, 1971), uno de los grandes beisbolistas mexicanos, sobre los cargos por tráfico de drogas. En una audiencia de la corte de California (EE UU) ha admitido que trasladaba drogas, como el día en el que le detuvieron con 20 kilogramos de cocaína mientras conducía uno de sus autos de lujo por la zona de Imperial Beach. 

Loaiza fue detenido el pasado 12 de febrero. La Policía le arrestó para revisar su Mercedes Benz en el que descubrieron un compartimento secreto, utilizado por los narcotraficantes. El Equipo de Erradicación de Crímenes Fronterizos logró registrar la residencia del deportista. Ahí encontraron 20 kilos de cocaína, valorados en 500.000 dólares. Los cargos que se le imputan son posesión, transporte y venta de narcóticos. La jueza le advirtió de que podría ser deportado a México una vez cumplida su sentencia. 

Anteriormente, Esteban Loaiza se había declarado no culpable y su defensa logró la libertad condicional al pagar una fianza de 200.000 dólares con el impedimento de no poder abandonar la ciudad, la retirada de su pasaporte y la obligación de portar un brazalete con un GPS, hasta su declaración final. Tiene programada la audiencia en la que se emitirá sentencia el próximo 2 de noviembre en una corte federal de San Diego. Loaiza se enfrenta a una pena que va desde los 10 años de cárcel hasta la cadena perpetua.

La trayectoria de Loaiza en el béisbol profesional era una de las más sólidas en la Major League Baseball (MLB). Jugó en nueve equipos de la Liga durante 10 años. Fue contratado por dos de los grandes clubes: los Yankees de Nueva York y los Dodgers de Los Ángeles. Logró 126 victorias y se quedó a  47 del icónico Fernando Valenzuela. Sus mejores memorias las firmó en las Medias Blancas de Chicago. Este joven, que creció entre las calles de Tijuana, al norte de México, y San Diego, se consolidó como uno de los grandes lanzadores de su país. En los últimos meses su imagen ha dejado de lado las gorras y los bates para mostrarlo con sus manos esposadas y el uniforme de procesado. 

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