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Dovizioso y su maravillosa pachorra en Brno

Ducati exhibe la evolución de su GP18 con victoria del italiano y un segundo puesto de Lorenzo, agresivo hasta la última curva. Márquez termina tercero

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Márquez, Dovizioso y Lorenzo, de izquierda a derecha, en los últimos instantes de la prueba. REUTERS

Dice que tiene la sangre fría. La capacidad de no perder los papeles. De tomar decisiones en los momentos difíciles. También, de salir airoso de las carreras más complejas, esas que se ganan con el coco y la muñeca, la que manda a la salida de las curvas. Por eso, Andrea Dovizioso suma (casi) siempre. El salto definitivo lo dio el año pasado, cuando además de sumar, de estar, de intentarlo, de subir al podio, empezó a ganar. Y ganó como nunca: seis victorias, las mismas que el campeón, Marc Márquez. Empezó esta temporada con otro triunfo. En Qatar. La Ducati era cada día un poco mejor. Y no parecía haber nadie como él para llevarla primero a la meta.

Ahora sabemos que son dos los pilotos que pueden sacarle todo el jugo a esta máquina, mucho mejor que la del año pasado, por otro lado. Porque Jorge Lorenzo, además de ganar, por fin (lo hizo en Mugello y Montmeló), ha conseguido que la Desmosedici tome las curvas con cierta normalidad. Y todos se han aprovechado de ello. Después de que las motos rojas dominaran la carrera en Mugello, Ducati suma en Brno otro doblete. Esta vez, sin embargo, se impuso Dovizioso. Con toda su maravillosa pachorra.

La victoria de ayer en Brno, donde ha ganado una Honda seis veces en los últimos siete años, se la trabajó desde el viernes. Tanto que el sábado sorprendió con la pole position, un premio a la explosividad, a la perfección en una vuelta rápida, al que no está acostumbrado: su última pole data de 2016. Desde esa primera posición de la parrilla, el de Forli salió convencido a defender su estrategia: planificar, resistir, guardar fuerzas y neumático, y atacar. Defendió su posición en las primeras curvas. Y fue él quien dirigió el cotarro desde la primera vuelta. Marcó un ritmo lento en cabeza. Pero nadie se le resistía. Ninguno quería tomar el mando, apretar más de la cuenta, estresar las gomas. Porque 5,4km son muchos. Incluso cuando el sol te da una tregua y la temperatura baja por primera vez en todo el fin de semana de los 30º.

Así, aguantó paciente en la primera posición. Tan paciente que su ritmo cayó demasiado como para evitar ser relegado en la cabeza. Rossi, a su rueda desde el inicio, se puso enfrente durante un rato, el que le aguantó su neumático delantero, el único blando en cabeza. Y el que Dovizioso quiso. Cambió el ritmo a mitad de la prueba. También Márquez. Los dos adelantaron al de Yamaha en la misma vuelta, la 11 (de 21). Por detrás, se las tenían Crutchlow y Lorenzo, que acabarían también por dejar al 46 fuera de la pelea demasiado pronto después de que Yamaha ya hubiera visto rodar por los suelos a Viñales en la primera vuelta.

Dovizioso y Lorenzo celebran el triunfo. ampliar foto
Dovizioso y Lorenzo celebran el triunfo. EFE

La prueba cambió definitivamente a falta de cinco giros para el final. Cuando Lorenzo adelantó a Crutchlow y el grupo por el podio se redujo a tres. Tres pilotos, a cuchillo por el primer puesto.

Y por primera vez en mucho tiempo ganaron las Ducati en la República Checa. La casa italiana no ha tenido que esperar a llegar a Austria para dominar un domingo. Ya no vive a expensas de las largas rectas, ya no se lo juega todo a la potencia de su Desmosedici. Excelente en aceleración, el punto débil en el que más trabajó la casa de Bolonia el año pasado, toda vez que supo que no podría aprovechar ese extra en aerodinámica que le daban las alas, la GP18 fluye tan bien en circuitos como el de Qatar, ancho, fabuloso para los motores más potentes, como en trazados como el de Brno, un clásico, repleto de cambios de dirección. Ha mejorado el paso por curva. Y responde fabulosamente en las frenadas. Ahí donde se ganan las posiciones.

Y de entre las Ducati, ganó Dovizioso, frío, eficiente, en la defensa de su posición. Vencedor, a pesar de que Lorenzo lo intentó todo. Como cuando, a falta de tres vueltas, probó con un adelantamiento doble en esa última chicane que da entrada a la recta de meta. Primero a Márquez, luego a Dovizioso. Pero no acabó de cerrar el último viraje. Y por mucho que lo intentó un buen puñado de veces más en dos giros finales majestuosos, no lo logró. Le puso tanto empeño que, en su lucha por buscarle los huecos que no existían a Dovizioso, se le acercó tanto Márquez que hasta puso en peligro la segunda plaza. Fue en otro de los cambios de dirección, el de las curvas tres y cuatro, donde pilló el 93 al mallorquín. O eso creía. En la cinco, Lorenzo le devolvió la jugada. Con su compañero de equipo ya no pudo hacer lo mismo. Ni a golpe de vuelta rápida en el último giro.

Rossi: “Viñales esperaba llegar a Yamaha y ganar el Mundial”

“Es una lástima estar en este momento bueno de forma, trabajar bien con el equipo y darte cuenta de que la moto va más lenta que las otras. No nos falta tanto, pero falta un poco constantemente”. Así es como Valentino Rossi resumía su carrera en Brno. O su temporada, más bien. Porque no gana desde hace más de un año. Tampoco Viñales —ayer le tocaron y no acabó ni la primera vuelta—, que además protagonizó este sábado un desencuentro con su jefe de mecánicos y parte de su equipo. “Viñales es un gran piloto, pero se ha encontrado una situación que no esperaba. Esperaba llegar a Yamaha y ganar el Mundial, ganar carreras con una moto muy competitiva. En lugar de eso se ha encontrado una moto menos competitiva que la Honda y que la Ducati”, concedía Rossi. Viñales, por su parte, asegura que ya no piensa en el campeonato, solo en intentar recuperar las sensaciones que llegó a tener con su moto a principios del curso pasado, cuando ganó las dos primeras carreras consecutivas.

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