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Viñales provoca un cisma en su equipo

Yamaha ha comunicado a su jefe de mecánicos que no seguirá en la estructura el año próximo a petición del piloto, que no le ha dicho “ni una palabra” al respecto

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Maverick Viñales atiende a la prensa en Brno. AFP

Al terminar el tercer entrenamiento libre del gran premio de la República Checa con el undécimo mejor tiempo, un mal resultado, Maverick Viñales, regresó al box, como siempre. Se bajó de su Yamaha y aplaudió. Fue un aplauso corto. Que se entendió como un desprecio a su equipo, cuyas relaciones con el piloto hace ya tiempo que penden de un hilo. Especialmente, desde que, hace unos meses, tras una mala carrera en Jerez, empezó a deslizar duras críticas. A diestro y siniestro. Un día declaraba que era difícil saber si Yamaha estaba dando el 100%, otro que creía necesario hacer cambios en su equipo. No especificaba, no atendía a más preguntas que las necesarias. Pero sus mecánicos se han sentido señalados desde entonces.

Al finalizar la sesión de clasificación en Brno, el piloto de Roses ofrecía su versión, por mucho que el equipo de comunicación de Yamaha avisó a los medios de que solo respondería a preguntas que hicieran referencia a su actividad en pista. “Me aplaudía a mí mismo por no tomar las riendas y hacer lo que mi cabeza decía”. Que era una estrategia distinta, con dos gomas blandas para poder recortar esa décima que le separaba de los 10 mejores.

Lo cierto es que las relaciones están rotas en el box del 25. Y el equipo japonés trata de reconducir la situación para poder completar en paz la segunda parte de la temporada. Antes de atender a la prensa, Viñales tuvo una reunión con Lin Jarvis, director de Yamaha Motor Racing, en el despacho de este. En la puerta, esperaba su turno Ramon Forcada, su jefe técnico, con quien las distancias parecen ya insalvables. La comunicación entre las partes es inexistente. Así lo certificó él mismo en declaraciones a MovistarTV: “Como el piloto no nos ha dicho nunca absolutamente nada a nadie, no sabemos qué pasa”.

Los malos resultados de la casa japonesa, que no ha ganado una carrera desde el gran premio de Holanda del año pasado, han afectado a las relaciones personales. Especialmente, del lado derecho del garaje. Viñales, cuya última victoria se remonta a Le Mans, 2017, apenas ha subido al podio entres ocasiones este curso. Empieza mal las carreras y algunos domingos remonta y otros tiene que conformarse con ser sexto, séptimo u octavo. Su comportamiento hierático y los malos resultados, han terminado por abrir un cisma en el equipo.

Hace tiempo que su ingeniero de pista, Forcada, intuía que no seguirá a su lado el año próximo. Hasta que Yamaha se lo confirmó este fin de semana. “Pero el piloto no me ha dicho absolutamente nada, ni una sola palabra”, decía el mecánico en esa entrevista concedida a MovistarTV, curiosamente patrocinador principal del equipo hasta final de año. En lugar de Forcada, Viñales ha elegido, después de llamar a algunas otras puertas, a un viejo conocido para que ocupe su lugar: Esteban García, con quien ganó el campeonato de Moto3 hace unos años y que es actualmente técnico de Bradley Smith en KTM.

Las formas duelen a quienes siguen trabajando con Viñales cada fin de semana. No solo a Forcada, que, por otro lado, no será el único que cambie de camiseta el siguiente curso. También lo hará, por ejemplo, Javier Ullate, a quien también le han comunicado que no tiene sitio en el equipo. Los dos estuvieron con Jorge Lorenzo desde sus inicios con Yamaha. Y ganaron tres títulos juntos.

Pero la relación con su actual piloto no es buena desde hace tiempo. Hasta el punto de que este sábado, justo antes de la sesión de clasificación, Forcada insinuó no saber si la de Brno sería su última carrera en su puesto: “No sé qué ha pasado, hay que preguntarle a él, al piloto. Yo no he tenido ni una palabra por parte del piloto, ni una queja, ni un mal gesto, absolutamente nada. Al final aquí todos somos, o intentamos, ser profesionales, hacemos el trabajo igual que antes, para mí no hay ninguna diferencia. Y voy a intentar hacer la moto para ganar hasta la última carrera que esté con él, que no sé cuál será, porque tal y como están las cosas igual es esta, yo qué sé”.

Viñales terminó la clasificación en el 12º puesto, su peor resultado un sábado desde Qatar. Si bien, asegura que la situación que se vive en su box no afecta a su rendimiento: “Yo al final como piloto soy profesional, dejo todo a un lado e intento dar lo mejor de mí y de la moto, aunque creo que este fin de semana no está al 100%”. En 2012 un jovencísimo Maverick dejó plantado a su equipo de Moto3 en Malasia y cogió un avión de vuelta a casa porque, decía, la moto no estaba a la altura. Era su segundo curso en el Mundial. Había ganado cinco carreras y todavía aspiraba al título.

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