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Jorge Valdano: “Malvinas puso al fútbol en un lugar secundario”

El atacante de la selección argentina en España 82 y México 86 describe cómo es jugar un Mundial cuando tu país está en guerra

Jorge Valdano posa durante una entrevista en Madrid, en junio de 2016.
Jorge Valdano posa durante una entrevista en Madrid, en junio de 2016.

"Los que traicionan una orden son pícaros; los que traicionan una confianza, traidores". En los bares de Argentina existe la costumbre de ilustrar los sobres de azúcar con frases memorables. La anterior lleva la firma de Jorge Valdano (Las Parejas, 1955), una persona que ya ha endulzado cientos de cafés en discusiones interminables. Iniciado en la selección argentina de España 82, con César Menotti como entrenador, y consagrado con Carlos Bilardo en México 86, Valdano supo aprender de ambos y construir un perfil respetado. Un camino que alcanzó su cénit con el gol a Alemania en la final que le dio la segunda Copa del Mundo a Argentina y que continuó, entre otros clubes, en el Real Madrid, donde fue jugador, entrenador y director deportivo.

Pregunta: ¿Por qué a Argentina no pasó de la segunda fase en España 82, cuando venía de ser campeona?

Respuesta: No tengo una teoría que explique porque los mejores jugadores del 78 y algunos de los mejores del 86 no fueron capaces de hacer un mejor papel en el 82. Quizás otra vez convenga hablar de la importancia de la plenitud. Maradona era muy joven y [Mario] Kempes empezaba a decaer. Eso finalmente se convierte en un problema a la hora de competir. Además, había una gigantesca distracción que era la guerra de las Malvinas y que ponía al fútbol en un lugar secundario que, de alguna manera, interfería.

P: ¿Cómo se vivió Malvinas en la intimidad del plantel?

"Argentina no acaba de encontrar una estructura que sostenga al genio".

R: Cada uno tenía una sensibilidad distinta al respecto. Algunos jugadores tenían familiares en la guerra y lógicamente lo vivieron con una tremenda preocupación. Otros, y ahí me incluyo, con una indignación indisimulable hacia los militares. Otros con un ataque de patriotismo. Cada uno lo vivió a su manera y no hacíamos reuniones para tener una opinión común. Recuerdo que cuando subimos al avión un funcionario de la junta militar nos entregó un documento en donde teníamos instrucciones a la hora de hacer declaraciones con respecto a la guerra. Pero Menotti, que era el más inteligente de aquel grupo, fue muy claro y dijo que no había ningún documento que pudiera con el coraje de los hombres para decir lo que sienten. En esos momentos éramos portavoces universales de la causa y naturalmente había un deseo de usarnos.

P: ¿Cree que el fútbol sigue usándose para tapar otras cuestiones?

R: No hay demasiadas diferencias entre las dictaduras y las democracias para utilizar al fútbol. Todos sabemos cómo el gobierno militar utilizó el Mundial del 78, es más, aquel equipo que para mí practicaba un fútbol electrizante y de mucha calidad ha sido ninguneado en muchas ocasiones por esa sospecha que planea. El Gobierno militar hizo todo lo posible para capitalizar esa imagen. Pero cuando ganamos en el 86 recuerdo que [el presidente] Raúl Alfonsín renunció a salir al balcón de la Casa Rosada junto al plantel, lo que me pareció un gesto de grandeza.

P: ¿Qué fue lo primero que pensó cuando metió el gol de la final en México 86?

"A Messi se le están pidiendo cosas que hay que pedirle a un equipo y no a un solo hombre".

R: Lo primero que me pasó por la cabeza fue "esto no me está pasando a mí". Creo que la felicidad tiene algunos límites y ese episodio sobrepasó ese límite. No creía que fuera real. Cuando llegué al vestuario estaba sentado en el suelo, con un brazo agarrado al gringo [Ricardo] Giusti y con el otro al vasco [Julio] Olarticoechea. Los dos llorando y yo haciendo fuerza para llorar, aunque no lo logré. Tiempo después, cuando vivía en Madrid, mi hermano me mandaba casetes con canciones y mensajes desde Argentina. Una mañana me puse los walkmans, salí a correr por el Parque Norte y en medio de los mensajes me había grabado mi gol en el Mundial relatado por José María Muñoz. Recién en ese momento me puse a llorar como un niño. Me tuve que esconder en medio del parque para llorar.

P: ¿Cómo son las semanas previas a un Mundial?

R: Cada uno se centra en el objetivo de acuerdo con su personalidad. Antes del 86, por ejemplo, Maradona hizo una pretemporada con el profesor Dal Monte y Fernando Signorini [su preparador físico]. Yo preferí concentrarme en el Real Madrid. De hecho, fui el último en llegar a la concentración porque disputaba la Copa UEFA en Alemania. Ocurre que ahora las cosas han cambiado y los jugadores ya no pueden elegir. Tienen una competición que los obliga a jugar 60 partidos por año.

P: ¿Beneficia a Argentina que sus máximas figuras estén sin competencias oficiales?

R: Si yo fuera Messi empezaría ya mismo la pretemporada. Teniendo en cuenta que ya no va a jugar con el Barcelona partidos trascendentes, yo me concentraría en llegar al Mundial físicamente impecable. Hay muchas maneras de afrontar la competencia y también se puede hacer un trabajo exigente durante la semana y jugar partidos con una mayor sobrecarga a la espera de llegar de la mejor manera posible.

P: Alguna vez elogió al entrenador Juan Manuel Lillo, quien trabajó con Sampaoli. ¿También le gusta Sampaoli?

R: Efectivamente, sigo teniendo con Lillo una amistad y una admiración y supongo que si Sampaoli lo convocó para tenerlo en su cuerpo técnico en el Sevilla es porque tiene una clara sintonía ideológica. He seguido con interés el trabajo de Sampaoli cuando estuvo en España y me pareció interesante. Puede hacer un muy buen trabajo, aunque la situación no sea nada fácil. Venimos de un proceso muy inestable y el equipo no acaba de encontrar una estructura que sostenga al genio.

“No hay demasiadas diferencias entre las dictaduras y las democracias en el uso que hacen del futbol”

P: ¿Cómo ve a la selección argentina y a Messi en Rusia 2018?

R: A Messi se le están pidiendo cosas que hay que pedirle a un equipo y no a un solo hombre. Es el gran capitán de esta selección y ahora hay que encontrar un equipo que sea capaz de entender al genio. No siempre es fácil jugar con un genio y por eso es importantísimo que todo el mundo sepa como potenciar esa arma que distingue a la selección argentina. La competitividad de los jugadores argentinos se ve cada semana en cientos de casos individuales en todo el mundo, vamos a confiar en la raza y la genética argentina.

P: ¿Qué expectativas tiene para Mundial?

R: Expectativa me generan los que juegan bien. Una vez más España, que de una manera poco metódica alcanzó una definición del estilo que se ha convertido en ejemplo; espero cosas de Alemania, que encontró respuestas parecidas de una manera mucho más programada; espero cosas de Brasil porque Tite está haciendo un gran trabajo y le devolvió a la selección gran competitividad. Argentina está entre las favoritas y no olvidemos que esta generación nos hizo subcampeones del mundo.

P: ¿Que significa jugar un Mundial?

R: Todos sabemos que un Mundial es el momento culminante de la carrera de un jugador y uno, al jugarlo, se vuelve una bandera. Por un lado, es algo que te presiona y por otro algo que te enorgullece. Es un coctel de sentimientos que, si termina bien, te convierte en una persona feliz el resto de la vida.

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