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Un Nadal pletórico jugará la final del Conde de Godó

El balear supera a Goffin con contundencia y disputará la final del torneo con el griego Tsitsipras

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Nadal celebra su triunfo ante Goffin. AP

Los obstáculos van cayendo al paso de Rafael Nadal. Es un gladiador de las pistas, un luchador que va dejando huella en todos sus rivales y les convierte en objetos necesarios en su camino hacia el 11º título del Open Banc Sabadell (Conde de Godó). Su penúltimo paso lo saldó frente a David Goffin, el cuarto cabeza de serie, a quien superó también en dos mangas por 6-4, 6-0, en 1 hora 22 minutos, ampliando su récord de sets consecutivos en tierra hasta 44. En la final (16.00, La 1) se enfrentará al sorprendente Stafanos Tsitsipas, que cerró el camino de Pablo Carreño venciéndole por 7-5, 6-3.

En cada partido, Nadal va reencontrando su mejor juego y regresando al nivel que desarrolló en Montecarlo donde se coronó por 11ª vez. La victoria frente a Goffin, décimo jugador mundial, permitió a Nadal entrar en el restringido grupo de tenistas que han logrado 400 victorias en tierra batida. Solo tres lo habían logrado: Guillermo Vilas, Manuel Orantes y Thomas Muster. Otro record que sumar a su larguísima lista. Unas marcas que asustan a los rivales, que entran ya en la pista sabiendo que para tener opciones frente al mallorquín deberán sacar lo mejor de sí mismos.

Goffin lo intentó. Luchó con sus mejores armas en la manga inicial y con golpes profundos y precisos rompió el saque de Nadal en el juego inicial y mantuvo su ventaja en el siguiente, hasta que Nadal le arrebató el servicio en el cuarto juego. Después, una batalla sin cuartel, con los dos jugadores manteniendo su saque y jugando a las líneas. Hasta que llegó el momento decisivo. Con 5-4, el número uno del mundo se colocó con 15-40 y en su segundo set-ball ganó la manga.

El belga, de 27 años, acabó fundido. No era un problema de condición física, sino mental. Su cabeza se paró, porque se había vaciado y había perdido. Y en la segunda manga, la fortaleza física y psicológica de Nadal impuso su ley de una forma inexorable. Se situó con 5-0 cediendo solo cinco puntos. Y solo en el sexto encontró una resistencia férrea de Goffin que se negaba a aceptar lo inevitable, sufrir un 6-0. “Al final siempre es lo mismo”, comentó Nadal. “Por el camino se van perdiendo cosas y tengo que añadir otras a mi juego. He conseguido adaptarme a los nuevos tiempos, a la evolución del tenis, igual que algunos otros veteranos, y por eso sigo siendo competitivo. Si seguimos ahí es porque hemos tenido ilusión y hemos trabajado para mantenernos”.

La final será inédita. Nadal disputará el título por undécima vez, ante un jugador griego que ha causado sensación en el Godó. Stefanos Tsitsipas llegó al torneo siendo el 66º del mundo y esta semana sandrá colocado entre los 50 primeros. Su velocidad de piernas le permite flotar por la pista y alcanzar bolas imposibles para otros. Y su drive fluye con una facilidad notable dando una aceleración a la bola capaz de desbordar. Es un tenista muy completo. Y lo demostró de nuevo en semifinales frente a un Pablo Carreño, que atraviesa el mejor momento de su carrera.

El asturiano tuvo opciones en la primera manga, cuando recuperó el break en el noveno juego. Pero falto de convicción, la cedió por 7-5. En la segunda el griego rompió en el sexto juego y mantuvo la ventaja hasta el 6-4 final. Fue su forma de sellar el sueño que había confesado el viernes tras entrar en las semifinales. “Jugar contra Nadal sería el mejor día de mi vida”, dijo. Y hoy agregó: “La final será una lección gratis de tenis”. Nadal y Tsitsipas no se han enfrentado nunca.

“Será un partido difícil”, explicó Nadal. “Es muy joven (19 años) y muy bueno. Tiene temple, es agresivo. Tengo que jugar al ritmo de hoy. Salir con la mentalidad agresiva y atacar con el drive”, sentenció.

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