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La sombra de la duda gana terreno en McLaren

La poca velocidad exhibida por el coche lleva a los jefes del equipo a reconocer la dificultad del momento

gp china f1
Alonso, en Shanghái. AFP

Hay indicativos que no engañan ni siquiera en un ecosistema tan dado a la pillería como el Mundial de Fórmula 1. Este sábado, en Shanghái, Stoffel Vandoorne y Fernando Alonso trataron de echarse una mano mutuamente en distintas fases de la sesión cronometrada para colocarse lo más arriba posible en la parrilla de salida del Gran Premio de China este domingo (08.10, Movistar Formula 1). Para conseguir su objetivo, el uno tiró del otro pero ni con esas lograron clasificarse para la eliminatoria definitiva. El español se tuvo que conformar con el decimotercer mejor tiempo, justo por delante de su vecino de taller, muy lejos de la pole que se adjudicó Sebastian Vettel.

La tercera parada del calendario es un bueno momento para comenzar a ver en qué posición se encuentra cada uno, y en el caso de la escudería de Woking (Gran Bretaña), las sensaciones son peores que los resultados: el quinto puesto de Alonso en Australia, la cita inaugural, de alguna forma maquilló la poca pegada de un bólido que en Bahréin, la prueba posterior, dejó claros sus costurones y déficits a nivel de velocidad (Alonso concluyó el séptimo, a más de un minuto y medio del ganador). Esa flojera todavía quedó más en relieve en la sesión oficial en China, donde ni siquiera la táctica del rebufo les permitió mitigar sus problemas. Al menor rendimiento del motor Renault respecto del que ofrecen los de Ferrari y Mercedes hay que añadirle ahora el chasis, al menos en opinión de Éric Boullier, el director de la división de carreras de la compañía. Esta es la primera vez que uno de los máximos responsables de la estructura apunta directamente a un elemento del monoplaza que es exclusivamente responsabilidad de sus chicos y no de ningún suministrador.

“El coche está construido en base a unos objetivos, así que en función del rendimiento actual puede que el objetivo no fuera el acertado”, convino este sábado el ejecutivo francés. “Los pilotos están satisfechos con su balance, y aseguran que todos los cambios de puesta a punto que se le aplican ofrecen la respuesta esperada. Simplemente necesitamos hacerlo más rápido tanto en línea recta como en las curvas”, añadía Boullier, que proseguía con más interrogantes que certezas: “Tenemos que entender por qué somos lentos en condiciones de cronometrada y más rápidos en carrera, y por qué somos más lentos que el resto de los equipos que también emplean propulsores Renault”.

Esta última reflexión es, probablemente, la más preocupante que nadie de McLaren haya hecho desde que el pasado invierno el constructor decidió poner fin a su etapa de tres años con Honda, para aliarse con Renault, su nuevo proveedor de unidades de potencia. Los MCL33 fueron superados por los otros cuatro prototipos propulsados por el fabricante del rombo (Red Bull y Renault), circunstancia que pone de manifiesto aquello que muchos sospechaban: independientemente del bajo rendimiento que pudiera ofrecer Honda, el McLaren no parece tan bueno a nivel de chasis como algunos vendían.

Al terminar los entrenamientos de un invierno de lo más accidentado por la poca fiabilidad del conjunto, la formación de los coches naranjas aseguraba, por boca de Alonso, llegar a la cita inaugural completamente lista para la batalla. Nada más arrancar el curso se emplazó a los seguidores del equipo a las siguientes citas, donde teóricamente debían aumentar sus opciones con la llegada de piezas. Ahora se les manda a Montmeló (13 de mayo), la primera cita europea, donde McLaren asegura que pondrá en pista un vehículo completamente nuevo. “Es evidente que no estamos dónde nos gustaría, no son estas las expectativas que nos habíamos creado. Pero tenemos muchas cosas por llegar que, esperemos, nos permitan reducir un poco esa distancia que nos separa del resto”, zanja Boullier, en una declaración que, más que tranquilidad, todavía siembra más dudas.

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