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Los músculos hunden a Gareth Bale

La última lesión fibrilar ha roto anímicamente al galés, cuya carrera se ha visto frenada en seco por unos problemas sin fin que han hecho que jugase solo cuatro partidos completos en 2017

Hace poco más de un año, el 21 de agosto de 2016, un jugador de la actual plantilla del Real Madrid que ocupaba un asiento del banquillo de Anoeta se giró hacia uno de sus compañeros y aventuró una predicción: "Tú, mira, ahí tienes al Balón de Oro del próximo año". Se refería a Gareth Bale. El galés acababa firmar un doblete en el que había sido uno de sus partidos más completos con la camiseta del Real Madrid. Aquel día, sin Cristiano, entonces lesionado, Bale ejerció de líder e inauguró su periodo más regular y determinante desde su llegada a Chamartín en julio de 2013. Se prolongó tres meses, hasta el 22 de noviembre, cuando una patada del central del Sporting de Portugal Coates le mando al quirófano y truncó su progresión.

Desde aquel día en Lisboa, hace ahora 12 meses, no hay apenas rastro de Gareth Bale. El atacante de 28 años no ha dejado de acumular lesiones musculares que le han llevado a un punto de no retorno envuelto por el misterio y el drama. La última la sufrió en la sesión de entrenamiento de este jueves. Una rotura fibrilar en el aductor de la pierna izquierda que ha dejado a Bale hundido anímicamente.

Al galés, un tipo muy reservado y profesional, según sus compañeros, nunca se le había visto tan roto en el aspecto anímico. Ni una de las 18 lesiones —15 de ellas musculares— que había sufrido con la camiseta del Madrid le habían afectado tanto psicológicamente. Pero la aparición de una nueva dolencia en el muslo izquierdo, en una zona aparentemente sólida en su fisionomía, llevaron al Madrid a tildar la situación de "desoladora". Nunca desde su llegada se había roto el aductor. Bale, cuentan, había asimilado incluso su problema crónico en el sóleo. Aseguran desde Valdebebas que había dejado atrás el edema en ese músculo y estaba entrenando a un nivel que no había logrado alcanzar desde aquella lesión traumática en Portugal. Era de los mejores en la mayoría de ejercicios, con un rendimiento todavía más elevado en los test de velocidad y en el golpeo de balón.

Los músculos hunden a Gareth Bale

Solo unas horas después de aquellas sensaciones, la aparición de una rotura en una zona nueva y justo cuando estaba a unos días de volver a jugar tras dos meses de baja, puede llevar a Bale a pensar incluso que ya no vale para jugar en la élite, según asegura un prestigioso fisioterapeuta por cuyas manos han pasado algunos de los mejores futbolistas del mundo. "Esta secuencia de lesiones es una locura, tiene que estar totalmente hundido. Cuando un jugador está tan metido en las lesiones no es capaz de trabajar sin la sensación de que se va volver a romper. Cada vez que se ejercitan o juegan piensan: '¿Cómo estoy?, ¿Por qué me duele esto?, ¿Qué será?'. Hasta sueñan con ello. Se ven inmersos en una situación en la que las lesiones son lo de menos. Ese estrés afecta a lo físico. La cabeza lo es todo en las lesiones", comenta.

En ninguna de sus anteriores lesiones describía el Madrid el panorama en términos similares. Desde el club son conscientes de que en estos momentos la rotura fibrilar y las tres semanas de baja que supone no son lo más importante. La prioridad es recuperar anímicamente al jugador. Un escenario novedoso para el Madrid, que no vive un caso similar desde Arjen Robben hace prácticamente una década. "Es importantísimo que tenga a su lado una persona que conozca su cuerpo, de la que se fíe al 100% —cuenta Emili Ricart, el fisioterapeuta del Barcelona que recuperó a Andrés Iniesta en el peor momento de su carrera, poco antes del Mundial de Sudáfrica—. Solo con esa figura al lado un jugador en esas situaciones es capaz de escuchar ese reloj biológico, de controlar la presión de volver a jugar. Solo alguien que lleve muchos años a su lado puede conseguir resolver esos problemas musculares".

Jaime Benito, hombre clave

La figura de la que habla Emili es Jaime Benito. Fisio del Madrid que llegó al club de la mano del doctor Olmo, despedido el pasado mes de julio, es la persona de mayor confianza de Gareth Bale. El idioma les unió desde su llegada y su relación es tal que el atacante se lo lleva a la selección galesa en cada campeonato o concentración. Hasta el momento, ni siquiera él ha sido capaz de frenar el drama muscular de Bale. El calvario del galés, castigado por las lesiones desde que aterrizó, se acentuó notablemente a partir de septiembre de 2015. En sus dos primeros cursos se perdió 18 partidos a causa de los problemas fibrilares. Desde entonces suma 36, el doble, una cifra que aumentará como mínimo hasta los 44 antes de 2018.

El problema se ha agravado hasta el punto de que Bale cerrará 2017 habiendo completado la mínima cifra de cuatro partidos. Siempre con molestias o buscando ponerse a tono, en los últimos once meses el atacante nunca jugó cerca de su mejor forma. Participó tan solo en 20 partidos en los que anotó cinco goles y repartió cuatro asistencias. Los registros más bajos de una carrera que se muestra en pleno declive si se atiende a que en el año 2014 disputó 51 encuentros (30 completos) con 25 goles y 14 asistencias. De momento, ni el club ni el jugador tienen respuestas ni soluciones. Varios especialistas consultados consideran que una de las más lógicas y certeras sería buscar una salida que le permita desbloquearse y empezar. "Creo que tiene que marcharse del Madrid y buscar un lugar en el que se sienta feliz", considera Ricart. "Hay jugadores que en una situación similar han cambiado de equipo y no se han vuelto a lesionar", apunta el otro experto citado anteriormente.

De momento, el Madrid busca la fórmula para levantar a un Bale hundido y lastrado por sus músculos.

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