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Bale lo tiene crudo

El galés ni cuenta en el pelotón de los 30 nominados al Balón de Oro, ni se le espera en el próximo Mundial

Bale, en el partido contra Austria.
Bale, en el partido contra Austria. AFP

Gareth Bale va de chasco en chasco. También el Real Madrid, desvelado por el inquietante marchitar del fichaje más caro de su centenaria vida. Llegó como un futbolista con frac. Como otro jugador cósmico destinado a recibir el testigo de CR y hasta el de Messi. Pero resulta que lejos de haber sido el arma nuclear que se anunciaba, en el inicio de su quinta temporada en Chamartín el galés está refugiado en las cuerdas. Sonado ante tanta calamidad y tanto azote: no sale de la enfermería, le llevan a rebufo Isco y Asensio, le han marginado de la lista de 30 aspirantes al Balón de Oro y se ha quedado sin Mundial. Bale lo tiene crudo, muy crudo.

Desde 2013, fecha de su alistamiento en el Real, ha padecido 18 lesiones, además de un par de gripes, lo que le han supuesto 66 partidos de baja. Algunas de estas dolencias, como la actual, han parecido un encriptado secreto de Estado entre los dimes y diretes de doctores y rectores tanto del Madrid como de Gales. Por si fuera poco, el pasado lunes, a los pocos días del enésimo arcano sobre su verdadero parte médico, el británico tuvo un doble fiasco: ni cuenta en el pelotón de los 30 nominados al Balón de Oro, ni se le espera en el próximo Mundial. Donde si nada se tuerce estarán Isco y Asensio, sus reservas en el Bernabéu, tan al alza como Bale a la baja.

Como todo galardón subjetivo, el Balón de Oro siempre es discutible, pero no se puede negar su enorme impacto mercantil por la purpurina que se le concede. A ello ha contribuido de manera decisiva el propio Madrid, que lo tiene por un Santo Grial propagandístico. Fundido por sus cristalinas piernas, Bale, que se perdió 29 partidos la pasada temporada, no solo ha dejado de ser aspirante al podio final, sino que ni figura en la pedrea de los 30 postulantes. Ni siquiera tras un curso en el que su equipo logró la Copa de Europa y la Liga y él acababa de contribuir al debú de Gales en una Eurocopa. Entre sus camaradas madridistas sí hay siete pretendientes: Isco, el gran sacrificado por esa nomenclatura de la BBC, Cristiano Ronaldo, Sergio Ramos, Marcelo, Modric, Benzema y Kroos.

Tan alejado está el fútbol de la realidad bursátil que entre los aspirantes, además de Bale, no figuran Dembélé, Pogba e Higuaín, cuatro de las seis contrataciones más caras de la historia. Y todas bien recientes. En la lista de los desembolsos más galácticos también estará Mbappè —incluido entre los elegidos para el Balón de Oro—, pero si hay que atenerse al acto de fe propuesto por el PSG el apunte contable no quedará subrayado en su totalidad hasta la próxima temporada.

Que Bale se haya quedado sin peaje para Rusia 2018 tiene lógica, pero solo cierta lógica. Gales jamás ha sido una potencia futbolística y solo ha estado en el Mundial de 1958, con John Charles, el Gigante Bueno, a la cabeza. Pero las clasificaciones europeas son ahora más sencillas, más abiertas. Islandia es el ejemplo. Con su historial de lesiones y ya con 28 años, es muy probable que a Bale se le haya escapado definitivamente el Mundial. Lo mismo que en su día le ocurrió a otro internacional galés, Ryan Giggs, o al norirlandés George Best. Tampoco Kubala o Di Stéfano dejaron una pisada en un Campeonato del Mundo. Pero su legado fue infinitamente superior al que se le adivina a Bale. Un frágil buen jugador marcado también por la losa de una etiqueta, económica y publicitaria, desproporcionada. Si no remonta frente a Isco y los médicos, al Madrid no le quedará otro remedio que sacar bandera blanca. ¿Cuánto valdrá entonces?

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