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Garbiñe Muguruza abraza la rutina

La española, virtual número uno y citada en los octavos con Kvitova, da con su mejor nivel a partir de la variación en los hábitos cotidianos: "Ahora lo doy todo. Siento que he mejorado mucho como tenista"

US Open 2017
Muguruza sirve durante el partido contra Rybarikova. AFP

Octubre de 2016, Singapur. No son aún las nueve de la mañana y a unos 100 metros de altura, sobre la azotea de un hotel, irrumpe Garbiñe Muguruza tratando todavía de digerir el despertar. Tiene cara de sueño y, aunque le encanta dormir, lleva en pie un buen rato y se predispone a ir al gimnasio para machacarse los músculos durante hora y media. Mientras ella se dirige a la sala, las otras participantes de la Copa de Maestras todavía se quitan legañas y apuran el desayuno con tranquilidad. “Es lo que toca. No puedo perder ni un segundo”, dice la española, llamada tarde o temprano a hollar la cima del tenis.

De momento, después de avasallar a Magdalena Rybarikova durante 61 minutos (doble 6-1) y citarse en los octavos del US Open con Petra Kvitova, se convirtió en la número uno virtual. Un hito que deberá rematar a partir de hoy, en el pulso contra la checa, y a lo largo de la próxima semana, en la que un triunfo en Nueva York o bien un tropiezo de las otras dos aspirantes al trono (Karolina Pliskova y Elina Svitolina) le garantizarían el éxito. “Por supuesto que hace ilusión, pero debo ir día a día, sin precipitarme. Eso me funciona y debo seguir por la misma línea, tomándome cada partido como si fuera una final”, constata la bicampeona de Grand Slam.

Desde hace aproximadamente un año, Muguruza descubrió una nueva realidad. Perdió de golpe la inocencia que le decía que podría vivir solo de su talento y se dio cuenta de que la gloria se esfuma mucho más rápido de lo que viene. “No podía estar siempre metida en una burbuja. Lo de Roland Garros me abrió los ojos”, razona. Por eso, antes de cerrar la temporada pasada ya trabajó mentalmente la venidera, de ahí la escena de Singapur. Entendió que si quería llegar a lo más alto y acumular grandes trofeos no le valía con un empeño pasajero. El secreto estaba en algo tan simple y tan complejo como el día a día, en la rutina que antes la y con la que ha ido poco a poco conciliando.

“Ahora intento darlo siempre todo”, indicó después de exhibirse ante Rybaricova; “siento que he mejorado mucho como tenista. Este verano ha sido muy bueno para mí y estoy jugando muchos partidos. Este hecho hace que tenga mucha confianza".

Trabajo, trabajo y más trabajo

El tenis, ha comprendido definitivamente Muguruza, demanda el esfuerzo diario y la atención al más mínimo detalle. Técnicamente ha seguido evolucionando, absorbiendo de su técnico, Sam Sumyk, y del asesoramiento de Conchita Martínez; físicamente ha dado un salto cualitativo gracias al trabajo con el preparador francés Laurent Lafitte; y desde el punto de vista mediático cuida más la exposición y los mensajes con el objetivo de controlar mejor la presión del exterior, expectante siempre con ella, hoy día mejor tenista y mejor atleta, cada vez una profesional más redonda y camino de convertirse en una referencia fiable.

Tanto es así que está a un paso del número uno, al que accedería mediante cinco situaciones. La primera, automática, ganando el título en Flushing Meadows; la segunda, si alcanza la final y Svitolina no se proclama campeona; la tercera, llegando a las semifinales, siempre y cuando Svitolina no luchase por el cetro y Pliskova no saliera victoriosa; la cuarta, accediendo a los cuartos si las otras dos rivales son finalistas; y la última, incluso cediendo en cuartos si las otras no figuran en el cartel del choque definitivo.

Este es el escenario actual que afronta Muguruza. “Muy centrada”, transmiten desde su entorno, y mucho más consciente de que el éxito no depende de la inspiración puntual, sino del trabajo y más trabajo, de aspectos cotidianos como el madrugón, privarse de alguna que otra hamburguesa y el saber escuchar. Tan difícil y tan sencillo. El día a día.

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