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Como Lasse Viren en Múnich, Mo Farah cae y vence

El fondista británico gana los 10.000m como en Londres 2012 y se prepara para repetir victoria en los 5.000m

Mo Farah con la medalla de oro lograda en los 10.000. EL PAÍS VÍDEO

A la salida del estadio y del parque olímpico se ve a turistas y cariocas barrigudos y fuertes cargando con sus trofeos. Son grandes vasos de plástico duro, capacidad medio litro, que regala una marca de cerveza. Egos de macho alfa decorados con los anagramas de los deportes olímpicos estampados sobre fondo amarillo. Tanto he bebido. Tan hombre soy. Los hay con más de 10 incluso. Algunos tropiezan y caen, pero logran mantener los vasos encajados en su mano con habilidad de prestidigitadores, se levantan y siguen felices, campeones. El triunfo del coleccionista exhibicionista. Una modalidad olímpica callejera que en el estadio se transforma en Mo Farah, el atleta británico invicto en una gran competición de pista desde 2011.

El corredor de fondo con más medallas mundiales, europeas y olímpicas corría los 10.000 metros a la caza de su tercer oro olímpico para ponerlo en su vitrina junto a los dos de Londres y con un hueco para el de los 5.000m, que le espera dentro de una semana. Llegaba por la curva del 4.700. Estaba bien colocado junto a su compañero y amigo Galen Rupp. Como había previsto, guiaba la carrera África, es decir, Etiopía y Kenia, los dos países a los que se empeña en quitarles la gloria de su tradición. Se turnaban en cabeza como miembros de un equipo ciclista marcando un ritmo alto y sostenido los kenianos Kamworor, Muchiri y Tanui, veteranos de la derrota de Londres, y los etíopes Hadis, Demelash y Tola, tres jovencitos que ya han bajado de 27m vírgenes de memorias tristes, unos niños cuando Londres. Iban rápido, a 2m 40s el kilómetro, cercanos a pasar el 5.000 por debajo de 14m, cuando Farah tropezó con Rupp y se fue al suelo. Como buen gregario, el rubio norteamericano con cara de niño, su compañero de entrenamientos en los bosques de Oregón, donde el pino, a las órdenes de Alberto Salazar y Nike, le esperó.

Como buenos rivales amantes del fair play, los atletas que llevaban la carrera no cambiaron de ritmo para eliminarlo. Resignados siguieron con su plan. Farah les alcanzó casi sonriendo, se colocó entre ellos y continuó afilando el cuchillo, su costumbre victoriosa. “Me acordé de mi hija, y de mi familia, y de todo el trabajo y sacrificios, y me dije que eso no podía quedar así, casi me emociono”, dijo Farah, atleta de origen somalí que llegó a Londres a los 11 años y que se pasa el año entrenándose entre Oregón, Addis Abeba, Font Romeu y otros campos de entrenamiento en altura. “Todo podía haberse ido al traste en un segundo, así, como quien chasquea los dedos, pero no podía permitirlo”.

A por el doble-doble de Viren

La comparación con Lasse Viren es inevitable. El finlandés es el único atleta que ha logrado el doble-doble 5.000-10.000 en dos Juegos consecutivos, el objetivo de Farah. Lo hizo en Múnich 72 y en Montreal 76, y en la primera de las cuatro carreras, el 10.000 de Múnich, tropezó, cayó, se levantó, volvió al grupo y ganó en una acción que todos los amantes de la historia olímpica recuerdan y cuentan a sus hijos.

Lasse Viren ganó 5.000 y 10.000 en Múnich 74 y Montreal 76.

Para hacerlo en Río, en su tercera carrera hacia el cuarteto, Farah repitió exhibición. Como en Londres y en los Mundiales del 13 y del 15, la táctica del desgaste, del intento de apagar la chispa increíble del británico en los últimos metros, se reveló suicida. Nada más pasar la campana, Tanui intentó sorprender a Farah, pero este estuvo rápido, se pegó a su zancada, resistió los brutales cambios de ritmo del keniano desesperado y, a la salida de la última curva, allí donde había tropezado media carrera antes, le clavó el cuchillo decidido. Los últimos 100 fueron suyos. Ganó unos metros y hasta tupo tiempo fugaz de levantar los brazos para hacer su gesto de victoria. Los últimos 400m los cubrió en sus habituales 54s. El último mil, en 2m 28s. Cifras que solo él puede manejar con soltura. El tiempo final fue de 27m 5,17s. El tercer 10.000m más rápido en una final olímpica, a 4s del récord de Kenenisa Bekele en Pekín 2008; a siete centésimas del Bekele de Atenas 2004. Etiopía mantiene su propiedad histórica y Farah, el coleccionista, se lleva las medallas. “He ganado tres oros para tres hijos”, dijo. “La cuarta será para el más pequeño”.