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Nacional: La revolución verde

Los colombianos buscan su segunda gran consagración en la Copa Libertadores

Arturo Mina (izquierda) y Marlos Moreno, en el partido de ida, en Quito.
Arturo Mina (izquierda) y Marlos Moreno, en el partido de ida, en Quito. AFP

En Medellín, ver un sueño hecho realidad puede costar 600 dólares e incluso más. Poco para quien es fanático y pagaría lo que fuera por ver a su equipo, Atlético Nacional, ser campeón de la Copa Libertadores de América por segunda vez en su historia. Eso vale una entrada en el mercado negro —cuando normalmente costaría máximo 30 dólares en un buen sector de las tribunas del coqueto Atanasio Girardot— para estar presente en el partido ante Independiente del Valle, que definirá al ganador del torneo más importante de clubes en Sudamérica [en el encuentro de ida, en Quito, el resultado fue 1-1]. 

Y la inversión vale porque además sería la posibilidad de ver al verde dar la vuelta olímpica en su propia casa por primera vez: Bogotá fue la sede de la final ante el Olimpia de Paraguay en 1989; su estadio, por esos años, no cumplía con los requerimientos exigidos por la Conmebol y El Campín fue el lugar elegido por los dioses para que la leyenda de la más interminable serie de penales ocurrida en esta instancia decisiva de la Copa —hubo que patear 17 penas máximas antes de conocer al vencedor— le diera a los antioqueños un título esquivo para los clubes colombianos. Antes de que René Higuita atajara cuatro disparos desde el punto blanco y de que Leonel Álvarez por fin acabara el suplicio, habían llegado a la final Cali en 1978 y América tres años seguidos (1985, 1986 y 1987) sin poder coronar la hazaña.

Por eso en ese atribulado 1989, en el que el paisaje diario era ver morir a miles en medio de la guerra entre narcotraficantes y gobierno, se habló de una revolución en el fútbol colombiano. Francisco Maturana, el entrenador, era quien encabezaba el cambio y la nómina base que obtuvo la Libertadores sería después el andamio en el que se apoyó la Selección Colombiana con la que se volvió a un Mundial en 1990, luego de 28 años de ausencia.

Aquella primera consagración en la Libertadores tuvo cuestionamientos: Juan Bava, árbitro argentino, revelaría en su momento que él y sus compañeros de terna, Carlos Espósito y Abel Gnecco, habían sido presionados por hombres que los apuntaban con armas y dólares en su cuarto de hotel con el fin de que favorecieran a Nacional en sus fallos en la semifinal contra Danubio de Uruguay. Bava, de buen humor, diría años después que si el partido iba 0-0 al minuto 90, él mismo tomaba el balón y marcaba un gol para poder salir vivo de la odisea. No fue necesario: Nacional derrotó 6-0 a los uruguayos, pero ese hecho y el sospechoso arbitraje del chileno Hernán Silva en la llave de cuartos de final ante Millonarios, su acérrimo rival desde esos tiempos, marcó una injusta tacha sobre un equipo al que le sobraba talento.

Este Nacional modelo 2016 también ha marcado su propia revolución: desde la primera fase fue el equipo más consistente del torneo y se quitó de encima adversarios que en algún instante le quisieron arrebatar el sueño copero: Peñarol, Sporting Cristal, Huracán en dos oportunidades, Rosario Central y São Paulo fueron cayendo sin oportunidad de reclamos. Ha tenido momentos de buen juego, siempre basado en la consolidación de una columna vertebral sólida encabezada por el arquero argentino Armani, secundada por la dupla Henríquez-Sánchez en defensa, apoyada desde el medio por Mejía y Pérez (ausente en la final por acumulación de tarjetas) y con gran explosión gracias a la joya Marlos Moreno y a Miguel Borja, refuerzo inscrito para semifinales y que ya pagó su inversión con cuatro goles en la semifinal frente a São Paulo.

Y con ellos Reinaldo Rueda, un entrenador con formación alemana y que nunca vio como un retroceso regresar a dirigir clubes después de centrar su trabajo en selecciones nacionales como Honduras y Ecuador, a las que clasificó a Mundiales. Todo lo contrario: con su idea futbolística, Rueda, que supo ser también DT de emergencia para Colombia en las eliminatorias hacia Alemania 2006, subió sus acciones reinventándose como entrenador, tanto que hoy el seleccionado de Paraguay lo tiene en la mira para ver si es capaz de hacer un milagro por ellos.

Nacional sueña con ser bicampeón de la Copa Libertadores, fruto de su trabajo por estar en la élite, tanto en el ámbito local —ganó nueve títulos de liga en 16 años— como en el internacional. Falta un solo escalón, contra Independiente del Valle [la gran revelación del torneo, el único equipo que ha eliminado en una misma Libertadores a River Plate y Boca Juniors], pero allí estará su hinchada tomándolo de la mano para poderlo conseguir, así haya que pagar 600 dólares para verlo.

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