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La meritocracia premia a Tite

El nuevo seleccionador de Brasil es considerado como uno de los técnicos más preparados del país

Tite, nuevo seleccionador de Brasil.
Tite, nuevo seleccionador de Brasil.

El añorado Telê Santana, aquel sabio sensible que plasmó la idea del fútbol-arte como seleccionador del fabuloso Brasil del Mundial 82, acuñó un proverbio para describir la presión que un hombre debe soportar en ese cargo: "En el fútbol brasileño un técnico no tiene que matar un león al día. Tiene que enfrentarse con todos los leones de la selva cada día". Ahora el que tiene que adentrarse en la floresta para intentar frenar el descomunal declive de la selección pentacampeona del mundo es un hombre con un perfil alejado del de sus inmediatos antecesores.

Adenor Leonardo Bacchi es gaúcho, apelativo con el que se conoce popularmente a los originarios del estado de Rio Grande do Sul, en el extremo meridional del país. También eran gaúchos Dunga y Scolari. Pero el origen es uno de los pocos nexos entre el trío de técnicos. Al nuevo seleccionador todo el país le conoce con el apodo de Tite. Un sobrenombre con paradoja y sustancia: se lo puso Scolari, por una mera confusión, cuando este era profesor de educación física y entrenador de críos en un colegio de Caxías do Sul. El joven Adenor tenía 14 años, y destacaba como centrocampista habilidoso y con carácter en las ligas escolares en los primeros años 70. Scolari, que en esos tiempos compatibilizaba su trabajo docente con el de jugador aficionado en el equipo local, recomendó su fichaje al Caxías. A Tite y a Scolari les daría incluso tiempo a jugar juntos en el club.

Convertidos mucho después en técnicos de élite, ahora mantienen una relación fría y distante. Scolari, al igual que Dunga, representa la cara más visible de la decadencia del fútbol brasileño. Tite, para muchos brasileños, reproduce la figura del entrenador moderno, preparado y exitoso. Más allá de perfiles demasiado generales, Tite desembarca en la selección avalado por una fantástica ristra de títulos con el Corinthians: dos campeonatos brasileños, una Copa Libertadores, un Mundial de clubes, una Recopa Sudamericana y un campeonato paulista conquistados desde que Tite se hizo cargo del equipo en 2010, con un año sabático (2014) de por medio. El club paulista, rara avis en el panorama brasileño por su mirada larga y la óptima modernización de sus recursos, tuvo paciencia y confianza para desarrollar un proyecto al que Tite puso rúbrica con una identidad de juego muy marcada. “Equilibrio” es el término que más abunda en su discurso, alejado de la estridencia y en el que siempre se resaltan los valores colectivos.

Tras dirigir a pequeños clubes gaúchos su nombre comenzó a sonar cuando en 2000 conquistó con el Caxías el campeonato del estado de Rio Grande do Sul al derrotar al Gremio, que contaba entonces con una figura en ciernes como Ronaldinho. Aquel Caxías tenía serios problemas para pagar sus salarios. Fue el último equipo capaz de romper el dominio del Gremio y el Internacional en el campeonato gaúcho hasta hoy. Con esos dos clubes también cosecharía éxitos en una trayectoria que comprende experiencias breves en otros banquillos calientes como el del Palmeiras o el del At. Mineiro, y pasajes por los Emiratos Árabes.

Si hay un equipo trabajado tácticamente y que ha optimizado su rendimiento en el último lustro, ese es el Corinthians. Tite montó un equipo versátil desde un buen entramado defensivo. Sin figuras de gran calado, pero con buenos jugadores y varios internacionales en un equipo que poco antes de la llegada de Tite repatriaba venerables glorias como Ronaldo o Roberto Carlos, el Corinthians trepó con un juego gregario, equilibrado y con matices tácticos poco vistos en Brasil.

Conquistó la Libertadores en 2012 ante Boca Juniors y el Mundial de clubes ante el Chelsea, con la inmensa torcida albinegra entrando en ebullición.

Frase de Valdano

El nuevo seleccionador gasta fama de ser un tipo con carácter bajo unas maneras educadas, mano izquierda, sentido de la justicia grupal y de la meritocracia. Tite suele citar una frase de Jorge Valdano: “Un gran equipo está hecho de la mentalidad de sus jugadores”. En el Corinthians logró la complicidad del vestuario para lograr éxitos inesperados. Lo hizo en los años en los que eclosionaba el inmenso talento de Neymar en el Santos, con el que tuvo algún roce dialéctico.

En 2014 viajó por Europa, y ese perfil no abunda entre muchos técnicos brasileños con reparos a mirar más allá de sus fronteras. Ahora los acorralados directivos de la CBF fichan a un técnico que hace hace seis meses fue uno de los firmantes del escrito Manifiesto por una nueva CBF, auspiciado por Bom Semso FC. Este colectivo aglutina a cientos de jugadores, técnicos y profesionales del fútbol que piden reformas democráticas en la CBF y la dimisión de sus directivos. La carrera de Tite no parece carecer de un fuerte compromiso ético. Hoy capitanea una nave legendaria reducida a galera medio decrépita.

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