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El ‘impeachment’ de Dunga

La ausencia de Neymar puede hacerle mucho bien a la selección brasileña en su conjunto

El seleccionador nacional brasileño, Dunga (izquierda), el jueves en las instalaciones de la UCLA.
El seleccionador nacional brasileño, Dunga (izquierda), el jueves en las instalaciones de la UCLA. AFP

El Brasil que llega a la centenaria Copa América es un Brasil provisional, que repite, en el balón, el escenario catastrófico de la política postgolpe o impeachment, dependiendo del punto de vista.

El técnico Dunga, cual un interino presidente Michel Temer, bajo protestas generalizadas, trata de salvarse a toda costa. Le han puesto un precio a su cabeza debido a la pésima campaña en las eliminatorias para el Mundial de Rusia 2018. Más que eso. Es un profesor, como los brasileños les llaman a los entrenadores, que no piensa el juego. Dunga no es ni Guardiola ni Simeone. Se parece mucho, en todos los sentidos, al presidente provisional de Brasil. Le falta imaginación.

El país muestra su enfado, grita, protesta. No hace falta una encuesta de opinión para saber que el entrenador es el menos preferido entre los brasileños. Hay un miedo, de hecho, a que la Canarinha se quede por primera vez fuera de una Copa del Mundo.

Sin embargo, la selección todavía consigue ser mejor, infinitamente mejor, que el equipo político de Brasilia. No es aquel Brasil acostumbrado a encantar al mundo; pero, con las sandalias de la humildad —en vez de la patria con las elegantes botas que limpiaba el niño Pelé— puede sorprender, mediante la desobediencia civil, al técnico Dunga.

Somos un país que solo triunfa por error. Quién sabe; ¿no será Ganso, el mejor jugador, llamado solo a última hora por la falta de condiciones físicas de miles de futbolistas normales, esa pieza bossa nova? Es el más exquisito de nuestros seleccionables. Y el único capaz de poner a un delantero descaradamente frente a la portería.

Si Brasil quiere olvidarse de Dunga, puede hasta pellizcar el trofeo de la centenaria Copa América. Los chicos saben lo que es un balón. Los chicos no tendrán la sombra y la dependencia de Neymar Jr., un excelente jugador del Santos y del Barcelona que aún no ha brillado tanto en el equipo nacional.

La ausencia del 10, que no es Pelé —está a 20.000 leguas submarinas de eso—, puede hacerle mucho bien al conjunto. Ganso, que sabe pensar y tiene algunos arrebatos de nuestro filósofo Sócrates, quién sabe, puede reinventar un equipo perdido en el tiempo. Dos hijos de la selva amazónica; dos de Pará.

Sócrates, amigo mío y colega en el banco del programa Cartão verde (TV Cultura), siempre me decía: “Si quiere, este tipo va a ser mejor que todos nosotros, junta a Zico y Zidane en las mismas zancadas”. Se refería a Ganso.

En el banquete socrático, creo, Neymar funciona en una orquesta ya lista, como el Barça; pero ha sido incapaz, hasta ahora, de saber repensar Brasil como idea futbolística.

Ganso tiene que ser ese tipo. Está libre esa plaza de pensador de fútbol. Que el chico amazónico la aproveche y la disfrute. A pesar de Dunga. A pesar de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), tan corrupta que su presidente, Del Nero, no viaja al extranjero por miedo a ser detenido. Y a pesar de tantos brasiles reaccionarios y golpistas, en el fútbol siempre hay alguna locura a hacer con la idea de cierta bossa nova joãogilbertiana. Quién sabe si los chicos deciden ignorar, sutilmente, a Dunga y la idea carca del Brasil de hoy.

Quién sabe: es en esos momentos de crisis del pensamiento cuando un país resurge. Que vengan los desobedientes a los esquemas tácticos y a los berridos tontos desde el banco, como los insurgentes Joões Gilbertos y sus banquitos con voz propia. Ganso, si se pone, puede ser ese tipo. Eso esperamos; Dios mío, eso esperamos.

Brasil tiene que ser repensado. Por eso estamos nosotros aquí, de guardia y viéndonos en la Copa América.

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