Nadal, campeón en amor propio

Tras una dura travesía, el número cinco alza su primer gran trofeo después de casi dos años e iguala a Djokovic (28) en Masters 1000

Nadal muerde el trofeo de Montecarlo.
Nadal muerde el trofeo de Montecarlo.SEBASTIEN NOGIER (EFE)

Le salió del alma. Trazó una derecha paralela, en carrera, que botó casi en el vértice; uno de sus golpes con copyright. Liquidó así a un soberbio Gael Monfils, batallador hasta que su depósito quedó vacío (7-5, 5-7 y 6-0, tras dos horas y 46 minutos), e inmediatamente después apretó los puños, emocionado, dirigió la mirada al cielo nuboso de Montecarlo e hincó las rodillas sobre el tapiz rojizo del Principado, territorio en el que, con esta última, ha rubricado ya su firma en nueve ocasiones. Fue, de alguna forma, la liberación de Rafael Nadal, un deportista que más allá de los trofeos y la epopeya tenística será recordado siempre como un gran campeón.

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El triunfo, 68º título de su carrera después de 100 finales, 28º de un Masters 1.000 —la misma cifra que Novak Djokovic—, tiene una trascendencia mayúscula para el de Manacor. Terminó así con una sequía ganadora de ocho meses —su último premio, menor, databa del pasado mes de agosto, en Hamburgo—, pero por encima de todo, subrayó la categoría competitiva de un hombre que en los dos últimos años ha atravesado por una circunstancia personal de lo más compleja, con la ansiedad y la crítica siempre de por medio, siempre expuesto.

Durante ese periodo, en el que de forma paradójica sufrió la mente y no su cuerpo, el Aquiles que le ha privado de más éxitos, tuvo Nadal la virtud de no volver nunca la cara ni ceder al miedo. La decepción y la derrota, y en consecuencia el escepticismo, se convirtieron en una dañina rutina, pero él remitió siempre a su voluntad de crecimiento personal y profesional. Nunca nadie creyó más en él que él mismo, campeón en amor propio. “Si continúo así, la recompensa llegará”, advertía desde diciembre, cuando en su juego ya se adivinaban picos de optimismo.

Trabajo y fe, la receta de siempre

Nadal ha sido siempre fiel a su librillo, al trabajo y a la fe. Y así, a través de una receta que algunas voces tachan de arcaica, es como vuelve a asomar la cabeza en la victoria. No se adjudicaba una gran cita desde que enlazó su noveno cetro en Roland Garros, julio de 2014; un mes antes, en Madrid, fue la última vez que celebró un Masters 1.000, los torneos de segundo valor en la ATP. Luego, el duro peregrinaje y la devastadora autoridad de Djokovic, con el que siempre evita la comparación. El serbio queda todavía muy lejos, pero con el triunfo en Montecarlo el español envía un mensaje: nadie debe descartarle, aún no.

Los 28 M-1000

Indian Wells. 2007, 2009 y 2013.

Montecarlo. 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012 y 2016.

Hamburgo. 2008.

Madrid. 2005, 2010, 2013 y 2014.

Roma. 2005, 2006, 2007, 2009, 2010, 2012 y 2013.

Toronto-Montreal. 2005, 2008 y 2013.

Cincinnati. 2013.

No había mejor manera de iniciar la gira europea sobre arcilla que una buena actuación en el Principado. Allí deja una secuencia en progresión, con brillos frente a rivales como Dominic Thiem, Stan Wawrinka, Andy Murray o Monfils, que ofreció una resistencia titánica y dio lustre al regreso triunfal de Nadal. Toda opción del francés partía de su heterodoxia, de intentar sorprender desde ese registro camaleónico que tiene. No es común verle al francés extenuado, jadear. Lo hizo en esta ocasión, porque el excelente tono físico de Nadal así se lo exigió.

Pese a la circunstancia, el francés es un tipo capaz de jugar con la sonrisa en la boca. Su rendimiento se multiplica conforme crece el índice de adrenalina; sin sentir el agua al borde del cuello, no disfruta. Tuvo opciones, pero Nadal las volatilizó en el tercer parcial. “Felicito a Rafa. No solo por el partido, sino por la alegría de verle de vuelta al más alto nivel y ganando un título. Di lo mejor de mí, pero él fue superior”, admitió el parisino. “Este es un lugar especial para mí. Quiero darle las gracias a mi equipo, porque hemos pasado una racha un poco dura”, se sinceró el español, que antes de abandonar la pista Rainiero III estampó una sentida frase en una cámara, en homenaje a su abuelo Rafael, director de la orquesta de Manacor, fallecido hace unos meses: “Va per tu padrinet (va por ti abuelito)”.

A un solo título de Guillermo Vilas

El noveno triunfo de Nadal en Montecarlo supuso además su 48º título sobre tierra batida. Es decir, el de Manacor figura ahora a tan solo un trofeo de la plusmarca que estableció el argentino Guillermo Vilas; en total, el Toro de las Pampas acumuló 62 galardones individuales, mientras que Nadal suma una cifra global de 68. Ahora, con Barcelona, Madrid y Roma por delante, el balear tiene la oportunidad de superarle.

Sobre la firma

Alejandro Ciriza

Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra.

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