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La purga interminable en el ejecutivo de la FIFA

El Comité de Ética de la FIFA suspende tres meses al presidente de la federación tailandesa mientras Platini prepara su respuesta en el comité de la UEFA del jueves

Platini y Villar en San Petersburgo Ampliar foto
Platini, a la izquierda, y Villar, en San Petersburgo durante el sorteo del Mundial 18, en julio pasado. AP

Con un timing que desespera a quienes temen todas las mañanas que su nombre salga en uno de los fríos y sumarios comunicados de una purga que parece interminable, el Comité de Ética de la FIFA anunció ayer la suspensión durante 90 días de Worawi Makudi, presidente de la Federación de Fútbol de Tailandia y miembro del Comité Ejecutivo del organismo hasta comienzos de este año.

Aunque Makudi tiene problemas jurídicos en su país, donde un tribunal de Bangkok le condenó a 16 meses por amañar las elecciones que le hicieron presidente de su federación, lo que ha llevado al comité de la FIFA a suspenderlo ha sido su papel en las votaciones que en diciembre de 2010 otorgaron a Rusia y a Qatar la organización de los Mundiales de 2018 y 2022, respectivamente. El comunicado del comité presidido por el juez muniqués Hans Joachim Eckert precisa que la suspensión les permitirá profundizar en el presunto cobro de sobornos a cambio de su voto por el directivo tailandés.

En noviembre pasado, el Daily Telegraph informó de que Makudi era uno de los cuatro miembros del ejecutivo de la FIFA cuyas acciones en la concesión de los Mundiales investigaba un comité ético dirigido entonces por el fiscal norteamericano Michael García. Los otros tres eran el alemán Franz Beckenbauer, el belga Michel D’Hooghe y uno de los vicepresidentes de Sepp Blatter y presidente de la federación española, Ángel María Villar. El dirigente español ha mantenido su habitual discreción durante la crisis e incluso, según fuentes cercanas, ha renunciado a exigir la presidencia de la UEFA que le correspondería interinamente como vicepresidente más veterano en la directiva de Platini. “Villar es uno que sabe llevar sus asuntos con autoridad, silenciosamente y fuera de los focos”, señalan diversas fuentes. “No tiene el menor interés en salir a la luz”.

Ninguno de los tres nombres figura en la lista negra de sancionados que en los últimos días ha ido creciendo con regularidad. Tres miembros del ejecutivo de Blatter han sido suspendidos a perpetuidad (Jack Warner, Chuck Blazer y Mohamed Bin Haman), otro, el coreano Chung Mong-joon, uno que había anunciado que se presentaría a las elecciones presidenciales, a seis años, y otros dos, el propio presidente Blatter y su vicepresidente y presunto heredero Michel Platini, a 90 días prorrogables 45 días más.

Tanto Blatter como Platini han recurrido una sanción que pone en peligro sus aspiraciones de luchar por el poder en los comicios previstos el 26 de febrero, alegando que el comité no les había permitido defenderse. Este órgano les expedientó después de que a ambos dirigentes les acusara de corrupción la fiscalía suiza por el pago ilegal de dos millones de francos suizos (1,8 millones de euros) que Blatter efectuó a Platini a comienzos de 2011. En un comunicado, el Comité de Ética señaló ayer que Platini, que no ha podido justificar con papeles el cobro, no tiene razones para quejarse, pues el 31 de octubre declaró ante ellos durante varias horas hasta llenar 50 folios con sus explicaciones.

Pese a la mancha de las sanciones, ni Platini ni Blatter, quien una semana después de ser elegido para un quinto mandato de cuatro años anunció una dimisión diferida y convocó nuevas elecciones para el 26 de febrero próximo, han renunciado a competir por la presidencia de un organismo que, gracias a los derechos televisivos de los Mundiales genera unos ingresos de 1.280 millones de euros anuales, da trabajo a 1.400 personas y organiza 15 competiciones mundiales. Aunque ellos no puedan participar, los comités ejecutivos de los organismos que presidían, convocados con carácter de urgencia —el próximo jueves, la UEFA; el martes siguiente, la FIFA, que podría aplazar las elecciones—, definirán la estrategia de sus respectivos presidentes suspendidos.

Carrard y Al Fahad

Mientras desde el COI y otros órganos que dudan de la capacidad de sus directivos para regenerar un organismo corrupto se reclama que la presidencia de la FIFA pase a ocuparla una personalidad política, deportiva o económica ajena al mundo del fútbol, en la sombra cobran cada día más poder dos miembros de la Comisión de Reforma puesta en marcha el verano por Blatter y encargada de fijar políticas de buen gobierno, como la limitación de mandatos, y transparencia, como la publicación integral del informe García sobre los Mundiales de Rusia y Qatar. En la comisión, de 13 personas, figuran leales a Platini, como Gorka Villar, hijo del presidente de la federación española, o Gianni Infantino, secretario general de la UEFA, pero los verdaderos pesos pesados son su presidente, el suizo François Carrard, un amante del jazz (es el organizador del festival de Montreux) que en tiempos de Samaranch ejerció como director general del COI, y del jeque y político kuwaití Ahmad al Fahad al Sabah, un personaje influyente, poderoso económicamente y ambicioso. Es miembro simultáneamente del ejecutivo de la FIFA y del COI, vicepresidente de la internacional de balonmano y preside la poderosa Asociación de Comités Olímpicos Nacionales (ANOC).

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