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Seis minutos le bastan a Jamaica para dar la sorpresa

La selección caribeña elimina a la estadounidense (2-1) y accede a la final de la Copa Oro

Copa Oro 2015: Los jugadores de Jamaica celebran su pase, ante los de EE UU
Los jugadores de Jamaica celebran su pase, ante los de EE UU AFP

A Jamaica le bastaron este miércoles seis minutos de inspiración para dar la sorpresa: eliminar a Estados Unidos y clasificarse por primera vez para una final de la Copa Oro, que disputará el domingo en Filadelfia contra México, ganador de la otra semifinal contra Panamá.

En un partido vibrante, con ocasiones constantes, la selección caribeña supo conservar su ventaja en la primera parte para imponerse por 2-1 a la estadounidense, que desde 2003 no faltaba a una final del torneo de la CONCACAF. El combinado del alemán Jurgen Klinsmann fue superior en el conjunto del partido, tuvo ocasiones más claras y dio mayor sensación de peligro; pero pagó sus errores defensivos, y le faltó precisión y temple.

Fue un bonito e intenso espectáculo en Atlanta, que expuso los límites y defectos de ambos equipos. EE UU falló en su primera gran prueba como defensor del título y Jamaica supo exprimir al máximo sus ocasiones en su tercera semifinal en una Copa Oro.

Jamaica, que solo había ganado una vez a Estados Unidos, disputará su primera final de la Copa Oro

Pese a la inseguridad de su portero, la selección del también alemán Winfried Schafer aprovechó los escasos minutos en que EE UU bajó la guardia para sacar provecho de dos jugadas a balón parado: un remate de cabeza iniciado en un saque de banda y un preciso tiro libre. Y luego supo resistir, en una guerra de nervios, el continuo asedio norteamericano.

Estados Unidos tiene un metrónomo en su juego. Marca el ritmo según le conviene en cada momento. La estrategia le funcionó en la fase de grupos y contra Cuba en los cuartos de final. Pero ante un rival más competitivo, no le bastó para retener el control del juego ni hacer buenas las estadísticas: Jamaica solo había ganado una vez a EE UU frente a 13 derrotas y ocho empates.

Desde el principio, el partido en el repleto estadio Georgia Dome fue físico y reñido, lo que hacía discontinuas las transiciones y diluía los centros del campo. Pero EE UU gozaba más del control y, como en todo el campeonato, explotaba la velocidad de sus extremos para encontrar huecos en la zaga jamaicana. En el minuto 20, tuvo tres ocasiones consecutivas muy claras. El gol se intuía: parecía una cuestión de tiempo que los locales atinaran dentro de la red alguna jugada.

Sucedió todo lo contrario. Jamaica estiró sus líneas, esperando su momento. Y llegó pronto. En el minuto 30, el delantero Darren Mattocks cabeceó, ante la pasividad de la defensa estadounidense, un saque de banda y dirigió el balón con precisión milimétrica a una esquina del arco: 1-0. Seis minutos después, el otro delantero Giles Barnes disparó un potente tiro libre al borde del área, los defensas no saltaron, el balón superó la barrera y se estrelló en el fondo de la red: 2-0.

La selección caribeña saca provecho de dos jugadas a balón parado: un remate de cabeza iniciado en un saque de banda y un preciso tiro libre

EE UU se salvó de otra buena ocasión de Jamaica en los minutos siguientes. Su defensa hacía aguas. La seguridad se había evaporado. El fracaso acechaba, hasta que el delantero Clint Dempsey, la estrella estadounidense, tuvo en el minuto 44 un mano a mano con el portero jamaicano. EE UU recobró algo de confianza, que se afianzó tras el descanso. Pero a Dempsey apenas se le vería más.

Los jugadores de Klinsmann salieron encendidos en la segunda parte, conscientes del desafío que afrontaban. El premio les llegó pronto. En el minuto 47, el capitán, el mediocentro Michael Bradley, remató a gol un incomprensible rechace del portero jamaicano tras un disparo lejano: 2-1

El gol desató la euforia en el estadio. EE UU se creció y casi cada jugada olía a gol. En el 56, el enésimo mal despeje del arquero jamaicano acabó en el poste de su portería. Parecía cuestión de tiempo el 2-2. Las ocasiones se sucedían, aunque algo atolondradas, mediante incursiones por las bandas del ataque estadounidense. De mientras, Jamaica hacía lo que podía: repelía a la desesperada las llegadas, y se encomendaba a la suerte y al tiempo.

Y al final, como el metrónomo, el ritmo varió. A partir del minuto 80, EE UU pareció superado. No enlazaba jugadas y perdió fluidez. Jamaica esperó y lanzó contragolpes peligrosos. Sacó energía de dónde no parecía tener y durmió el juego ante la desesperación local. Hasta, finalmente, consumir el tiempo de un partido que tan bien supo exprimir.

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