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La trama comienza en Lee

Una denuncia anónima por el fichaje de un menor surcoreano originó la investigación

Instalaciones de la Masia en Barcelona. Ampliar foto
Instalaciones de la Masia en Barcelona.

Lee Seung-woo es un adolescente surcoreano que quiere ser futbolista profesional. Llegó a La Masia en 2011, a los 13 años y sin la compañía de sus padres. Jugaba en la selección sub-14 que ganó a los azulgrana (2-3) en la segunda edición de la Copa Catalunya-Corea. Encandiló a quienes le vieron. Y terminó quedándose en Barcelona. Su caso es el origen de la sanción de la FIFA al Barça. Un club europeo, cuya identidad se desconoce, puso al organismo internacional al corriente de su situación, considerada irregular, a través de una denuncia anónima. Esa denuncia llevó a la FIFA, en febrero de 2013, a solicitar información sobre Lee.

Su caso no era el único. De la investigación inicial nacieron otras hasta alcanzar los casos de 33 menores extranjeros que habían llegado a La Masia a partir de 2009. Algunos nombres los aportó directamente la FIFA, otros surgieron tras pedir esta un listado con todos los jugadores extranjeros que no estuvieran registrados en la Federación Española de Fútbol o la Catalana.

Entre la primera solicitud de información y las posteriores se produjo un intento de acercamiento del Barça a la FIFA. El entonces presidente, Sandro Rosell, propuso en el mes de marzo al organismo internacional un cambio sustancial en el artículo 19 del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de jugadores. Quería hacerlo “más eficaz”. El secretario general de la entidad, Jérôme Valcke, respondió, en julio, a su carta y le aseguró que trataría su petición a finales de 2013. Pero eso nunca ocurrió.

El reglamento y las excepciones

El artículo 19 del Reglamento de la FIFA sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores obliga a que un futbolista alcance la edad de 18 años para que pueda ser traspasado de un país a otro. Si no los ha cumplido, la normativa fija solo tres excepciones: que los padres del jugador hayan cambiado su domicilio al país donde el nuevo club tiene su sede por motivos ajenos al fútbol; que la transferencia se haya efectuado dentro de la UE, o que el jugador sea un fronterizo, es decir, que viva a menos de 100 kilómetros del nuevo club.

La FIFA abrió expediente disciplinario después de solicitar también a la Federación Española de Fútbol información sobre otros 18 jugadores. Las peticiones de información se repetirían en noviembre e incluso después de decidir sancionar al club que todavía presidía Rosell.

Eso ocurrió el 28 de noviembre de 2013. El Comité Disciplinario de la FIFA se reunió y sancionó al Barcelona por irregularidades en diez de los casos estudiados, aunque esa sanción no se le comunicaría al club catalán hasta cuatro meses y cinco días después. Antes de eso, el 9 de diciembre, la FIFA confirmó al club que había recibido la información solicitada y pidió más información sobre todos los jugadores no nacionales inscritos desde el 16 de mayo de aquel mismo año, el 2013.

El Barça supo que había sido sancionado el 2 de abril de 2014. De los 37 jugadores investigados finalmente, la FIFA concluyó que el club había incumplido el reglamento en nueve casos. Sancionó a la entidad con la imposibilidad de realizar fichajes en los dos periodos de fichaje siguientes —esto es, en verano de 2014 e invierno de 2015—, además, le impuso una multa de 450.000 francos suizos (unos 372.000 euros).

El Barcelona presentó recurso de apelación el 12 de abril. Y el día 23 se le concedió una suspensión cautelar de la sanción, que le permitió entrar en el mercado de verano. El club invirtió más de 150 millones de euros para reforzar su plantilla con los fichajes de siete jugadores y en previsión de que no pudiera cubrir bajas en un año natural. Como así ha ocurrido.

El 20 de agosto la FIFA se pronunció. No tardó ni un día en reafirmar el castigo tras escuchar el día antes en Zúrich la declaración durante cuatro horas de una delegación del Barça. Y no sólo confirmó la salida del mercado del club hasta enero de 2016 y la multa económica, sino que instó al Barça a regularizar en el plazo de 90 días la situación de los jugadores menores cuya contratación incumplió la normativa especificada en el artículo 19 del Reglamento del Estatuto y la Transferencia de Jugadores.

Aquel mismo 20 de agosto el Barcelona empezó a redactar un recurso más, esta vez ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo. Ayer, ratificada la sanción por enésima vez, el Barça, que tratará de solucionar el caso de Lee y los otros siete menores afectados, asume definitivamente que no podrá fichar hasta dentro de un año.

Los menores afectados

Hay más de una decena de menores del Barça que no pueden jugar partidos desde que fue sancionado. Los afectados por la decisión de la FIFA y que como extranjeros necesitan cumplir 18 años para jugar son tres coreanos, Lee Seung-woo (llamado el nuevo Messi, se entrena con el Juvenil A, ha renovado su contrato, vive con la familia en Barcelona, y podrá jugar en enero de 2016); Paik Seung-ho (Juvenil A) y Jan Gyeolhee (juvenil B); el holandés Bobby Adekanye (cedido al PSV); el camerunés Patrice Sousia (cadete); el norteamericano Lederman (cadete B); el francés Kayz Ruiz (infantil); y el japonés Take Kubo (infantil A). El francés Chendri, comunitario, ya tiene 16 años, y el guineano Mazid dejó el club.

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