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“Extasiarse en la cumbre es de zotes”

El alpinista ha ascendido siete ochomiles después cumplir 60 años

El alpinista Carlos Soria tras su última expedición a Nepal. Ampliar foto
El alpinista Carlos Soria tras su última expedición a Nepal.

Pregunta. Con cuatro nietos, un abuelo como usted, no debe contar batallitas del pasado, sino del presente, ¿no?

Respuesta. Pues aparte de ir al colegio a hacerles proyecciones y contarles mis viajes, el otro día, en una presentación pública, pedí que me introdujeran ellos. Salieron y dijeron: “Este es mi abuelo y acaba de venir de una montaña”. Fue un golpe de efecto divertido.

P. ¿A 8.000 metros de altura, se piensa o se siente más?

R. Cuando llego allí, solo me planteo bajar. Es muy complicado el regreso. Mejor pasar el menor tiempo posible en la cumbre. Aunque hay veces, como una en el Everest, que sentarse allí a ver amanecer, es único.

Cauta locura

A los 14 años encuadernó El Quijote. Se hizo tapicero y luego alpinista. El perfeccionismo y la cautela han llevado al avulense Carlos Soria a coronar con 74 tacos 11 ochomiles y a ser el único en el mundo que ha ascendido siete de ellos después de los 60 cumplidos. Dice haber dormido por encima de los 5.000 metros más de cinco años de su vida. Para la montaña prefiere precaución a locura.

P. ¿Qué les pasó la última vez para volverse a 200 metros de la cumbre del Shisha Pangma?

R. Estábamos muy cerca, pero llegar hubiese sido una locura. No teníamos cuerda. Llevábamos mucho tiempo y había que bajar. Me he dado la vuelta muchas veces. No pasa nada, por eso nunca me han tenido que rescatar, ni asistir por congelación. Toco madera, pero es así.

P. Para lo suyo hay que estar muy pirado y ser muy cauto a la vez, ¿cómo se cuece?

R. Estar algo loco ayuda, pero ser precavido, más. La montaña no es tan peligrosa como la gente pregona, pero tiene sus inconvenientes. Necesitas la cabeza en tu sitio y no cegarte con la cumbre.

P. Un poco frustrante eso de coronar una altura inaccesible y tener que largarse a toda prisa.

R. No te vas a quedar allí a extasiarte, eso es de zotes. El tiempo suele variar. En un ochomil de Pakistán, me quedé dos horas, pero es que tuve que esperar a que llegara el último y hacía un tiempo excepcional, sino no hubiese estado allí tanto ni de coña. Lo normal son 10 o 15 minutos. Hay otros momentos para disfrutar. Mientras asciendes y, sobre todo, cuando culminas abajo y disfrutas lo que has hecho. El secreto es sobrevivir y pasarlo bien.

P. ¿Pasarlo bien sufriendo?

R. Yo, no. Bueno, algo sufres, pero es aceptable en cuestión de cansancio, ni siquiera los elementos estorban ya apenas, llevamos materiales muy resistentes. En una tienda de campaña te puedes sentir seguro, protegido por un trapo muy bien pensado.

P. ¿El miedo sopla fuera?

R. Puedes sentirlo, sobre todo a las avalanchas. Hace año y pico sufrí tres en día y medio en el Anapurna. Esto se hace por pasión… Bueno, y también por costumbre.

P. ¿Aventurero por costumbre? No me diga eso.

R. Bueno, es aventura. También una forma de vida.

P. ¿Una manera de vivir o de ponerse al límite?

R. No tanto, un límite del esfuerzo, sí. Pero no un límite entre la vida y la muerte. Procuro que no sea así. Ni lo quiero ni lo siento de esa forma.

P. Digo yo que si le patrocina un banco es porque lo suyo se hace al aire libre, si requiriera techo, no están por dar hipotecas.

R. No he pedido nada, me buscaron. Les gustaba esa imagen mía de cauto valiente que no cuenta camelos. Hay gente que quiere parecer el rey del mambo y no es así.

P. ¿A qué edad se sintió mejor en la montaña?

R. A los 51 años, cuando pasé de Pakistán a China por un puerto de 5.000 metros, subí otra con esquís, de 7.500 y bajé al campo base en el día… A cenar. Lo que no haré nunca es el ridículo, el día que vea que no puedo, no subo.

P. ¿Qué deporte es más duro? ¿Sacar adelante su empresa de tapicería o subir al Everest?

R. La vida de jubilado es un chollo. No tengo tiempo para nada. Me tiro toda la mañana haciendo deporte. De la tapicería, también he disfrutado, eh.

P. ¿Sale caro lo suyo?

R. Caro, sí, una expedición como la última nos ha salido alrededor de 60.000 euros, aunque depende de cómo lo quieras organizar. Nosotros es que llevamos médico —que nos hace estudios de resistencia en altitud—, fotógrafo y contratamos hasta cocinero, vamos a sacar un libro con sus recetas y todo.

P. ¿Cuánta cuerda le hace falta a este país para salir de la crisis?

R. Necesitamos coraje y plantarle cara a los políticos porque esto es demasiado. Yo nací en el año 39. Vivía en una casa sin agua corriente y he traído cientos de cubos de agua con estos brazos. He transportado muebles a cuestas y ves las cosas de otra forma. Había que comer.

P. ¿Nos hemos hecho blandos?

R. Sin ninguna duda. En la montaña se nota. Somos un poco más blandos que otros.

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