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Tocomochos y jeques de pega

Los Mossos d'Esquadra desarticulan una red que defraudaba a empresas a las que prometía inversiones millonarias y falsos créditos de capital árabe ● La empresa intermedió en la compraventa frustrada del Getafe por el grupo Royal Emirates de Dubái

Torres, junto a los miembros del grupo Royal Emirates de Dubái. ATLAS

Cuando los Mossos d'Esquadra entraron en el despacho de abogados de la cuarta planta del número 55 del Paseo de Gracia de Barcelona encontraron tantos documentos sospechosos como chilabas y turbantes. En la sede de la empresa Batalla Juanola se tejía, según la Policía, una trama que estafaba a empresas a las que prometía inversiones millonarias o falsos créditos ejerciendo de intermediarios en operaciones con dinero procedente de los Emiratos Árabes y Egipto a cambio de comisiones millonarias.

Joan Batalla Juanola, y su socio Marc Toscas -detenidos el pasado lunes 18 y ahora en libertad bajo fianza-, dirigían una red formada por siete personas a quienes se imputan delitos de estafa, apropiación indebida, insolvencias punibles, delitos contra la hacienda pública y delito de organización criminal. La organización, ubicada en Barcelona y Sabadell, había llegado a firmar acuerdos fraudulentos con hasta 70 empresas, entre ellos varios clubes de fútbol como el Getafe y el Palafrugell (Girona), según informaron los Mossos.

El caso del Getafe fue el que más dimensión pública alcanzó y el que destapó definitivamente las sospechas de la Policía sobre la actividad empresarial de los supuestos testaferros catalanes.

“Nos puede salir rana”, “ojala no nos den gato por liebre, pero nunca se sabe”, “en estas cosas siempre hay que andarse con ojo”, “en el Racing se han estrellado”…A finales de abril del año pasado, Ángel Torres, presidente del Getafe, anunció el acuerdo para la venta de su club al grupo inversor de Dubái, Royal Emirates, en una rueda de prensa en la que pronunció un discurso plagado de coletillas que evidenciaban su desconfianza ante el trato firmado días antes en el lujoso hotel Burj Al Arab. El grupo inversor, con capital de la familia real de Dubái y más de 200 empresas que controlan negocios de petróleo, gas, nuevas energías, turismo y venta de dominios de Internet, prometía aportar 90 millones de euros en tres años a partir de junio de este año. Ángel Torres formalizó la operación con los inversores árabes ayudándose en la intermediación de la empresa Batalla Juanola. Un nuevo actor en el proceso que se erigía en interlocutor del club getafense acreditando una supuesta experiencia en este tipo de acuerdos internacionales. Pero lejos de disipar las dudas sobre la credibilidad del contrato, fueron creciendo las interferencias en el proceso.

Disfraz de jeque encontrado en el registro del despacho de la empresa Batalla Juanola. ampliar foto
Disfraz de jeque encontrado en el registro del despacho de la empresa Batalla Juanola.

“Hay un proyecto muy ambicioso en el que se incorporarán hasta siete u ocho futbolistas muy importantes. Ya se ha contactado con varios intermediarios de jugadores en toda Europa. Está previsto además construir un nuevo recinto deportivo, el New Royal Emirates Stadium”, afirmaba hace unos meses en varios medios Joan Batalla, director general de Batalla Juanola, desmintiendo las dificultades para fructificar la compraventa del club madrileño. “Royal Emirates Group está cumpliendo con los pagos acordados y pronto se completará el proceso. Los únicos que no hemos cobrado somos Batalla Juanola Group, que todavía no hemos percibido los dos millones de dólares en los que estaban tasados nuestros honorarios, tal y como convenimos con Ángel Torres. Esperemos que esta situación se solucione tan pronto como se complete la operación”, relataba el empresario catalán vinculado en años pasados con la estafa de la inmobiliaria Fincas Corral y la quiebra de la aerolínea Air Comet y que también había participado en el intento de compra del Mallorca en 2009.

Con varios disfraces y documentos falsos en árabe en su despacho, el grupo, según relató la Policía catalana tras su desarticulación, desplegaba una burda escenografía para convencer a sus víctimas de sus vínculos con el capital árabe que incluía comidas en restaurantes de lujo, coches de alta gama con chófer y la presencia, cuando la película lo requería, de un camarero sudamericano de un bar cercano a sus oficinas del Paseo de Gracia de Barcelona que se disfrazaba de jeque a cambio de 50 euros.

“Royal Emirates está cumpliendo con los pagos acordados y pronto se completará el proceso. Los únicos que no hemos cobrado somos nosotros", relataba Joan Batalla, el principal detenido, sobre la venta del Getafe

“Nosotros firmamos un acuerdo de patrocinio con Batalla Juanola que incluía además un protocolo de intenciones para la conversión del club en sociedad anónima a medio plazo”, cuenta Rodolfo Savall, el presidente del Palafrugell, que, lejos de sentirse estafado, reconoce haber recibido un anticipo de 5.000 euros por serigrafiar sus camisetas. “En una de nuestras reuniones con la empresa en el hotel Majestic les acompañaba un señor vestido de árabe que apenas habló tres palabras en inglés”, prosigue Savall, que explica cómo su patrocinador presumía de contactos con inversores árabes y vínculos con varios clubes. La red explicaba su disposición para financiar hasta con cinco millones de euros proyectos —desde clubes hasta clínicas dentales— obteniendo una garantía crediticia de un banco del extranjero a cambio de que las víctimas ingresaran un aval que servía como garantía para liberar la cantidad prometida por los jeques.

Desde febrero de 2011, fecha en la que les conoció Torres en sus incipientes negociaciones con Royal Emirates, Batalla y su grupo actuaban con el mismo modus operandi con varios viajes a Dubái con empresarios catalanes a los que pretendían estafar y con los que utilizaban el nombre del Getafe como ejemplo de su destreza negociadora. Para entonces, Torres ya había dado por roto el acuerdo de venta del club con Royal Emirates, que, a su vez, perdió su interés por el proyecto por la zozobra del sistema financiero español, el perpetuo recelo de Torres y el extraño proceder de sus intermediarios.

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