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Defensora del lector
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Una llamada de atención al rigor periodístico

La transparencia sobre las fuentes de las que procede la información es un requisito esencial del método profesional

Fuentes periodísticas
Soledad Alcaide

Una regla básica que debe cumplir el redactor de una noticia es explicar con claridad de dónde obtiene la información. En un extenso correo, el lector Alberto Fernández reprocha que esta norma no se haya aplicado en la reproducción de una conversación privada, elevada a titular, que el periódico llevó a portada: MAR a Amador tras la sentencia: “Felicidades, les has destrozado”. Se trata de un intercambio de mensajes de móvil entre Miguel Ángel Rodríguez, MAR, jefe de gabinete de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y la pareja de esta, Alberto González Amador, tras la condena al ex fiscal general del Estado.

El lector considera que no se ha explicado cómo conoció el redactor la conversación, o al menos de qué manera la verificó, para que se pueda saber si es una versión literal o una reconstrucción del intercambio. “El problema no es menor”, añade. “El artículo utiliza esa frase como eje narrativo y como elemento definitorio de la personalidad de MAR. Su carácter egocéntrico, su falta de prudencia, su intención de convertir una condena judicial en un triunfo político… Todo el peso interpretativo del artículo descansa sobre ese entrecomillado. Sin conocer su origen o su fiabilidad, el lector queda desarmado”.

La información solo se puede conseguir por tres vías: porque el periodista se halle en el lugar de los hechos, porque un testigo le narre lo que ha presenciado o porque cuente con un documento que contiene los datos noticiosos. “El público lector tiene derecho a conocer cuál de las tres posibilidades se corresponde con la noticia que está leyendo”, dice el Libro de Estilo de EL PAÍS. “Para ello, se citará siempre una fuente cuando el periodista no haya estado presente en la acción que transmite”.

El autor, Javier Casqueiro, explica que quien le contó la conversación no quería figurar y por eso no atribuyó la frase. Si el informante le pidió confidencialidad era una obligación del redactor respetarla, pero en estos casos el manual invita a usar fórmulas que, sin revelar la identidad, se aproximen lo máximo posible y nada de esto se incluyó en el texto. Lo grave es que no se trata de un caso puntual. Una somera revisión esta semana de la sección de España, donde se publicó, refleja que este fallo se repite en varias noticias relevantes:

La nueva fiscal general. El nombre de la candidata a sustituir al fiscal general del Estado se publicó el martes a las 7.18 en una noticia sin una sola referencia sobre quién reveló que el Gobierno iba a proponer a Teresa Peramato. Hasta que se celebró la rueda de prensa del Consejo de Ministros, pasada la una de la tarde, y el texto se actualizó con entrecomillados de Pilar Alegría y Félix Bolaños con el anuncio oficial, el lector no tuvo manera de saber de dónde procedía la información.

Informe del Consejo General del Poder Judicial. El aval del Poder Judicial a Peramato como nueva fiscal general tampoco está atribuido en la noticia que se publicó el martes a las 12.18. Del texto no puede deducirse si se extrajo del informe del Consejo o si procede de fuentes de este órgano, como sí citaron ese día las agencias de noticias.

Reconstrucción del nombramiento. Un reportaje publicado el miércoles reconstruye los pasos tomados por el presidente, Pedro Sánchez, y el ministro de Justicia, Félix Bolaños, en el nombramiento de Peramato. Pese a que el texto detalla reuniones y conversaciones privadas, hasta el cuarto párrafo no se citan fuentes.

“La rapidez con la que el periódico aspira a dar las noticias de última hora nos puede llevar en ocasiones a no hacer una atribución de fuentes desde el primer momento”, explica la subdirectora Mónica Ceberio, responsable de la sección de España. “Las noticias de última hora van desarrollándose y ampliándose poco a poco. Pero la velocidad no puede ser una excusa para que desde el inicio no estén registrados todos los elementos básicos de una información. Debemos extremar las cautelas para que así sea”, agrega.

La subdirectora recalca que cada vez resulta más difícil en la información política que las fuentes accedan a ser identificadas. “La atribución de fuentes es el elemento básico de cualquier noticia y se debe explicar al lector siempre, hasta donde podamos llegar, el origen de cada extremo de la información”, puntualiza. “Es un requisito esencial del método periodístico y así lo exige, además, nuestro libro de estilo”.

Lo ocurrido no implica una mala práctica de los periodistas al recabar la información, sino falta de transparencia al presentarla. Pero cuando el mismo error se repite tan seguido, la responsabilidad no es solo de los redactores, sino que apunta a un fallo en cadena de la maquinaria de edición, que no filtró los defectos. La revisión de los textos no puede centrarse en la corrección ortográfica y gramatical, sino que debe prestar atención a la técnica periodística.

“Quienes hemos leído este periódico desde jóvenes necesitamos que siga siendo un referente de rigor”, reflexiona Alberto Fernández en su carta. “Especialmente en un tiempo en el que la credibilidad de los medios se encuentra amenazada por la polarización y por la tentación del impacto fácil”. Por eso, este lector demanda que EL PAÍS permanezca como “un espacio de confianza”.

Confieso que me ha tocado especialmente esta carta, porque muestra crudamente cómo se puede resquebrajar la credibilidad cultivada durante décadas. En los últimos tiempos, los periodistas asistimos con cierto estupor al cuestionamiento de la profesión en diversos ámbitos y he aquí que un lector pone negro sobre blanco por dónde nos fallan las costuras. Por eso, me gustaría que este artículo sirviera de llamada de atención a extremar el rigor periodístico en la Redacción. Cada texto puede restaurar la confianza de los lectores o quebrarla; con esa responsabilidad, cada línea escrita debe apuntalar el compromiso de este periódico con la verdad, la transparencia y la honestidad.

Para contactar con la defensora puede escribir un correo electrónico a defensora@elpais.es o enviar por WhatsApp un audio de hasta un minuto de duración al número +34 649 362 138 (este teléfono no atiende llamadas).

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Sobre la firma

Soledad Alcaide
Defensora del Lector. Antes fue jefa de sección de Reportajes y Madrid (2021-2022), de Redes Sociales y Newsletters (2018-2021) y subdirectora de la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS (2014-2018). Es licenciada en Derecho por la UAM y tiene un máster de Periodismo UAM-EL PAÍS y otro de Transformación Digital de ISDI Digital Talent. 
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