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Universos paralelos
Columna

El fotógrafo de ‘Playboy’

Por primera vez llegan a Europa las fotografías de Don Bronstein. Sus imágenes perpetuaron tanto a la ciudad de Chicago como a sus músicos

Portada del libro 'Don Bronstein: Photographs 1958-1968', con el fotógrafo de Chicago fumando en pipa.

El 4 de abril se inaugura en Milán una exposición panorámica dedicada a un fotógrafo más que notable. The Rhythm of the Eye: Don Bronstein and the Jazz Scene in Chicago 1953–1968 estará en el museo Trienale hasta el 17 de mayo. Don Bronstein estuvo activo durante los años cincuenta y sesenta. Una carrera que, luego veremos, terminó bruscamente. Nacido en Chicago, Bronstein convirtió la ciudad en territorio propio. Y no es que allí faltaran grandes fotógrafos, desde Vivian Maier a Victor Skrebneski. Que, como todos los nativos, mantenían una feroz lealtad a su tierra (Jim Marshall, tal vez el más ilustre retratista del rock, fue la excepción al trasladarse a Nueva York).

El homenaje de Bronstein a su patria chica se plasmó en un libro de 1967 llamado Chicago I Will. El título invoca el espíritu de resistencia de los supervivientes del incendio de 1871, que devoró nueve kilómetros cuadrados de la metrópolis, dejó sin techo a un tercio de la población y provocó unas 300 muertes. La urbe se reconstruyó con la lección aprendida: adiós a los edificios de madera, verticalidad arquitéctonica favorecida por la implantación de los ascensores eléctricos. Soluciones urbanísticas hoy conocidas como la Escuela de Chicago.

Bronstein se sentía fascinado por el proceso de demolición de antiguos edificios y la construcción de nuevos rascacielos. Aunque su reputación partió de encargos aún más terrenales. Un buscavidas llamado Hugh Hefner le encargó fotografías de desnudos femeninos y le convirtió en el primer fotógrafo de plantilla de la revista Playboy. Pero su creatividad se desarrolló más gracias a dos hermanos nacidos en Polonia, Phil y Leonard Chess. Fundadores de Chess Records, se dedicaron a grabar jazz y blues, hasta que la eclosión del rock and roll les catapultó a la primera división de los sellos independientes.

Aun con todos los millones aportados por Chuck Berry o Bo Diddley, los Chess eran notablemente tacaños y racaneaban en todo el proceso de producción de los LPs. Bronstein se encargaba de las portadas de Chess y sus subsellos, Checker, Cadet y Argo. Acudía regularmente al modesto estudio de la compañía en el 2120 de South Michigan Avenue. Buscaba la naturalidad en las sesiones, aprovechando que eran músicos sin pretensiones que no creían que grababan arte imperecedero. No entendían la excitación de un grupo británico como los Rolling Stones que en 1964 entraron allí como si aquello fuera la Basílica de San Pedro.

Como correspondía al arquetipo de lector imaginado por Hugh Hefner, Bronstein fumaba en pipa y prefería el jazz. Rey de su corral, también trabajó para otras disqueras locales (Mercury, Bally, Vee-Jay). Ocasionalmente, le llamaban desde compañías grandes: ganó un Grammy por la impávida portada de People, cuarto álbum de Barbra Streisand, con la vocalista de espaldas a la cámara, a orillas del lago Michigan.

Pero Playboy pagaba mejor. A instancias de la revista, estaba en Acapulco cuando falleció mientras nadaba. Tenía 41 años. Su labor parecía desvanecida… hasta que su hija encontró en un desván un tesoro de fotos, negativos y documentos. Es el material que ha servido para elaborar un espléndido libro, Don Bronstein: Photographs 1958-1968, y la exposición que le traerá a Europa por vez primera. Entrada gratis, dicen.

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