Historia del gran jefe indio de Nueva Orleans

Big Chief Monk Boudreaux, líder de una de las tribus más antiguas de la ciudad estadounidense, visita por primera vez España para actuar en el Outono Códax Festival de Santiago de Compostela

Big Chief Monk Boudreaux, durante su actuación el 19 de noviembre en el Outono Códax Festival, en la sala Capitol de Santiago de Compostela.
Big Chief Monk Boudreaux, durante su actuación el 19 de noviembre en el Outono Códax Festival, en la sala Capitol de Santiago de Compostela.CRIS ANDINA

El gran jefe indio se ha pasado la noche cosiendo. Aparece por el hall del hotel y sonríe, con una mueca acogedora, de hombre tranquilo y que se las sabe todas. Es jueves, 17 de noviembre. A sus 80 años, Big Chief Monk Boudreaux acaba de pisar por primera vez España, dispuesto a disfrutar en Santiago de Compostela, ciudad en la que dos días después dio un concierto dentro de la programación del Outono Códax Festival, que difunde la mejor música jazz, soul y rhythm and blues proveniente de Estados Unidos y Europa. Fue un concierto histórico: nunca antes un viejo jefe de una de las tribus originarias indias de Nueva Orleans había actuado ante el público español. “Toma las cosas como vengan”, dice. “Nunca es demasiado tiempo si al final se llega”.

Monk Boudreaux es más que un músico. A medio camino entre un alto representante administrativo de la comunidad afroamericana en Nueva Orleans y un líder espiritual, este cantante de voz honda y grave mezcla con una fascinante habilidad todas las hebras de la música de raíces negras norteamericanas: jazz, blues, soul, funk y rhythm and blues. Incluso, tal y como se escucha en su último disco, Bloodstains & Teardrops ―por el que fue nominado a los Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Raíces―, es capaz de bucear en el reggae. No es casualidad: hay todo un camino invisible que junta Nueva Orleans con Jamaica, en un vibrante y mestizo espíritu de sonido afrocaribeño. “Nos une el sentimiento”, confiesa. “Somos hermanos desde antes de haber nacido”. Fanático de Bob Marley, Monk Boudreaux hizo una peregrinación a la tumba del rey del reggae en la montaña y grabó seis canciones en el estudio Tad’s International Limited, en Kingston (Jamaica). Conoció a los familiares de Marley y estos le reconocieron como “igual”.

Monk Boudreaux es un igual de Bob Marley y de muchas leyendas de Nueva Orleans con las que ha cantado y danzado: Professor Longhair, Allen Toussaint, Dr. John, Irma Thomas… Todas le respetaban y le pedían consejo. Sentado recuerda que desfiló en los funerales de Toussaint y Dr. John, en esa célebre second line, la tradición de la ciudad en la que, si bien una banda interpreta música triste mientras se lleva al fallecido hasta el cementerio, justo después, a la vuelta al hogar, se vuelve con música alegre. Al muerto se le dice adiós con un abrazo de vientos y metales sacado de lo profundo de la tierra de Luisiana y con bailes improvisados. “Dr. John conocía todo de nuestras tribus. Venía a nuestros bares y se podía estar con nosotros todo el día hablando y estudiando nuestra forma de ser”, cuenta Monk Boudreaux, quien define a Allen Toussaint, muerto en Madrid tras un concierto, como “un tipo bondadoso”, y eso, añade, “es lo más valioso”.

También trató con otros nombres ilustres. Bob Dylan se le acercó una vez y le dijo que le encantaba lo que hacía. “El tipo no era muy hablador”, cuenta con una sonrisita. “Parecía buena persona, pero no le gustaba quedarse con gente más que unos pocos minutos”. Con James Brown fue distinto: Big Chief Monk Boudreaux y su banda fueron a grabar a Nueva York en los setenta y tenían una actuación antes que James Brown en una sala. Cuando este se enteró que Big Chief Monk Boudreaux actuaría antes que él, pensó en prohibirlo. Nadie podía salir después de un gran jefe indio de Nueva Orleans. No solo era una falta de respeto: también era pegarse un tiro en el pie. Y así fue. James Brown quedó en un segundo plano.

Big Chief Monk Boudreaux, en otro momento de su actuación en la sala Capitol de Santiago de Compostela.
Big Chief Monk Boudreaux, en otro momento de su actuación en la sala Capitol de Santiago de Compostela.Cris Andina

Con sus movimientos de caimán agazapado y su danza hipnótica, este jefe indio siempre embruja sobre el escenario. Hay una cadencia como ancestral en sus movimientos, incluso cuando desliza las manos para expresarse. Cuando te observa, con su sonrisa anciana, parece que estuviese descifrando tu alma. Su mirada es profunda como el Misisipi, un río que, como a la ciudad donde nació, le ha acompañado toda su vida con su cauce extraordinario. Monk Boudreaux recuerda cómo de niño escuchaba a Al Johnson por la radio de su casa como si fuera un extraterrestre y, ya en la calle, los ancianos de su barrio cantaban blues en los porches y él se quedaba con ellos hasta muy tarde. A los 12 años entró en la tribu de los Golden Eagles, una de las más antiguas de Nueva Orleans. “Cuando éramos niños y nos disfrazábamos y enmascarábamos, nos metían en la cárcel”, rememora. “Esto pasaba hasta que un día el juez dijo: ‘No envíen a estos indios aquí, no los traigan más porque esta es su tradición’. Es así. Llevamos mucho tiempo en Nueva Orleans y nunca vamos a renunciar a nuestra tradición”.

Las primeras tribus de Nueva Orleans se formaron a finales del siglo XIX y hoy actúan como peñas integradoras de las comunidades afroamericanas al tiempo que defienden tradiciones y valores. Para un esclavo negro liberado convertirse en “indio” era una forma de afirmar su dignidad y manifestar admiración por la resistencia de los indios a la dominación blanca. Excluidos de las festividades del Mardi Gras, una tradición importada a Luisiana por los franceses a finales del siglo XVII, los barrios negros de Nueva Orleans desarrollaron sus propios festejos. Ahora, los indios del Mardi Gras son una parte venerada del tejido cultural de la ciudad. La serie Treme, dirigida por David Simon, refleja esta importancia. De hecho, Big Chief Monk Boudreaux sale nombrado en el primer capítulo, como uno de los grandes jefes indios de la ciudad y hace un cameo en otro episodio.

Big Chief Monk Boudreaux posa con la catedral de Santiago de Compostela de fondo el pasado 17 de noviembre.
Big Chief Monk Boudreaux posa con la catedral de Santiago de Compostela de fondo el pasado 17 de noviembre.MARTÍN CALVIÑO

En pantalla se le ve como un ciudadano normal, tal y como camina por Santiago. Ataviado con un gorro de lana de los Saints, el famoso equipo de fútbol americano de Nueva Orleans, este octogenario desprende paz. Es como si fuera un modo de resistencia contra la dinámica perversa del mundo, más aún cuando vive en Nueva Orleans, una de las ciudades con mayor índice de atracos y muertes por asalto de arma de EE UU. Fuera de micrófono, John Papa Gros, el increíble organista grandullón blanco que le acompaña en la banda, cuenta el día en que el jefe indio y él fueron asaltados a punta de pistola cerca de su casa. Iban a entrar a un comercio cuando un joven les apuntó con un revólver y Monk Boudreaux, sin perder la calma, se le quedó mirando fijamente hasta que se puso a hablar. Con su tono chamánico, el viejo jefe consiguió que el asaltante bajase el arma y le escuchase. El joven se puso a llorar y reconoció que acumulaba mucha rabia porque su mejor amigo, tan perdido y pobre como él, había muerto en un tiroteo. Boudreaux entendía la situación, le abrazó y le invitó a unirse a los Golden Eagles. “No queremos gente que vaya a traer problemas a la tribu”, confiesa. “Pero, a veces, somos capaces de ver más allá de las personas y vislumbrar otras opciones en ellos”.

Cuando Monk Boudreaux empezó a desfilar en sus primeros carnavales, Nueva Orleans tenía nueve tribus. Ahora hay casi 60. Al principio, las tribus competían por imponerse sobre las demás en los desfiles y en las esquinas. Había enfrentamientos callejeros cargados de peligro. Tras varias muertes y tanto sufrimiento que solo perjudicaba a la comunidad afroamericana, los jefes indios acordaron evangelizar a sus tribus en la paz y cambiar el modo de comportamiento. Lo consiguieron. Ahora, los Golden Eagles compiten con los Black Cherokee, los Geronimo Hunters o los Wild Apache en combates simbólicos, rivalizando entre sí con cantos y danzas rituales. También con la exuberancia de sus trajes inspirados en las vestimentas ceremoniales de los indios de las llanuras. “No dejamos que exista la violencia. El Mardi Gras es una celebración”, explica Monk Boudreaux. De esta forma, los talleres de costura sustituyeron a las armas. Vestirse con los ampulosos trajes de lentejuelas y brillos y con los tocados de plumas de avestruz mientras se danza y se canta es la forma que tienen las comunidades afroamericanas de rendir homenaje a los indios que acogieron a los esclavos fugitivos en los pantanos de Luisiana.

Monk Boudreaux abandona el salón del hotel y sube a su habitación. Cuenta John Papa Gros que es de mala educación preguntarle si se puede ver el traje que está confeccionando para el siguiente Mardi Gras. “Es una ofensa”, asegura. “Solo puede partir de él compartirlo con alguien”. Regresa el jefe indio y muestra un trozo de tela cosida por él mismo ese día. Ha salido de él. Los trajes, que pueden pesar hasta 70 kilos, están confeccionados a mano. Tal y como explica Monk Boudreaux, requieren un año de trabajo. Esta mañana ha estado trabajando en el que se pondrá en febrero, cuando Nueva Orleans vuelva a ser una olla festiva con las tribus indias y las orquestas presidiendo los carnavales.

Otro momento de la actuación de Big Chief Monk Boudreaux.
Otro momento de la actuación de Big Chief Monk Boudreaux.Cris Andina

Cae la noche y el gran jefe espera sentado en el camerino de la sala Capitol, donde se celebra el Outono Códax Festival. Irradia la misma paz de la mañana. John Papa Gros y el resto de la banda están repartiendo una cera tremenda de hot jazz y rhythm and blues al más puro estilo Nueva Orleans mientras Monk Boudreaux, con sus ropajes puestos, asegura que lo último que un jefe debe calzarse encima antes de salir al escenario es, por este orden, los guantes y la corona de plumas. Se los calza y, entre bambalinas, camina lento hacia el escenario, como danzando suavemente con los ritmos frenéticos que llegan de lejos. Va hacia ellos, como un pájaro busca el sol. John Papa Gros confesó que, cuando vio por primera vez a Big Chief Monk Boudreaux, sintió “un pinchazo eléctrico”. “Tío, no había visto nada igual. Te deja en shock y, luego, te eleva. Es otro nivel que solo puedes ver en Nueva Orleans”, dijo. Y explicó que solo, cuando Big Chief agita la cabeza y clama al cielo con los ojos blancos, como poseído por magia vudú, se llega a entender lo que significa la música de los indios de Nueva Orleans. No siempre sucede.

Las cortinas rojas se corren y un inmenso pavo real naranja, azul y platino aparece entre las sombras. El gran jefe indio baila, se contornea, toca la pandereta y se dispone a llevar a cabo sus conjuros de pinchazos eléctricos. El éxtasis llega. Agita la cabeza y brama a la noche, con los ojos poseídos y viajando a través del Misisippi. La banda explota con su estallido tribal, ancestral, único.

Cuando todo acabe, Big Chief Monk Boudreaux, el mismo anciano que afirmó por la mañana que su filosofía de vida es “tratar a los demás mejor de lo que ellos te traten”, volverá a su habitación del hotel y seguirá cosiendo su nuevo traje. “Nunca es demasiado tiempo si al final se llega”, aseguró. Cada punzada es un pasito más hacia el Mardi Gras. Y, como dicen en Nueva Orleans, no has vivido realmente del todo si no has conocido el Mardi Gras.

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Sobre la firma

Fernando Navarro

Redactor cultural, especializado en música. Pertenece a El País Semanal y es autor de La Ruta Norteamericana. Ejerce de crítico musical en Cadena Ser. Pasó por Efe, Abc, Ruta 66, Efe Eme y Rolling Stone. Ha escrito los libros Acordes Rotos, Martha, Maneras de vivir y Todo lo que importa sucede en las canciones. Es de Madrid.

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