OPS, El Roto y Rábago: las tres personalidades del artista se reúnen en una exposición

El dibujante exhibe en un solo espacio los trabajos con los que explora desde sus distintos heterónimos los territorios del subconsciente, la conciencia y el espíritu

'Los convocados', una de las obras de la exposición de Andrés Rábago en la galería Veta by Fer Francés.
'Los convocados', una de las obras de la exposición de Andrés Rábago en la galería Veta by Fer Francés.Pedro Martínez de Albornoz

Entre las décadas de los setenta y principios de los noventa, el dibujante OPS divulgó sus trabajos en revistas satíricas hoy extintas como Madriz y La codorniz. Empezó en época de censura, de modo que se estableció como un ilustrador “mudo”: eran las imágenes las que cargaban con todo el peso del mensaje. No fue por escasez de ideas —pues muchas se quedaron sin realizar y aún siguen anotadas en cuadernos de donde el autor adelanta que ya no saldrán—, sino más bien por la “necesidad de diversificarse” por lo que OPS acabó retirándose del oficio. Le cogieron el relevo dos artistas que podrían considerarse sus hijos: uno, el que heredó su “vertiente social”, se llama El Roto y publica sus certeras viñetas de actualidad en EL PAÍS. El segundo, que firma con el apellido de Rábago, preserva su espíritu esteta practicando una pintura hermanada con el arte metafísico italiano de principios del pasado siglo.

Todos esos creadores únicos pero interconectados, puesto que son todos heterónimos de Andrés Rábago (Madrid, 1947), comparten cartel en la exposición Tres en uno: OPS, El Roto, Rábago, que se inaugura este viernes 10 de junio en la galería Veta de Madrid. “Yo soy los tres y ninguno el que menos”, explica el artista, café en mano, en medio del vasto espacio donde se exhiben sus trabajos: una sala con numerosas estancias y más de 1.200 metros cuadrados en el barrio de Carabanchel que inauguró a finales del año pasado Fer Francés, el “alma máter” de este despliegue. “Cada uno de ellos son estratos mentales distintos”, ilustra: “OPS alude al terreno del subconsciente, El Roto se mueve en el de la conciencia y Rábago en el del espíritu”.

'La contaminación', uno de los dibujos de Andrés Rábago realizados para el Museo del Prado que puede verse en 'Tres en uno', en la galería Veta.
'La contaminación', uno de los dibujos de Andrés Rábago realizados para el Museo del Prado que puede verse en 'Tres en uno', en la galería Veta. EL ROTO

Aunque OPS ya se jubiló, El Roto y Rábago están obligados a compartir las horas de la jornada laboral de Andrés. Cada uno, eso sí, trabaja de forma independiente y apenas llegan a cruzarse salvo, quizás, “en pequeños detalles relacionados con la técnica”. Después de una visita rápida al quiosco a primera hora para comprar la prensa y “recopilar aquellas cosas que me puedan interesar del día a día”, es Rábago el que se asigna el hueco de la mañana para así aprovechar la luz que inunda el estudio del artista, su “territorio sagrado” y el lugar donde reconoce que se encuentra más a gusto. “Necesito esa luz matinal, porque los matices de color son muy importantes”, abunda. La tarde es pues el momento para El Roto y su mirada afilada, cuyo estilo el propio autor concede que “ha creado escuela” y que el galerista Fer Francés no duda en catalogar como “arte” más allá del medio y el contexto en el que se difunde. Un arte que, lamenta, no ha encontrado como tal el reconocimiento debido.

Con todo, no han faltado en la carrera de Andrés Rábago momentos de gloria. A finales de 2019, en su 200 aniversario, el Museo del Prado le invitó a entablar un diálogo con Goya, para lo que realizó ex profeso una serie de aguadas de las que se exponen varios ejemplos en la muestra: imágenes muchas veces descacharrantes y siempre demoledoras —como un Saturno con sobrepeso “devorando salchichas”— con las que el autor estruja y saca un nuevo jugo a la deformidad que con tan buen tino capturó el maestro aragonés. “Además de ser un dibujante y un pintor gigante, yo creo que es en Goya donde por primera vez emerge el subconsciente”, apunta. “Muchas de sus obras tienen que ver con ese algo que iba emergiendo, porque todavía no había llegado Freud. Ya había algo ahí y él lo sacó fuera”.

'Los cazadores', de Andrés Rábago, en la galería Veta by Fer Francés.
'Los cazadores', de Andrés Rábago, en la galería Veta by Fer Francés.PEdro Martínez de Albornoz

OPS, que siguió esa senda marcada por Goya, aún tiene pendiente una gran antológica que recupere sus muchos trabajos inéditos y poco conocidos. “Es mi ilusión”, admite el autor. A Rábago, por su parte, le despejaron el camino pintores como Giorgio de Chirico y Carlo Carrà. Su pintura metafísica, cuyo desarrollo se truncó por las guerras mundiales, planteaba una mirada al “alma humana” desde una perspectiva diferente a la religión. “Mi intento es recuperar ese espacio mental que ellos desarrollaron y hacerlo a mi manera”, explica el pintor, cuyos cuadros abren ventanas con vistas al campo, a hoteles y restaurantes donde el tiempo y el espacio parecen haberse suspendido y los personajes, aun estando acompañados, rezuman una soledad y un asombro trascendentales. “Insisten en que los humanos somos animales. Yo insisto en que en aquello que somos se ha incorporado algo a ese animal que fue, algo que ya no pertenece al reino animal. No me refiero solamente al lenguaje, sino a algo que no procede de la propia tierra”.

Aunque sus referentes son eminentemente visuales y él mismo se declara un “visitante asiduo de exposiciones, de galerías y de museos” así como “lector de revistas”, el lenguaje y su expresión literaria también componen una de las claves del estilo de El Roto. Sus ácidas viñetas donde la imagen se alía con frases redondas y precisas marcan la última parte del recorrido de la exposición, donde cada personalidad de este artista múltiple se exhibe en un espacio diferente. Como si fueran editoriales, las obras de El Roto no solo abren los ojos del que mira, sino que también informan. “Creo que funcionan como obra plástica y como periodismo”, señala el autor, que tras toda una vida ligado al sector considera que el oficio no atraviesa precisamente sus mejores momentos: “No está cumpliendo su función correctamente. Se ha convertido en vehículo de la manipulación, y eso es algo que nunca debió ocurrir”.

Vista de la exposición de Andrés Rábago en la galería Veta.
Vista de la exposición de Andrés Rábago en la galería Veta.

Tampoco ayuda la predicha aunque nunca del todo consumada desaparición del papel en favor de internet, un medio que él no frecuenta. “Creo que hay una voluntad de que el papel desaparezca. ¿Por qué? Porque es mucho más difícil manipular cuando existe un documento en papel que en internet, donde la información es un fluido en constante transformación”, asegura. Y claro, también está el tema de la censura. Rábago reconoce y agradece la libertad con la que ha podido trabajar, pero considera que esa situación no la comparte todo el mundo. “Echando la vista atrás, la censura es hoy más estricta que en la época de OPS: hay bromas de Gila o de Summers que ahora serían tabú”, lamenta. ¿Miedo a ser cancelado por su sátira? Ninguno. “Tampoco importaría tanto porque todo está prácticamente dicho”, asegura. “Si quiero seguir haciendo esto es porque me gusta”.

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Sobre la firma

Silvia Hernando

Redactora en BABELIA, especializada en temas culturales. Antes de llegar al suplemento pasó por la sección de Cultura y El País Semanal. Previamente trabajó en InfoLibre. Estudió Historia del Arte y Traducción e Interpretación en la Universidad de Salamanca y tiene dos másteres: uno en Mercado del Arte y el otro en Periodismo (UAM/EL PAÍS).

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