Descubiertas una tumba megalítica, una villa y unos baños romanos en el cabo de Trafalgar

El monumento funerario hallado tiene más de 3.800 años y la mansión del siglo I a. C. es la primera documentada en la zona gaditana de la Bética romana con una piscina para la cría de pescado

Restos de los baños romanos descubiertos en los arenales de los Caños de Meca.
Restos de los baños romanos descubiertos en los arenales de los Caños de Meca.alejandro ruesga

El poderoso y enigmático señor romano que en el siglo I a. C. se construyó una fastuosa villa con vistas al Estrecho de Gibraltar, con zona para la cría de pescado y la elaboración de salazones, desconocía que edificó su mansión justo al lado de una tumba megalítica de la Edad del Bronce (1800 a. C.) excavada en la roca. En este mismo lugar, en el cabo de Trafalgar (Los Caños de Meca, Barbate, Cádiz), se construyó, apenas un siglo después, un baño romano o balneum; se erigió la villa medieval de Meca, se produjo la cruenta batalla que se libraría ya en el 1805 de nuestra era y se levantó el faro que hoy es icono del enclave. Esta región de Cádiz, famosa por su historia y su paisaje natural, puede presumir ahora de ampliar su valor histórico-cultural.

Los investigadores del grupo HUM-440 de la Universidad de Cádiz, liderados por el catedrático de Arqueología Darío Bernal, se establecieron como meta averiguar los orígenes de la acuicultura en la zona gaditana de la Bética romana con el proyecto Arqueostra y han acabado dando con tres hallazgos excepcionales en un radio de unos 500 metros del faro de Trafalgar. “Barbate apenas tenía restos arqueológicos y ahora tiene prehistóricos y romanos”, ha resumido Bernal, después de dar a conocer in situ los detalles de los descubrimientos en una visita presidida por la consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo. La magnitud de lo localizado en el proyecto que arrancó en junio de 2020 ha obligado a ampliar un año más los permisos para desarrollar una tercera campaña y el inicio de un expediente de declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) de los restos.

Distribución de los hallazgos arqueológicos localizados por la Universidad de Cádiz en el cabo de Trafalgar
Distribución de los hallazgos arqueológicos localizados por la Universidad de Cádiz en el cabo de TrafalgarEl País

A los profesores de Prehistoria Juan Jesús Cantillo y Eduardo Vijande algo no les encajaba cuando llegaron al camino que sube hacia el faro de Trafalgar. Bernal —uno de los mayores especialistas europeos en acuicultura romana— les llamó ante la sospecha de una disposición de piedras “poco usual”, como ha apuntado Cantillo. Con la excavación, se consumó la sorpresa: una tumba megalítica de la Edad del Bronce con 3.800 o 4.000 años de antigüedad, nunca expoliada y en la que descansaban los restos de seis mujeres y un niño. Los científicos han excavado un pasillo a modo de corredor dolménico que daba acceso a una cámara subterránea artificial excavada en la roca con un diámetro de tres metros y una altura de, aproximadamente, un metro. En ese camino aparecieron los restos de cinco de los individuos agrupados y en el interior de la cámara, el de una mujer enjoyada con un ajuar de pendientes de oro y cuentas de collares con piedras de talco y azabache.

La disposición lleva a Cantillo a deducir que la tumba se aprovechó hasta el enterramiento de esa mujer, última moradora de un espacio que se selló y nunca más se abrió, hasta ahora. Y la propia ubicación del monumento significa para el profesor que debe haber más enterramientos similares en el cabo: “Esto tiene que ser un complejo funerario”. Tras el hallazgo, se abre un periodo de indagaciones científicas en el que el análisis genético de los huesos permitirá saber la edad, el parentesco “e incluso la alimentación” de las finadas, como explica el experto. “Los huesos están en un estado excepcional de conservación. Los enterraron para que perduraran, ya que esto es un enclave único”, añade Vijade.

Una gran villa

Justo a la espalda de esa tumba prehistórica, un señor romano, por ahora desconocido, levantó una gran villa aterrazada y marítima de más de 500 metros cuadrados, en el siglo I a.C. Los espacios habitacionales —que llegaron a estar decorados con pinturas murales de origen itálico— coexistían con otros industriales dedicados a la salazón y al cultivo de pescado de roca, en un complejo conocido como cetaria. En las siete cubetas incluso han aparecido restos de un garum —salsa romana muy famosa hecha con especias y vísceras de pescado— desconocido hasta ahora, compuesto por erizos de mar y cangrejos. Justo a los pies del acantilado, los arqueólogos han encontrado una piscina que se usaba para criar peces. “Ese vivero hace que sea una casa única en la Bética [región durante el Imperio Romano asimilable a la actual Andalucía]. Solo hay cuatro casos más en la Península con piscinas con viveros de pescado”, apunta el profesor José Juan Díaz Rodríguez.

Vista cenital de la villa romana (siglo I a.C.) construida en el acantilado del faro de Trafalgar con una zona de piletas para salazones de pescado.
Vista cenital de la villa romana (siglo I a.C.) construida en el acantilado del faro de Trafalgar con una zona de piletas para salazones de pescado.EL PAÍS

Por motivos desconocidos, el propietario de tan espectacular mansión distribuida en tres terrazas y que debía tener “grandes ventanales al mar”, como explica Díaz, abandonó la construcción en el mismo siglo que la levantó. Los investigadores sospechan que ese abandono puede estar ligado con el tercer hallazgo, un complejo de baños o balneum que se ha localizado a unos 500 metros del faro. Lo que parece una alta duna muy cerca del mar ocultaba las tres salas de vapor —frigidarium, zona templada y caliente— de un complejo termal rural que data del siglo I d. C. y que estuvo en uso hasta el año 400 de nuestra era. La sedimentación natural en una zona salvaje y de muchos vientos ha propiciado el excepcional estado de lo encontrado, que conserva la planta completa de las estancias y sus muros con puertas y dinteles en pie. “Las salas estaban decoradas con pinturas murales rojas y amarillas”, resume Díaz.

La espectacularidad de estos baños ha llenado la zona de curiosos que, desde hace más de una semana, llevan especulando con el posible origen de lo encontrado. Aunque ya existía constancia de que la zona podía tener vestigios romanos, esta ha sido la primera excavación científica realizada en el cabo y sus inmediaciones, hoy famosas por sus playas y su naturaleza. Tal ha sido la expectación que el Ayuntamiento de Barbate tuvo que pedir a los visitantes que no entrasen en la construcción. Eso ha llevado a los arqueólogos y a la Junta de Andalucía a tomar la decisión de volver a enterrar provisionalmente todo lo localizado. La idea es realizar una nueva campaña de excavación en octubre que intentará encontrar los restos de una factoría de salazón que podría estar ubicada bajo la misma duna, junto a los baños, en lo que se cree que era una zona rural ubicada no muy lejos de la poderosa ciudad romana de Baelo Claudia (Bolonia, Tarifa). Paralelamente, la Consejería desarrollará el trámite de protección BIC del espacio, mientras ya plantea en el futuro “proceder a una musealización con un circuito de visitas”.

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Jesús A. Cañas

Es corresponsal de EL PAÍS en Cádiz desde 2016. Antes trabajó para periódicos del grupo Vocento. Se licenció en Periodismo por la Universidad de Sevilla y es Máster de Arquitectura y Patrimonio Histórico por la US y el IAPH. En 2019, recibió el premio Cádiz de Periodismo por uno de sus trabajos sobre el narcotráfico en el Estrecho de Gibraltar.

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