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EP Pantallas BLOGS Coordinado por Héctor Llanos

El milagro político de la Antártida, el continente de los prodigios

El periodista Mario Cuesta explora en un documental el éxito de la comunidad científica, que ha logrado que este rincón del planeta no se contagie de muchos de los defectos de la raza humana

Tráier de 'Antártida: un mensaje de otro planeta'.

¿Y si existiera un lugar gobernado por la ciencia, en el que desde hace décadas predomine el respeto por los animales y la cooperación entre países en vez del conflicto? Ese lugar no es imaginario; se encuentra en nuestro mismo planeta y ocupa el espacio equivalente a una vez y media Europa. Se llama la Antártida y es un gigantesco laboratorio en el que se analiza el impacto climático que definirá el futuro del ser humano.

El periodista Mario Cuesta, que ha viajado por medio mundo trabajando detrás de las cámaras para programas de televisión como el Desafío Extremo de Jesús Calleja, quedó impactado con el milagro que ocurre en el Polo Sur la primera vez que visitó el lugar. El Tratado Antártico firmado por 12 potencias mundiales en 1959 protege desde entonces a la región de la negativa influencia de la raza humana. Aunque varios países del Tercer Mundo protestaran en el pasado por que fuera un pequeño grupo de países poderosos el que decidiera sobre la explotación de minerales en la zona, el acuerdo ha logrado hasta ahora proteger sus codiciados recursos naturales.

“Me pareció la tierra prometida. Además de ser un escenario impactante es el lugar donde se están tomando medidas medioambientales más eficaces y donde la ciencia encuentra el laboratorio más grande del mundo. Comparado con otros países en los que he trabajado, marcados por el conflicto bélico, es un reducto para la paz y el diálogo”, comenta Cuesta por teléfono. Cuando regresó, decidió rodar una película que mostrara el aspecto menos explorado de la región. Durante el verano austral de 2017 grabó a bordo del buque oceanográfico Hespérides la cinta Antártida: un mensaje de otro planeta, que acaba de ganar el Premio del Público en la sección Impacto del Another Way Film Festival y puede verse en Movistar+ y en Filmin. “Hay bastantes documentales sobre la Antártida, pero casi todos se enfocan en la naturaleza o la investigación científica y apenas se habla de su prodigiosa organización política. Cuando se ha intentado modificar en estos 50 años ese espíritu del tratado, ha sido la propia comunidad internacional la que se ha encargado de contrarrestar esos impulsos depredadores del hombre y de proteger su esencia”, explica el director.

La Antártida de Cuesta, que recopila testimonios de quienes viven y trabajan en ella durante varios meses al año, es también un homenaje a todos los ingenieros, cartógrafos y diseñadores cuyo esfuerzo salva vidas y hace posible las grandes gestas humanas aunque que no suelen salir en la foto. Su particular exploración del continente desconocido analiza cuestiones más generales, “como qué es lo que impulsa realmente el avance del ser humano”, apunta el periodista.

Otro de los retos de la región es controlar el aumento exponencial del turismo. Ha pasado de 45.000 visitantes en el año 2017 a los 75.000 del año 2019, lo que puede contaminar, en el sentido más amplio del término, a esta burbuja de oxígeno al sur del planeta. El mayor reto a la hora de completar la película, con un equipo técnico reducido a mínimos, ha sido precisamente adaptarse a las estrictas y necesarias medidas de protección del continente, que restringen al máximo la libertad de movimiento y obligaba al equipo a readaptar su agenda de rodaje varias veces al día.

Pero la Antártida que registra Cuesta no es perfecta. Por ejemplo, en ella también existe la misoginia, con pocas científicas en puestos de mando, aunque el documental deja claro que esos defectos llegan a modo de herencia del otro lado del mundo. “¿Se puede cambiar la sociedad desde la ciencia?”, pregunta en un momento dado a una científica chilena. “Por supuesto, por eso estamos acá”, responde ella. Sin querer pecar de idealista, el director sí admite una “necesidad de creer en lo naíf en un mundo asolado y asediado por la guerra y la contaminación”.

Cuesta también ha lanzado un libro infantil ilustrado, Antártida: el continente de los prodigios (editorial Mosquito Books), supervisado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y que adapta para los niños el contenido del documental. En ambos casos plantea la posibilidad de que un ser humano más amable pueda mejorar su incierto destino en el planeta Tierra. “No defendemos una simple utopía, porque mostramos un ejemplo que es real, en el que las grandes potencias del mundo han sido capaces de mantener el diálogo en un lugar en el que también existen intereses económicos”, defiende. “Siempre observamos a la Antártida desde el punto de vista del mundo desarrollado, pero esta vez quería reflejar cómo se ve el mundo en el que vivimos desde la Antártida. De haber existido, sus habitantes nos mirarían con desconcierto y perplejidad”.

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