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PURO TEATRO

El póquer de Rigola

El director no pudo estrenar 'La gaviota' en marzo en Barcelona como estaba previsto, pero espera llevarla a Madrid en septiembre

El director teatral Àlex Rigola.
El director teatral Àlex Rigola.

Le pregunto a Àlex Rigola qué hacía cuando estalló la pandemia. Me dice: “Era el 16 de marzo, el primer día que se envía a todo el mundo para casa. Estábamos a punto de estrenar La gaviota en La Villarroel. Y el primer día con espectadores de pago. Nos pilló de lleno. ¿El reparto? Estupendo: Mónica López, Nao Albet, Pau Miró, Roser Vilajosana, Xavi Saez y Melisa Salvatierra, una actriz debutante, nada menos que como Nina. Intenté que hubiera una cierta semejanza entre sus temperamentos y los personajes que interpretaban. Y creí también que era un buen momento para reflexionar sobre las incertidumbres que tenemos ante el teatro y nosotros mismos como artistas”.

Le digo: “Quizás sea La gaviota la que aborda temas más teatrales. Tú tienes elementos de Treplev y de Trigorin”. “Bueno”, ríe, “yo ya he sido Treplev y ahora soy más Trigorin. Llega un momento en el que empiezo a sentir que tengo su lenguaje. Te lo puedo decir ahora, con 50 años. No sé si es el mejor o el peor territorio, pero quizás me parezca, cosa rara, donde me encuentre más a gusto”.

"Tú has elegido Vania y La gaviota en dos temporadas muy cercanas. ¿Son historias muy distintas, o en el fondo Chéjov está hablando de lo mismo?”. Me contesta: “Son personajes muy parecidos, obsesionados porque sus vidas se les han escapado. Siempre está muy cerca la idea del suicidio. Necesitan el amor para sobrevivir, pero la tremenda ironía es que cuanto más claro lo ven como salida, más se les escapa. Chéjov sabía muy bien de lo que hablaba. En todos sus finales hay desesperanza o melancolía, pero han vivido, no todo lo que querrían, pero han conocido el amor”.

Le digo: “Tú y Julio Manrique estábais ensayando un Chejov cuando la pandemia. Y parece que se pandemizan un poco La gaviota y Las tres hermanas”. Responde: “Casi todos están en una calle sin salida, porque además son territorios rurales. Sería curioso que cada tantos años un director montara su Chéjov favorito, y ver cómo ha ido cambiando su visión a partir de equis años. Es decir, cómo ha ido cambiando él”. Rigola añade que en este caso La gaviota será teatro dentro del teatro. Y explosiva la mezcla entre realidad y ficción: Treplev y Trigorin se enfrentan, y Nao Albet y Pau Miró, que los encarnan, se carean hablando de sí mismos. “Quería atrapar ese enfrentamiento generacional. También reparé que el espacio donde Arkadina sueña y a la vez teme, es el teatro del que es empresaria, porque sus sueños le salen caros. Es vivir con la soga al cuello durante dos años con cada espectáculo”.

El montaje va a La Abadía en septiembre, gira tres meses por toda España y llegará al Grec del próximo año. “Cruzo los dedos porque tengo el dinero de la compañía en cuatro espectáculos. Son La gaviota, por supuesto. Macho man, una instalación antimachista en forma de laberinto escénico que estrenamos en Temporada Alta y que ha de estar al menos quince días en cada sitio. La tercera, que también pasó por Temporada, es Un país por descubrir, la historia de un padre agonizante y su hija: Pep Cruz interpreta al padre, y Alba Muñoz se interpreta a sí misma. Una de las obras de las que estoy más orgulloso. También irá a La Abadía”, dice Rigola. “No me cansaré de repetir lo emocionante que me pareció. Notabas los golpes en el pecho. Me alegra mucho de que vuelva a girar”, le digo.

“El teatro es amo de un territorio donde el cine no va a ganarle nunca: el ágora. A mi me interesan donde se cruzan y se encuentran las motivaciones de actor y personaje, ese momento en que tienen una necesidad brutal de expresar lo que les está sucediendo”, me cuenta. “Pep Cruz ha cumplido 73 años. ¿Cómo no va a pensar cada vez más en la muerte? ¿Y Alba? Los dos personajes te están regalando sus miedos, sus frustraciones... La cuarta función aún no tiene título, pero sí tiempo, atmósfera: la fiesta, lo que la gente más puede desear tras la pandemia. “Su espacio”, me dice, “podría estar cerca al de El sueño de la noche de verano. ¿Cómo puede suceder que buena parte de nuestra sociedad necesite alcohol y drogas para seguir viviendo? Desde siglos, mucha gente anhelaba la noche de San Juan para romper con su normalidad, porque se le hacía insoportable”. Le digo: “Podríais jugar a titularla Arden, por el bosque de Como gustéis, y por el fuego de los personajes”. Se ríe. “A mí se me ocurre Factory, porque, si lo pienso, mi bosque de Arden sería la Factory de Andy Warhol”. Le digo: “Esas cuatro funciones son un póquer muy sugestivo”. Me dice: “Esperemos que no cierren los teatros otra vez”.