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LIBROS

La peste emocional y la pandemia fascista

La reedición del ensayo de Wilhelm Reich sobre los movimientos totalitarios recupera la figura de un pensador maldito para los biempensantes

Discurso de Hitler en el congreso del partido nazi de 1936 en Núremberg. rn
Discurso de Hitler en el congreso del partido nazi de 1936 en Núremberg. 

Contrariamente a lo que el análisis tradicional sugiere, “fascismo no es sino la expresión políticamente organizada de la estructura del carácter del hombre medio, una estructura que no está ligada ni a determinadas razas o naciones ni a determinados partidos, sino que es general e internacional”. Este es el resumen, en sus propias palabras, de la tesis que ­Wilhelm Reich expuso en su Psicología de masas del fascismo, un libro fundamental para entender la naturaleza del movimiento nazi que no ahorra críticas a la deriva, a su juicio igualmente fascista, del comunismo soviético. La reedición de la obra, casi un siglo después de que fuera escrita y 40 años más tarde de su primera traducción al castellano, sirve para recuperar la memoria de un pensador maldito para todos los biempensantes pero que fue reivindicada, una década después de su muerte, por los jóvenes protagonistas de Mayo del 68.

En conversaciones con profesionales nacidos en los años setenta he comprobado que la huella de Reich, muy profunda en la generación que entonces ocupó las universidades de media Europa reclamando un cambio sustancial del orden establecido, es hoy casi inexistente para quienes ocupan los principales centros de poder y decisión. Gran parte de ellos desconocen sus teorías sobre la economía sexual, el orgón como principio energético, y la influencia de la inhibición y la represión genital en la conformación de la sociedad autoritaria. El tiempo no ha pasado en balde, claro está, y cuando se explica semejante tesis no son frecuentes las airadas reacciones que en su tiempo suscitaron, pero abundan las sonrisas irónicas y aun los comentarios sarcásticos sobre quien es tildado nuevamente de científico loco, sin atender al significado último de su pensamiento al margen los errores y extravagancias en que acabó incurriendo.

La peste emocional y la pandemia fascista

Nacido en el Imperio Austrohúngaro en el seno de una familia judía, Wilhelm Reich fue discípulo temprano de Sigmund Freud, de quien se distanció al tiempo de hacerlo también de la práctica del psicoanálisis clásico. Primero socialdemócrata decepcionado, más tarde comunista expulsado del partido, se exilió en los países nórdicos antes de recalar en Estados Unidos, donde murió en la cárcel condenado por desacato a la autoridad después de que la Administración Federal de Medicamentos se incautara de sus activos, quemara sus libros y apuntes científicos y le acusara de fraude sanitario como si de un vulgar curandero se tratara. En dicha operación el Gobierno americano se incautó además de cientos de ejemplares de una máquina de su invención, el orgonon o acumulador de orgones, y prohibió su venta.

Reich consideraba que “la energía específicamente biológica es el orgón, unidad de medida de la energía cósmica vital”. En el libro explica que la represión sexual es la base de la familia patriarcal, mitificada por la Iglesia y las religiones en general, pero también por otras ideologías políticas que sustentan al Estado. En su opinión, “las inhibiciones y el debilitamiento de la sexualidad”, singularmente en el caso de niños y jóvenes, “constituyen los presupuestos más importantes para la existencia de la familia autoritaria”, núcleo esencial en el que se apoya el poder de los Estados. La angustia religiosa y el sentimiento de culpabilidad que se genera entre quienes traspasan los límites de la decencia convencional no hacen sino potenciar los sentimientos y las emociones del mundo familiar. Estas permean las masas, no solo en el caso de la pequeña burguesía, sino también en el de la clase obrera. La expansión de esa especie de peste emocional es utilizada por el caudillo de turno en busca del apoyo popular a su figura, deificada y admirada sin racionalidad alguna. En ese sentido, no es la superestructura política ni el poder dictatorial lo que adoctrina a las masas sobre las características del fascismo, sino que las masas mismas son responsables iniciales del movimiento que luego terminará por organizarse como partido político. La falta de libertad sexual es la causa y origen de la ausencia de libertad en general, asumida interiormente por los individuos debido al carácter estructural del autoritarismo que el Estado representa. Eso explica entre otras cosas que muchos integrantes de la clase obrera se sumaran a las filas del nacionalsocialismo. Menciona el ejemplo de “la sumisión de la mujer, aunque sea comunista, a la ropa decente de los domingos” que, junto con otras aparentes menudencias que se convierten en crónicas, tiene en ella una influencia reaccionaria mayor que la de los panfletos y proclamas de la revolución. Por todo ello la lucha contra la represión sexual debe ser “parte del combate total de los explotados contra los explotadores”,

Wilhelm Reich escribió más de una treintena de libros, algunos de gran éxito como La lucha sexual de los jóvenes o La función del orgasmo, del que publicó dos versiones complementarias con una diferencia de 20 años entre ambas. Fueron enormemente populares entre la juventud en los años sesenta del pasado siglo, cuando una auténtica revolución sexual se produjo en Occidente, animada además por el descubrimiento y distribución en masa de la píldora anticonceptiva, cuya reputación subió de tono gracias a las encíclicas papales que la condenaron. El libertarismo que Reich preconizaba reivindicó el derecho al placer y alimentó el movimiento feminista, que convirtió el sujetador en un símbolo de la opresión sexual. Como reclamo de una vida en armonía con la naturaleza, que alejara al hombre del animal sádico y mecanicista en que se había convertido desde su reprimida infancia, propuso también una democracia del trabajo que no se derivara de ideologías políticas o proposiciones demagógicas. “La democracia del trabajo natural”, escribe, “no es un programa político; es una función redescubierta biosociológica, natural y básica de la sociedad”. Son frecuentes también sus ataques a politicastros y demagogos, en expresiones que mucho recuerdan algunos de los comentarios de esta hora.

La edición actual se basa en la traducción del original al inglés y en la que hizo del alemán al castellano Roberto Bein en 1980, y ha sido validada por el Wilhelm Reich Infant Trust. En la portada luce el símbolo del orgón, que resume la unión del cuerpo (soma) y la psique. Hoy día se vende como abalorio y seña de identidad de la ciencia de la energía vital. En Internet he encontrado además anuncios de acumuladores de orgones que se comercializan por encima de los 5.000 dólares. Junto a institutos y fundaciones científicas que cuidan su legado, abundan chamarileros y mercaderes que lo rentabilizan. Él creía que el siglo XX podía marcar el comienzo de una era social libre de política. Los hechos demuestran cuán errado estaba y hasta qué punto la peste emocional origen de los fascismos emponzoña hoy día el ejercicio de la democracia.

Psicología de masas del fascismo

Wilhelm Reich

Traducción de Alfredo Bein

Enclave de Libros, 2020

502 páginas. 25 euros

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