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NUEVA ETAPA EN EL BALLET NACIONAL DE ESPAÑA

Rubén Olmo: “El flamenco ha eclipsado los otros estilos de la danza española”

El nuevo director del Ballet Nacional de España arranca su mandato con varios estrenos en el Festival de Jerez

Rubén Olmo, en un ensayo del Ballet Nacional de España.

Cuando el año pasado el Ministerio de Cultura anunció el nombramiento de Rubén Olmo (Sevilla, 40 años) como responsable del Ballet Nacional de España (BNE), en sustitución de Antonio Najarro, la reacción fue unánime: todo el sector opinó que era la persona adecuada para poner la danza española definitivamente en el siglo XXI. Olmo conoce bien la institución porque a los 18 años ingresó en ella como bailarín, pero además entiende lo que es trabajar en el ámbito privado porque a los 23 dejó el BNE para formar su propia compañía. “Sé lo que hay tanto dentro como fuera de aquí y lo voy a aprovechar. Esta casa a veces se ha mirado demasiado a sí misma y no siempre ha estado atenta a lo que pasaba fuera. Quiero que el BNE sea el corazón de todo lo que pasa en la danza española”, afirma.

Estamos en la sala de ensayos del BNE en Madrid y el consenso se nota aquí también. Olmo ha vuelto como director a una institución que conoce desde abajo y se mueve por la casa como si fuera un compañero más. Quizá esa camaradería tenga que ver también con su personal trayectoria. Nació en una familia humilde en las Tres Mil Viviendas, un barrio marginal de Sevilla donde lo que se esperaba de los niños era que jugaran al fútbol en la calle, no que quisieran bailar. Pero a los tres años él ya tenía claro que no era como los demás y sus padres tuvieron la suficiente sensibilidad para inscribirlo en una escuela de flamenco.

Después ya no lo pudo parar nadie: a los 16 años debutó como profesional en la formación de Javier Barón, a los 18 entró en el BNE, a los 23 formó compañía propia, poco después se arruinó por culpa de un mal gestor, ha trabajado con todo tipo de coreógrafos y fue director del Ballet Flamenco de Andalucía de 2011 a 2013. En 2015 le fue concedido el Premio Nacional de Danza por su dominio de todos los estilos. Dicen por los pasillos que es una enciclopedia de la danza española.

Rubén Olmo, en una sala de ensayos del Ballet Nacional de España.
Rubén Olmo, en una sala de ensayos del Ballet Nacional de España.

“Es un sueño haber llegado a dirigir el BNE. En ninguna otra compañía hay tantos recursos, es muy difícil desarrollar grandes ballets en el ámbito privado porque se necesitan elencos grandes y nuevos compositores más allá de Falla o Turina. Solo así podremos actualizar la danza española y la escuela bolera y colocarlas en el siglo XXI”, dice Olmo. Este es uno de los grandes objetivos que se ha impuesto para su mandato: poner en marcha la renovación total de estos dos estilos genuinamente españoles. “La explosión del nuevo flamenco los ha eclipsado. La mayoría de los coreógrafos se ha volcado en el flamenco porque se vende muy bien en el extranjero, lo que ha hecho que los otros dos queden un tanto abandonados, pocos se han puesto a actualizarlos como se ha hecho con el flamenco. Hay que ponerlos al día para conectarlos con el público contemporáneo”, explica el director.

Olmo ya ha empezado a trabajar en este objetivo y lo demuestra en el primer programa que ha diseñado para el BNE desde que llegó a la dirección, que clausurará el 7 de marzo el Festival de Jerez, cita señera del flamenco y el baile español. Arranca con dos coreografías propias de nueva creación dedicadas a estos dos estilos, Invocación bolera y Jauleña (esta última es un solo que interpreta él mismo), continúa con la recuperación de Eterna Iberia, de Najarro, y el estreno absoluto de la suite De lo flamenco, homenaje a Mario Maya con creaciones de Rafaela Carrasco y el propio Maya. “Aquí está todo lo que quiero desarrollar en los próximos años. Impulsar nuevas creaciones, renovar la escuela bolera partiendo de los pasos tradicionales y profundizar en el legado de los grandes maestros”, resume el director.

El coreógrafo está trabajando también en la creación de un nuevo gran ballet que va a estar protagonizado por una mujer, en la tradición de Carmen, en este caso inspirado en la Bella Otero, “una de las primeras artistas españolas de proyección internacional, muy influyente durante la belle époque, bailarina, actriz, estrella del Folies Bergère, cortesana y amante de poderosos hombres de la época. Ganó muchísimo dinero y se lo gastó todo en el casino de Montecarlo. Yo interpretaré a Rasputín, a quien conoció durante una gira por Rusia”, avanza Olmo. “La estructura va a ser como la de un café cantante flamenco tradicional y eso nos va a permitir transitar por muy diferentes estilos: desde una muñeira o un zapateado hasta un cancán”, añade.

La Bella Otero se estrenará en el Teatro de la Zarzuela el año que viene, pero hasta entonces Olmo tiene muchos otros proyectos desarrollándose en paralelo. “Quiero que vengan a trabajar aquí coreógrafos de diferentes estilos, no solo de los géneros españoles sino también de danza contemporánea, para enriquecer esa renovación que pretendo. Los dúos heterodoxos siempre han dado resultados espectaculares. Hay grandes ejemplos: la fusión Israel Galván-Akram Khan, la Celestina que coreografió Ramón Oller para el BNE, la reciente Electra de Antonio Ruz también para el BNE... ¡No hay ningún estilo prohibido. Todos nos enriquecemos mutuamente!”, exclama.

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