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Robert Eggers: “Me gusta ver la realidad a través de una ventana sucia”

El cineasta, que tuvo un sonado debut con 'La bruja', dirige una desquiciada historia de terror en 'El faro', coprotagonizada por Willem Dafoe y Robert Pattinson

Robert Pattinson escucha las instrucciones de Robert Eggers (derecha), en el rodaje de 'El faro'. En vídeo, avance de la película.

Como asegura el actor Robert Pattinson,, cualquiera que haya visto La bruja (2015) estará convencido de que el director, Robert Eggers, es un tipo raro. “En la realidad es una persona de lo más agradable”, aclara el intérprete. “Nada más ver su obra supe que me encantaría trabajar con él”, coincide Willem Dafoe. Ellos son los protagonistas de la nueva rareza cinematográfica que es El faro, película que sobrecogió en el festival de Cannes, consiguiendo el premio de la crítica, y que ahora disfruta de una candidatura a los BAFTA y que narra la historia de dos fareros en el siglo XIX abandonados en un pequeño islote de la Nueva Inglaterra. Esta película, su segunda, hace muy poco para cambiar la reputación de raro de Eggers. “¿Raro? Quizá, pero yo no lo creo. Es cierto que tengo otros intereses. Me gusta la mitología y la religión, los cuentos populares y los de hadas. Los cultos y la brujería. Y casi todos aquellos que me han influido están muertos. Pero fuera de mi estudio, de mis libros de [WILLIAM]Blake, también conecto con el mundo que me rodea”, se explaya durante una entrevista un realizador que más parece salido del reparto de Son of Anarchyque de la escuela de cine.

Eggers, de 36 años, nunca pisó una escuela así. Pero a pesar de su peculiar filmografía, se crio “como cualquier otro chaval estadounidense” con una dieta basada en Star Wars, Disney y Spielberg. Su madre les enseñó a él y a su hermano Max a leer con Stanislavski, pero la primera vez que Robert se dio cuenta de que el cine lo hacía gente como él fue a los seis años con El retorno del Jedi. Luego vería Cabeza borradora y La ciudad de los niños perdidos y fue en Nueva York, el lugar donde escapó de su New Hampshire natal, donde descubrió que la verdadera escuela era verlo todo: 10, hasta 20 películas al día, y aprender de los mejores. “Lo sigo haciendo”, apunta. “Aprendo más revisitando las largas tomas de Miklós Jancsó que en una de Los Vengadores”.

Aroma de Poe y Melville

Con un ligero tartamudeo se disculpa por su pedantería, aunque se reafirma en sus gustos. El faro huele a Edgar Allan Poe y a Herman Melville. Pero lo que dio más forma a la historia fue una minuciosa investigación histórica, para poder recrear un tiempo pasado con gran atención al detalle, como dice Dafoe, y precisamente capaz de conectar con el público. “Para sonar aún más egomaniaco citaré a esa discípula de Jung, Marie-Louise Van Franz, que vaticinó que los cuentos de Hans Christian Andersen no serían tan populares como los de los hermanos Grimm por ser muy de su época, demasiado victorianos. No sé qué tiene que ver mi historia de dos fareros con los Grimm pero yo espero ser más como esos hermanos”, explica.

Pattison admite que tuvo sus momentos de duda ante la locura que es El faro, rodado en blanco y negro, en película, con un formato 1.19:1 (más cuadrado que el utilizado habitualmente) y con viejas cámaras de los comienzos del cinematógrafo. Si a eso se suma un rodaje en un faro de Nueva Escocia bajo las inclemencias de un tiempo que cambiaba cada 20 minutos, el desastre era bastante factible.

Eggers, que dejó claras las estipulaciones técnicas en la primera página del guion, admite que hubo algo de divertimento en todo ello, pero nada fue caprichoso. Seguía su propia visión estética. “Yo admiro el trabajo de [el director de fotografía] Chivo Lubezki. ¿Quién no? Pero él está enamorado de la Alexa 65, del realismo digital de sus imágenes, mientras que a mí me gusta ver la realidad a través de una ventana sucia”.

Supersticioso y escarmentado, prefiere no hablar del cine que le espera. Dafoe confirma que volverán a trabajar juntos en The Northman con Anya Taylor-Joy, la actriz que se presentó al mundo con La bruja.

 Supersticioso y escarmentado, prefiere no hablar del cine que le espera. Dafoe es quien confirma que volverán a trabajar juntos en The Northman con Anya Taylor-Joy, la actriz que se presentó al mundo con La bruja (2015). Lo que parece aparcado es el proyecto de revisitar Nosferatu, el clásico del cine mudo que le gustaría convertir en una historia corta para separarla del original de Murnau, de la obra de Bram Stoker y, por supuesto, de la versión de Herzog. “Este proyecto va a ser difícil”, confiesa resignado el realizador imparable.

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