Arte

¿Ha sido Banksy fagocitado por el sistema?

El Círculo de Bellas Artes expone sin permiso del artista 70 de sus obras en manos de coleccionistas privados en una muestra que suscita preguntas legales y morales

'Paseando al perro de Haring', una de las obras de la exposición en el Círculo de Bellas Artes, de Madrid. En vídeo, todas las claves de la exposición de Banksy.FOTO: SAMUEL SÁNCHEZ (VÍDEO: JAVIER MARMISA / LUIS ALMODÓVAR)

En una de las dos salas del Círculo de Bellas Artes de Madrid donde se expone Banksy. The Street is a Canvas (La calle es un lienzo) está la serigrafía original de la serie Niña con globo, una de las obras más conocidas del artista británico del que se desconoce su identidad. Al lado de la pieza, un vídeo emite en bucle el momento en que este dibujo se autodestruye tras ser subastado en Sotheby´s en 2018 por más de un millón de euros. La crítica al sistema capitalista que el creador hizo aquel día mira de frente a la pieza original, ahora en manos de un coleccionista privado, y que solo se puede ver si se pagan los 16,50 euros de la entrada general de una exposición que no está autorizada (como tampoco las precedentes) por Banksy.

Como sucedió con la última muestra del artista británico en Madrid en 2018, surgen más preguntas sobre la moralidad y legalidad de exponer su trabajo sin su permiso que sobre el propio contenido de la obra. Las más de 70 piezas que se reúnen en esta nueva exposición, 18 de ellas únicas (no hay más copias), pertenecen a coleccionistas privados. En la mayoría de los casos a Lilley Fine Art/Contemporary Art Trader Gallery, con sede en Lisburn (Irlanda del Norte). Es una galería que se promociona como experta a nivel mundial en Banksy. Según explica Rafa Jiménez, uno de los responsables de la exposición, Lilley Fine Art, como cualquier otro coleccionista, demuestra la autenticidad de sus piezas al poseer un billete de 10 libras rasgado con la cara de Diana de Gales. Es el documento (inspirado en una obra de Banksy) que emite Pest Control, la organización sin ánimo de lucro creada por el autor para verificar sus obras.

No sucede lo mismo con Fallen Angel, la imagen de un ángel sentado, con un cigarro y una botella, que apareció en el puente de Londres y que llega a Madrid en su estado original, es decir, en un trozo de muro. Pertenece a un coleccionista, aclara Jiménez, pero no especifica cómo se puede demostrar la propiedad sobre un objeto que forma parte del mobiliario urbano de una ciudad. “La obra está valorada en tres millones de libras (3,3 millones de euros)”, asegura, “toda la exposición en más de 10 (unos 11 millones de euros)”.

Banksy idea su arte para que se exponga al aire libre, en las calles de decenas de ciudades del mundo, sin tener que pagar por verlo. Y así se refleja en una gran instalación audiovisual que guía al visitante por distintos mapas de ciudades para encontrar la obra del artista. Solo hay dos lugares donde el creador ha permitido el intercambio comercial: en el hotel The Walled Off con vistas al muro en Palestina y en la tienda Gross Domestic Product, que abrió en 2019 en Londres, para vender obras y mercancía y hacer uso de los derechos de marca. Con excepciones. El pasado septiembre, la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) dictaminó que Banksy no puede ser reconocido como dueño exclusivo de The Flower Thrower (El lanzador de flores), que había realizado en Jerusalén en 2005, ya que no se puede comprobar su identidad. De esta manera, Full Colour Black, una empresa de tarjetas de felicitación, puede seguir comercializando sus productos.

Lógica de mercado

Aún así, en la entrada de la exposición hay una tienda de merchandising donde se pueden adquirir sudaderas y demás objetos con imágenes y lemas del artista. “Estas obras no están registradas en términos de identidad de marca. Son objetos que se pueden comprar en internet. Nosotros solo hemos producido la imagen de la exposición”, defiende Jiménez.

La manera en que Banksy entiende el arte urbano como una crítica al capitalismo, a la sociedad de consumo, a la hipervigilancia a la que los ciudadanos están sometidos, a la desigualdad y otros tantos temas aparece en la exposición que inaugura el Círculo de Bellas Artes del 3 de diciembre de 2020 al 9 de mayo de 2021. Esta misma enmienda al sistema ha acabado fagocitada por ese sistema. Y es en ese debate en torno a la vigencia del sentido del trabajo de Banksy en el que Valerio Rocco Lozano, director de esta institución, encuentra el sentido a organizar la exposición: “Nos interesa su carácter contradictorio, cómo entra en la lógica del mercado y se pueden producir muestras como esta”.

Es decir, Banksy. The Street is a canvas pretende explicar cómo ha saltado el autor de la calle a una sala de exposiciones, a una subasta o a una galería privada. Una parte de la muestra reúne imágenes tomadas por Steve Lazarides, antigua mano derecha del artista. “Fotografió muchas de sus intervenciones y es en parte responsable de que las obras de denuncia pasasen a las galerías de arte”, explica Jiménez. Solo en una ocasión el artista dio su autorización, fue en una exposición celebrada en 2009 en colaboración con el Museo de Bristol, de donde es originario, y por la que cobró una libra. “Esta es la primera exposición que hago en la que el dinero de los contribuyentes se utiliza para colgar mis fotografías en lugar de despegarlas de las paredes”, declaró entonces, como se puede leer en una de las cartelas de la exposición.

“No rehuimos el debate ni la reflexión”, continúa Rocco. “En el Círculo queremos llegar a distintos tipos de público y acompañar la exposición con debates que se planteen la propia exposición. Asumo como director la parte moral de esta decisión y respecto a los derechos de autor, la parte legal, si hay reclamaciones, también lo asumiremos”. Por el momento, Banksy no se ha pronunciado a través de su página web, el canal que utiliza en estos casos.

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