Maestro en la ciudad de los poetas

El festival Cosmopoética homenajea a Pedro Roso, catalizador de la escena literaria corbobesa en las últimas dos décadas

Homenaje de poetas a Roso en Córdoba: desde la izquierda, de pie, Javier Álvarez, María Rosal, Daniel García Florindo y Federico Abad. Sentados: Antonio Luis Ginés, Juan Antonio Bernier y Antonio Monterroso.
Homenaje de poetas a Roso en Córdoba: desde la izquierda, de pie, Javier Álvarez, María Rosal, Daniel García Florindo y Federico Abad. Sentados: Antonio Luis Ginés, Juan Antonio Bernier y Antonio Monterroso.Chencho Martínez

Lejos del estereotipo del poeta que escribe desde la soledad de su buhardilla a rebufo de las musas, la poesía puede ser un acto de creación colectiva. Lo demostró Pedro Roso (Córdoba, 1953-2020), artífice del Aula de Poesía de la Posada del Potro. “Que Córdoba sea una ciudad poética no es por arte de magia, sino fruto del trabajo de personas como Pedro, que generaron tejido de base”, dice el poeta Antonio Agredano, director del festival Cosmopoética, que se celebra en la ciudad hasta el 4 de diciembre. Roso fue profesor, crítico, ensayista, poeta, gestor cultural, sindicalista, pero, sobre todo, maestro de poetas. Falleció el pasado 12 de octubre y estos días ha recibido un tributo.

Dicen que Roso fue un intelectual de la vieja escuela, un hombre serio pero con retranca, dialogante y comprometido, le gustaba pasear y escuchar, y sus silencios eran muy elocuentes. Formó a poetas en su taller, como Pablo García Casado, Eduardo García, Antonio Luis Ginés, María Rosal, Federico Abad, Juan Antonio Bernier, José Daniel García... que confrontaban sus versos y les hacía cirugía, y por las lecturas que organizaba pasaron los grandes nombres del panorama poético nacional. Muchos de sus alumnos llegaron a dar sus propios talleres, que llegaron cada vez a más autores y lectores, como un virus poético en la ciudad andaluza.

“Estaba lejos de las ideas cortoplacistas”, señala Ginés, que acaba de publicar el poemario Antonov en la editorial Bartleby y ha coordinado la publicación Casa de Paso, que el festival dedica al maestro: “Trabó una estrategia de fomento de la escritura, con paciencia, que dio resultado”.

“Pedro tenía un gran conocimiento y lo transmitía llevándonos a la duda”, añade la poeta María Rosal, amiga y alumna suya. “De esa duda, de ese trabajo de relectura del texto, nacía la poesía”. Roso fue director general de Cultura del Ayuntamiento cordobés. Aunque muchas administraciones quieran apostar por grandes eventos culturales, la espectacularización y la numerología de los miles de asistentes, a veces actividades menos pirotécnicas, son las que crean la base sólida sobre la que se edifica la cultura.

Generación de los 90

Las actividades del maestro, y las que a su vez generaron sus discípulos, tuvieron que ver con la explosión poética cordobesa de los años noventa del pasado siglo, que llevó a muchos de sus autores a primera línea del panorama nacional, como es el caso de Carlos Pardo, Vicente Luis Mora, Elena Medel, José Luis Rey, Joaquín Pérez Azaústre o Pablo García Casado. También con la creación de Cosmopoética, tal vez el festival más importante de España en esta disciplina, que surgió a principios de siglo, cuando Córdoba optaba a la Capitalidad Europea de la Cultura. La capitalidad no se logró, pero el festival pervive.

“No solo salieron poetas de los talleres de Roso, sino muchas personas con una relación afectiva con la poesía que luego la han fomentado como público o desde cargos institucionales”, afirma García Casado. Este año, por razones pandémicas, el festival se ha visto algo menguado y, por las mismas razones, el país invitado no está demasiado lejos: es España. Congrega estos días a poetas como Jaime Siles, el polaco Adam Zagajewski (por videoconferencia), Aurora Luque, Juana Castro o Lara Moreno y a músicos como María José Llergo, Antonio Luque (Sr. Chinarro), ToteKing o Sílvia Pérez Cruz.

“Roso no era nada sectario, le gustaba divulgar todas las corrientes de la poesía”, subraya García Casado. Lo describen como una persona atenta a las causas de su tiempo que reclamaba la poesía como patrimonio de la ciudadanía, lejos de considerar al poeta como un ser elegido. “Era partidario de conocer las diferentes tradiciones y desconfiaba de los poetas adánicos que dicen no beber de sus predecesores”, agrega su discípulo. En su obra académica destacan los estudios sobre Luis García Montero, Fernando Merlo o el también cordobés Pablo García Baena, miembro del grupo Cántico, otra eminente generación poética en la ciudad, a mediados del siglo XX. “Era poeta y ciudadano, y supo sacar la poesía a la calle”, recuerda Siles.

Y a los bares. Los jueves, después de sus talleres y lecturas, la charla poética seguía al calor de unas copas de fino en la célebre taberna Plateros.

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