Lo que queda de Ucrania

En un futuro próximo con más aspecto de posapocalipsis que de posguerra, sitúa el cineasta Valentyn Vasyanovych su parábola distópica

Este de Ucrania, año 2025, apenas uno después del fin de la guerra en el Donbás. Ahí, en un futuro próximo con más aspecto de posapocalipsis que de posguerra, sitúa el cineasta Valentyn Vasyanovych su parábola distópica sobre los estragos de la contienda. Los físicos, sobre el paisaje, pero sobre todo los emocionales: estrés postraumático en un par de soldados y los que les rodean. Es Atlantis, premio de la sección Orizzonti del festival de Venecia de 2019, que además llega a la plataforma Filmin poco más de un año después del estreno en cines de Donbass, magnífica película de Sergei Lonitzsa, el más reputado de su país, que en cierto modo reinventaba el bélico para estos tiempos donde ciertas guerras son más un polvorín incomprensible que una lucha entre estados. El programa doble que forman ambas obras resulta espeluznante en su crudeza.

Más cerca del Lonitzsa documentalista que del Lonitzsa director de ficción, al menos en Donbass, que se asentaba en los planos secuencia en continuo movimiento, Vasyanovych articula su puesta en escena a partir de planos fijos alargados en el tiempo durante minutos, apenas rotos en momentos muy puntuales por sutiles, casi imperceptibles movimientos de cámara. Así, en una Ucrania plagada de minas, tanto físicas como metafóricas, comienza a reinar una especie de Gran Hermano de 1984 que lo que hace es cerrar empresas “deficitarias” y “trabajar por un nuevo futuro con una Ucrania competitiva y brillante”.

Sólida como el acero de sus factorías, rocosa como sus paisajes, aunque también con algún instante tan marmóreo que torna en lo plomizo, Atlantis se extravía a veces porque parece regodearse en la lentitud de su sistemática de un modo algo autocomplaciente. Sin embargo, enseguida surge un plano deslumbrante a altura de su concepto, como el del reencuentro del guerrero con la calma: en los restos de una excavadora que llena de agua y en la que provoca las llamas. He ahí la distopía: un insólito baño caliente, un extraño fuego físico que se configura como antítesis del volcán del Donbás.