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Un viaje doloroso a través de las fronteras y los libros

'Fronteras' de un grupo de periodistas especializados en movimientos migratorios relata el afán de supervivencia de aquellos que deben huir de sus países

Refugiados en el campo de Moria, en la isla de Lesbos, en Grecia.
Refugiados en el campo de Moria, en la isla de Lesbos, en Grecia.

La portada escapa del mazazo gráfico, puede trasladar al lector a un libro de poesía o un tratado filosófico. Pero no. Basta mirar a los autores, cinco, para entender que estas páginas van de otra cosa. Que ninguno de ellos recurre al verso para descerrajarnos a bocajarro un tiro de realidad.

Fronteras es un viaje, un viaje doloroso, cuajado de muertos y supervivientes en los ambientes más hostiles que pueden vivirse estos días entre esas líneas que delimitan unos países y otros. Profundiza en esa realidad que cada día se asoma a los telediarios, los periódicos y las redes sociales de manera más bien acelerada y camuflada entre el ruido de los que defienden que cada uno está mejor en su casa.

El profesor Javier de Lucas como prologuista y los reporteros Javier Bauluz, Daniela Pastrana, Juan José Téllez y Nicolás Castellano son perros viejos de las fronteras, de las alambradas y de los muros, que, como recuerda la abogada Patricia Fernández Vicens, con más frecuencia de la que pensamos son obstáculos invisibles que van más allá de lo físico pero que son mucho más difíciles de superar.

Los aventureros sin salacot que nos llevan a través de estas páginas se desplazan empujados por el afán de supervivencia, la guerra, el hambre o los desastres naturales o el cambio climático. Huyen, como bien explica Daniela Pastrana, de la política que impone un país como Estados Unidos desde antes de que el presidente Donald Trump llegara al poder. De hecho, al lector le puede sorprender que su antecesor, el Nobel de la Paz Barack Obama, “deportó a más de cinco millones de migrantes” en lo que supone la mayor ola de expulsiones de la historia del país.

Los detalles de las familias rotas, esas que se quedan a uno y otro lado de la frontera de por vida, explican una realidad que no tiene su punto de partida, ni mucho menos, con la actual administración estadounidense. Llevar un faro del coche tuerto es la excusa perfecta para que te echen al lado mexicano tras tres décadas en un país al que llegaste de niña.

Pastrana nos pasea por la durísima y sórdida realidad del corredor migratorio del continente americano. Apuntala su relato sobre una década siguiendo esta ruta que destila dolor, sangre, peligro e impunidad. El horror convertido en rutina sin que haga falta una pantalla con imágenes en movimiento. Su texto es suficientemente explícito.

Más allá de las reflexiones y contextualización de Javier de Lucas, algo tan básico y recordado en el reporterismo como poner rostro a las cifras y las estadísticas, acaba siendo un pilar fundamental para comprender de qué estamos hablando cuando tenemos Fronteras entre las manos. Eso sí, los datos con los que nos alumbra Nicolás Castellano explican la dimensión de una tragedia que no nos puede dejar mirando para otro lado. Solo en la ruta del Mediterráneo han muerto más de 34.000 personas emigrando entre 1993 y 2018.

Fronteras hace buena pareja con otra obra publicada recientemente también por Libros.com. En lo más ancho del Estrecho Fernando García Arévalo, fotógrafo de muy largo recorrido en asuntos migratorios, entrelaza imágenes con reflexiones de sus varias décadas por escenarios habituales en los medios de comunicación y otros rincones más recónditos de las rutas de los que cruzan de un país a otro. Juan José Téllez, que ya en 2001 publicó Moros en la costa, conoce bien los escenarios que desde hace décadas recorre García Arévalo con su cámara. Son incansables agitadores de conciencia de largo recorrido. Y siguen en la brecha ahora que se ha dejado atrás el trigésimo aniversario del primer cadáver de las pateras en las costas andaluzas. El que documentara el periodista Ildefonso Serna el 1 de noviembre de 1988.

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