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EL DISCO DE LA SEMANA CRÍTICA i

Iggy Pop: el precio de la fama

El nuevo álbum del músico estadounidense recibe una calificación de 6 sobre 10

La fama es, a veces, una cárcel. Eso piensa Iggy Pop, pionero de la estética punk, agitador nihilista al frente de The Stooges y calavera andante e incansable del rock musculoso y engrasado. La fama es ese modo de vida que lleva a un músico célebre, de incuestionable peso en la historia del rock, a estar exhausto de su papel sobre el escenario. De esa fama quiere huir Iggy Pop y de esa huida, o intento de huida, trata su nuevo disco, Free.

Iggy Pop: el precio de la fama

Artista: Iggy Pop

Disco: Free

Sello: Caroline / Music as usual

Calificación: 6 sobre 10.

No es que La iguana quiera dejar la música, sino que el reptil más famoso del rock muestra en Free sus desvaríos ante el cansancio mental y físico de este negocio, en el que, todo sea dicho, ha doblado la rodilla en alguna ocasión de forma preocupante para mejorar las cifras de su cuenta corriente. El agotamiento viene motivado especialmente por la gira junto a Josh Homme, líder de Queens of the Stone Age, con el que, según apuntaron en la prensa musical anglosajona, pudo chocar en una lucha de egos. De aquel notable Post Pop Depression que ambos se marcaron en 2016, viene ahora este disco en el que Iggy baja de cilindrada. Free es una obra intimista, articulada desde un jazz espiritual que se sale del molde de su carrera. Habría que remontarse al endeble Avenue B, publicado en 1999 y producido por Don Was, para hallar un álbum tan esotérico y confesional. Por fortuna, el nuevo trabajo tiene más virtudes que aquel.

Ya en los primeros compases del disco afirma Iggy Pop que quiere “ser libre”. Lo repite, después de un pasaje instrumental lúgubre, y ese anhelo teñido de melodrama y frustración impregna todo lo demás. Destaca en esta búsqueda lo que el propio Iggy Pop dijo en la nota de presentación del álbum cuando afirmó: “En este disco otros artistas hablan por mí, pero yo presto mi voz”. Hace bien en reconocer el trabajo de los mayores comunicadores de Free: Sarah Lipstate, guitarrista experimental de 30 años que se esconde tras el nombre artístico de Noveller y que ha trabajado con Lee Renaldo y Sonic Youth, y, especialmente, Leron Thomas, trompetista tejano de 40 años, que se ha labrado un nombre en la inquieta escena neoyorquina actual y ha colaborado con músicos fuera del círculo como Michael Stipe y los raperos Mos Def y Lauryn Hill.

El álbum descansa en el buen hacer de ambos, creadores de ambientes seductores –sobre todo en la primera parte del disco-, pero especialmente es la trompeta de Thomas la que introduce a Free en un plano sugerente, escurridizo. En Loves Missing se puede encontrar al Iggy Pop más acorde a su figura rockera, pero resaltan Sonali o James Bond por sus filigranas jazzísticas y Dirty Sanchez, más paisajística. La segunda parte del álbum se desploma con We Are The People, Do Not Go Gentle Into That Good o Tha Dawn, en las que Iggy recita más que canta. Al estilo de Johnny Cash, Bob Dylan o Lou Reed, el septuagenario cantante de los Stooges ofrece su obra de la vejez. Por estilo, empasta mejor con David Bowie y su Blackstar, pero Iggy Pop se queda peldaños por abajo allí donde Bowie subió a los cielos. 

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