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¿A quién le importa saber de cine?

La Academia presenta, tras dos años de trabajo, un documento marco como proyecto pedagógico para formar nuevos espectadores en colegios e institutos

Presentación en Madrid de 'Cine y Educación' en la Academia de Cine,
Presentación en Madrid de 'Cine y Educación' en la Academia de Cine, Europa Press

Las encuestas lo delatan: los españoles de 15 a 24 años están, de media, 140 minutos al día delante de un móvil, 84 minutos ante un ordenador y 34 con una tableta. Y ya ni hablemos de la televisión. En cuanto al cine, cerca del 40% de los españoles entre 16 y 29 años visita las salas más de tres veces al año. Todo eso es lenguaje audiovisual, y no existe obligación para ningún alumno español de aprenderlo. Dependerá de la bondad de su profesor.

Como para hablar de historia del cine. Si parece un escándalo que los alumnos españoles no sepan quiénes son Cortázar o Borges, ¿por qué no indigna igual que acaben el bachillerato sin conocer a Luis García Berlanga o a Luis Buñuel? En un movimiento comunitario, como pocas veces se ha dado en la industria cinematográfica española, todos los sectores se han reunido y conjurado durante dos años para crear un documento marco para un proyecto pedagógico, Cine y Educación, que en formato libro ocupa 253 páginas, que está disponible en formato digital en la web de la Academia de Cine, en cuya sede se presentó la propuesta el jueves.

Para la ocasión, estuvieron presentes cineastas cuyas obras están recomendadas en el documento (Cecilia Bartolomé, Patricia Ferreira, Enrique Gato, Imanol Uribe, Manuel Gutiérrez Aragón, Josefina Molina e Isabel de Ocampo); directores de escuelas de cine como los de la ECAM y la ESCAC; productores; la presidenta de FEDICINE (la federación que agrupa a los estudios de Hollywood en España), Estela Artacho; distribuidores independientes como Golem; otros miembros de la comunidad cinematográfica como Lola Salvador o Sol Carnicero; el director de la Filmoteca Española, Josetxo Cerdán, y multitud de integrantes del centenar de iniciativas que por España luchan por enseñar cine de forma admirable. Incluso hubo políticos: el senador del PP Alberto Gutiérrez Alberca, que ha presidido esta legislatura la Comisión de Cultura de la cámara baja; Sofía Miranda, concejala de Ciudadanos en el Ayuntamiento de Madrid, y el exministro de Educación Ángel Gabilondo.

"A las Administraciones nunca les ha interesado nada esto del cine" (Fernando Lara)

Todos escucharon las palabras amables pero duras del presidente de la Academia, Mariano Barroso, que arrancó el acto. "Los Goya tienen mucha repercusión mediática, pero a nosotros nos importa igual Cine y Educación por su importancia social. Aquí acaba, con esta presentación, el compromiso de la Academia, lo que no quiere decir que nos salgamos de ello. Dejamos en manos de las administraciones públicas su desarrollo. Hemos hecho un trabajo que deberían de haber preparado ellos, aunque lo hemos realizado de buena gana. Hemos recogido 100 iniciativas distintas, que antes trabajaban por su cuenta y que ahora hemos coordinado. Es un proyecto sin controversia, y pedimos a las Administraciones que lo apliquen". Porque ahí está el meollo del asunto: la Academia no tiene ningún poder, y la educación está transferida a las Comunidades Autónomas. "Ya no hay excusas para las administraciones públicas. Con esta iniciativa pasamos el testigo", aseguraba uno de los coordinadores, Fernando Lara, "en esta carrera de relevos a las administraciones. Esperamos que de una vez por todas llegue el cine a las aulas. No nos corresponde a nosotros hacer una memoria económica, sino a las administraciones. Proponemos empezar con un millón de euros con centros pilotos el próximo curso. Luego si no se hace es culpa de las Administraciones. Llevamos muchos años de retraso en este campo".

Cine y Educación es exhaustivo. Los tres coordinadores del documento (Fernando Lara, Mercedes Ruiz y Marta Tarín) incidieron que es un documento no dogmático, y que sirve incluso como guía de formación del profesorado. "Hemos buscado soluciones a todos los posibles problemas, como el capítulo que habla de los derechos de autor", contaba Lara, que fue muy duro al final de su intervención: "A las Administraciones nunca les ha interesado nada esto del cine. No hemos sido los primeros en encarar este esfuerzo, pero sí los que hemos logrado agrupar más", e insistió en la falta de excusas para los políticos. Ante la cuestión de si es necesaria una asignatura de cine o una enseñanza transversal, Lara regateó la bomba trampa: "Nosotros queremos que los alumnos disfruten aún más del audiovisual. No que se aprendan la filmografía de Ford, sino que profundicen en esa pasión. Apoyamos en una primera fase una iniciativa más transversal, apoyando la posibilidad de ir a las salas, que es fundamental, y de hacer cine, porque así se conoce mejor el lenguaje y la estética. No queremos la carga coercitiva de una asignatura. Al menos en esa primera fase".

"Los Goya tienen mucha repercusión mediática, pero a nosotros nos importa igual 'Cine y Educación' por su importancia social" (Mariano Barroso)

Hay más detalles interesantes en Cine y Educación. Como su análisis de la legislación educativa estatal y de cada comunidad autónoma para ver cómo introducir el cine en cada ciclo educativo; como su guía exhaustiva de interpretación para que los profesores adquieran las habilidades necesarias; como su listado de largos y cortos españoles "adecuados a los diversos tramos educativos" con su sinopsis y valoración... Además, listados de todas las iniciativas relacionadas con la educación cinematográfica, sean públicas o privadas. Más completo, imposible.

Al final, el anexo que puede levantar más suspicacias. Una lista "orientativa" -se insistió mucho en este adjetivo- de cien películas de referencia del cine español. "No pretendemos que sean las cien mejores películas españolas según la Academia", aseguraron, "sino una sugerencia de filmes susceptibles de formar una buena videoteca, y que van de 1930 a 2000 para tener una distancia crítica". De ahí que arranque en La aldea maldita, de Florián Rey, y acabe en El mar, de Agustí Villaronga.

Ahora, hasta aquí ha llegado la Academia. El testigo lo tienen otros. Habrá que ver si quieren correr o, como hasta ahora, seguir mirando a otro lado.

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