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COLUMNA i

Arte contra moral: la batalla de los Oscar

En esta gala se han invertido los papeles tradicionales: la tele representa el arte, y el cine, la rectitud moral

Oscar 2019
Los creadores de 'Green Book', vencedora del premio a Mejor Película: Nick Vallelonga, Peter Farrelly y Brian Currie AFP

En la anunciada batalla de los Oscars entre la nueva tele (Netflix) y el viejo cine venció este, aunque fue una victoria casi pírrica. La industria reconoció el modelo de Netflix, pero no le entregó las llaves de la casa y se reservó la mejor película para Green Book o, como la llama Gregorio Belinchón, Paseando a Miss Daisy 2. Aunque puede que sea la propia Netflix quien no ha entendido del todo las normas del juego, porque Roma podía ganar cualquier categoría salvo la de mejor película. Para eso, le faltaba la moraleja.

Se ha criticado a Roma su lentitud, su esteticismo y su pedantería, pero la crítica más persistente, sobre todo en México y Latinoamérica, ha sido moral. Como resumía el periodista Diego Salazar en Foreign Policy: “Roma es un homenaje hermoso a la opresión doméstica”. En otras palabras: la mirada condescendiente de un señorito a las criadas que agradecen los mendrugos de pan lanzados por los amos. Y algo de eso puede haber. Al fin y al cabo, es una historia de inspiración autobiográfica narrada por un señorito que evoca su relación filial con una criada. Hay un retrato sin enjuiciamiento, y si no hay condena explícita, muchos espectadores concluyen que hay justificación implícita de un orden social. Pero eso es exigirle al arte algo que el arte no está obligado a dar y que, además, lo estropea hasta convertirlo en panfleto. Roma es arte porque se centra en el retrato y no en enjuiciar lo retratado. Es decir, Cuarón ha contado lo que le ha dado la gana y no lo que algunos le exigían que contara.

La tele ha sido tradicionalmente el refugio del moralismo, el maniqueísmo y la simpleza, frente a la libertad del cine, donde triunfaban la ambigüedad y la sofisticación. En esta gala, esto se ha invertido: la tele representa el arte, y el cine, la rectitud moral. La batalla está —como siempre— entre quienes creemos que el cine es solo cine y quienes creen que es, además, una misa.

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