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La plaza de toros de Bilbao será regida un año más por la Casa Chopera

La afición, que esperaba un nuevo pliego, recibe una nueva desilusión en un coso en declive

La plaza de toros de Bilbao en tarde de feria.
La plaza de toros de Bilbao en tarde de feria.

Hace dos años, el alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, anunció que la plaza de toros de la capital vizcaína cambiaría en 2019 su modelo de gestión. Desde hace un año se ha venido fraguando un pliego de condiciones para su adjudicación pública. Ahora, después de varios amagos, diferentes promesas y un oscurantista silencio en los últimos meses, la Junta Administrativa de la Plaza, mitad propiedad del Ayuntamiento y mitad de la Casa de Misericordia, ha anunciado que prorrogan por un año la gestión a la empresa Martínez Flamarique SL, la conocida Casa Chopera que dirige los designios taurinos bilbaínos desde hace medio siglo.

La noticia ha caído como una losa sobre la ilusión de los aficionados vascos, que deseaban nuevas propuestas y una manera de revitalizar la plaza más importante de Euskadi. Siempre se ha dicho que se estaban perdiendo oportunidades en los últimos años con un recinto taurino inmóvil, casi inerte durante el año y en franca decadencia.

La publicación de un pliego de condiciones podría traer nuevas ideas y modernizar la anticuada imagen y gestión del coso de Vista Alegre. Los aficionados habían recibido de los diferentes miembros de la Junta Administrativa y de los rectores políticos de diferente signo promesas de que estaban gestando un pliego y de que en el otoño se iba a publicar. Pero las fechas han pasado y han debido encontrar muchas más dificultades que en las numerosas ciudades taurinas donde se realizan estos concursos públicos, puesto que la razón para esta prórroga es “la complejidad del proceso administrativo que se está llevando a cabo” y “asegurar la organización y celebración de la Feria Taurina de 2019”.

Puede caber la justificación de que las prisas no sean buenas consejeras, pero se lleva con el pliego a vueltas desde hace dos veranos; puede que una visión novedosa cambie la dinámica de Bilbao, puede que queden muchos flecos por atar en una propiedad peculiar de la plaza… Justificaciones válidas o no, pero todas de una decisión que llega por sorpresa y sin ningún contacto con los aficionados bilbaínos, que temporada tras temporada están más cansados de recibir un producto en el que ni pinchan ni cortan, y solamente pasan por taquilla.

En definitiva, todo sigue igual. La misma disposición de antaño, las mismas entidades, las mismas personas y ni un ápice de renovación ante una plaza que ha perdido su identidad y su filosofía. Por ello, el aficionado ha ido apartándose de forma paulatina.

Para 2019, el aficionado esperaba una nueva película, aunque de momento no supiera nada de ella, ni los actores ni el guion ni la trama, porque el aficionado de Bilbao ha sido el único con quienes no han hablado ni los rectores de la plaza ni los dirigentes del Ayuntamiento, el único estamento con quien no se ha debatido del pliego. ¿Se imagina alguien otro departamento municipal en el que no se consulte a sus interesados directos? El aficionado esperaba otra película, pero la de 2019 parece que ya la tiene vista.

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