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António Lobo Antunes se juega la vida

El autor trabaja en Lisboa de sol a sol para rematar su trigésima novela. Galardonado hace una década con el premio FIL, vuelve este año a la feria, con Portugal como país invitado de honor

Retrato del escritor António Lobo Antunes en noviembre de 2010 en Lisboa. Ampliar foto
Retrato del escritor António Lobo Antunes en noviembre de 2010 en Lisboa. GETTY IMAGES

Han pasado 10 años, pero podría ser ayer. En 2008, la feria literaria de Guadalajara premiaba a António Lobo Antunes “por la profunda reflexión sobre la experiencia interna de los seres humanos”. Una década después, el escritor portugués sigue en lo mismo, “escribiendo como un perro”.

“Recuerdo muy bien aquel día”, explica Lobo Antunes (1942) en su casa lisboeta, entre libros, una pila de cajetillas de tabaco y otra de medicinas, aunque solo echa mano de la primera. “La presidenta del jurado me dio la noticia del Premio Juan Rulfo. Yo respondí: ‘¿Cuánto?’, y oí de fondo un montón de carcajadas, pues era una comunicación en directo”.

Lobo Antunes se ha mudado de casa porque en la anterior se le amontonaban los libros por el suelo. Esta, el dúplex de un rascacielos con vistas a las montañas, se la ha decorado con literatura, pues donde no hay librerías, el autor de Memoria de elefante (1979) manuscribe en las paredes poemas en inglés y en portugués. “Envidio a los poetas, yo no sé”.

Acaba de regresar de Turín, donde ha recibido un premio más, y de la Universidad de Milán, que ha abierto una cátedra para estudiar su extensa obra. Pese a los achaques, promete volar a Guadalajara. “Voy porque siempre me han tratado con una hidalguía muy grande. Solo tengo palabras de agradecimiento para los lectores de América Latina. Hablan un castellano muy bonito, dulce, muy sensual, menos los uruguayos, esos no. ¡Qué lengua! A los 12 años, mi padre me dio a leer a García Lorca… Ay cómo canta la noche, cómo canta, qué espesura de anémonas levanta…”.

Lobo Antunes ha hecho las paces con el mundo. De su boca solo salen palabras de agradecimiento a todos, alabanzas a la amistad y a la generosidad de la gente. Quien llame a su puerta en busca de un titular escandaloso, llega tarde. No dice mal de ningún escritor en particular y poco de los buenos latinoamericanos, “por si me olvido de otros; allí se toman muy en serio la literatura, felizmente”.

“Escribir es una cuestión de trabajo. Las musas no caen del cielo, quien mejor escribe es quien corrige más”

Junto al inseparable Jeff, el autor de Fado alejandrino ha regresado del almuerzo en la taberna más próxima. Es el único receso del día, de siete de la mañana a ocho de la tarde escribe, “como un perro”, repite. El norteamericano Jeff revisa junto a él la traducción al inglés de Hasta que las piedras se vuelvan más leves que el agua (2017), donde le revuelven los fantasmas de la guerra que vivió en Angola.

Aquel jurado de Guadalajara de 2008 ya destacaba de su obra la exploración del alma humana “en el marco de la violencia, de la lucha anticolonial y la transición política de Portugal”, dijeron.

“Yo solo me daba cuenta de la dictadura cuando había revueltas estudiantiles; los estudiantes fueron corajosos, pero yo no, yo fui cobarde. Cuando me llamaron para la guerra en 1970, para mí lo principal era ganarme el respeto, que no me portara como un cobarde, porque como estudiante lo fui. En Angola me lo gané. Fueron 27 meses, mucho tiempo. Se hicieron cosas horribles. Odié tanto aquello. Un día me llegó un telegrama anunciándome que había tenido un bebé. Les odié tanto…”.

De aquellos tiempos feroces, sus hijas María José y Joana juntarían después Cartas de la guerra (2006), la correspondencia del escritor con su mujer. Hace dos años, ese clima asfixiante de la guerra colonial lo captó maravillosamente Ivo Ferreira en la película del mismo nombre.

Portada de 'No es medianoche quien quiere'.
Portada de 'No es medianoche quien quiere'.

“El espectáculo de la cobardía física es horrible, ver a mandos militares esconderse de miedo entre las camionetas, los bombardeos, las torturas…”.

En el décimo aniversario del premio, Portugal es el país invitado de la Feria de Guadalajara. Decenas de escritores portugueses llegarán a la feria. “No sé cómo fue hecha la lista ni quién hizo la elección; todas son discutibles, a no ser que haya grandes escritores. No los hay en Portugal, tampoco hay mucho en otros lugares. Mi sensación es que disminuye el número de escritores que son apreciados, que antes había más lectores y se imprimían más libros. Creo que se publican menos autores, aunque puedo estar equivocado. Hace unos años firmé bastantes contratos con el e-book, pero me parece que no ha cuajado. Ahora firmé los derechos de traducción a países árabes. Ya son más de 60 lenguas”.

Parece un año triunfal de premios y honras. La prestigiosa biblioteca francesa Pléiade ha anunciado que editará su obra completa. “No estaba preparado para todo esto, al principio nadie quería publicarme. Tiré a la basura una docena de novelas antes de que me editaran la primera”.

Su vida monástica y perruna le lleva a producir una novela al año. Acaba de editarse en portugués su 29ª, La última palabra antes de la noche, título con el que homenajea a su amigo George Steiner. Su clásica polifonía de voces en esta ocasión se entremezcla en confesiones de cinco personajes involucrados en un crimen.

Entre novela y novela, publica artículos en la revista Visão. “Son trabajos de manutención, donde me juego la vida es en los libros. Los artículos los escribo lo más deprisa que puedo para volver cuanto antes a la novela. Necesito el tiempo para los libros y el dinero para sobrevivir, para ayudar a los hijos. Mi hija, con 36 años, gana mil euros. Es miserable. Los sueldos de los profesionales hoy día son indecentes”.

Como un perro sigue escribiendo, como si se le acabara el tiempo antes de cumplir su objetivo, su trigésima novela, también de atmósfera africana. Y se acabó. “Siempre está presente el miedo a hacer cosas que no sean buenas. Escribir es muy difícil para mí, cada vez más difícil. Me exige mucho esfuerzo. Escribir es una cuestión de trabajo. Las musas no caen del cielo, quien escribe mejor es quien corrige más. Se precisa un actitud de humildad. Pedro Páramo es la novela perfecta, un milagro. Conocí poco a Juan Rulfo, un hombre muy modesto; hizo aquel libro maravilloso y luego fue incapaz de escribir otro igual en el resto de su vida”.

Lobo Antunes arrastra las palabras, las mastica después de haberlas meditado en el cerebro. “No sé si le interesa lo que digo. Yo solo puedo ser interesante con los libros. Es horrible el espectáculo de la vanidad, quien sea bueno va a serlo independientemente de cómo se juzgue ahora; como Neruda, como Quevedo. Borges tenía razón cuando decía que Quevedo no era un poeta, que era una literatura. ¡Qué escritor tan moderno!".

—Y usted, ¿quedará en la historia?

—Yo quedaré en un agujero en la tierra.

—¿Y su literatura?

—No lo sé. Quien apuesta por el futuro es porque se resignó a perder el presente.

El último libro de António Lobo Antunes publicado en español es No es medianoche quien quiere. Traducción de Antonio Sáez Delgado. Literatura Random House.