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El rock salvaje de MC5 vuelve a desafiar al mundo

El guitarrista original lidera una nueva gira del icónico grupo, que actúa hoy en Madrid

Wayne Kramer (primero por la izquierda), en un concierto de la gira MC50 el 7 de septiembre en Atlanta. Ampliar foto
Wayne Kramer (primero por la izquierda), en un concierto de la gira MC50 el 7 de septiembre en Atlanta. Getty Images

En hasta tres ocasiones, MC5 recibió una nominación al Rock and Roll Hall of Fame. Ninguna dio sus frutos para este icono del avant-punk, canonizado por la posmodernidad con la misma devoción que The Velvet Underground y The Stooges. No paladean el carisma de los grupos de Lou Reed e Iggy Pop. Sin embargo, su culto y explotación mercantil no decrecen. Los de Detroit gozan de más popularidad hoy que en su vida, de 1964 a 1972. Tanto que irrumpe ahora su tercera reanimación, MC50, que, instigada por el guitarrista Wayne Kramer, único componente original, justifica el 50º aniversario de Kick Out The Jams, ópera prima de MC5. Tras Estados Unidos, la rama europea de su gira recaló en Barcelona, Murcia y, esta noche, en Madrid.

El fallecimiento, a finales del pasado siglo, de dos de los fundadores de MC5 —uno Fred Sonic Smith, marido de Patti Smith y padre de sus hijos— no impidió que los supervivientes exhumaran al grupo en 2003. Pero DKT/MC5, reencarnación en la que ilustres invitados sustituían a los ausentes —Dave Vanian, Lemmy, Nicke Hellacopter, Evan Dando—, cesó en 2012, tras la muerte del bajista Michael Davis. Kramer, ahora, vuelve a intentarlo.

Su voz jovial y juvenil, aunque fatigada por los años, 70 gasta ya, medita por teléfono sobre la trascendencia de ese totémico disco con la vasta perspectiva que abre el medio siglo transcurrido, siendo ya otra persona. “Diría que más que otro, soy una versión envejecida de aquel chaval. Resulta complejo evaluar KOTJ desde el presente. Lo que veo en él ahora es a unos muchachos que demostraron que se podía controlar el mensaje y crear algo valioso, reflejando una época y haciéndolo bajo muchísima presión”. Repasado de cabo a rabo por MC50 en sus conciertos, KOTJ se veía en su momento cuestionado, “unos dijeron que éramos demasiado beligerantes y militantes, otros que no éramos lo bastante revolucionarios”, pero ubicaba en el mapa la vigorosa escena de Detroit —de ahí lo de MC, Motor City—, donde psicodelia y contracultura protagonizaban sinapsis con la conciencia obrera de las cadenas de montaje automovilistas, inmolando decibelios con un flamígero y desafiante rock retroactivamente denominado high energy. Sinécdoque de esa alta energía, KOTJ recabaría póstuma vitola mítica. “Supongo que por su mensaje eterno: puedes cambiar el mundo si te pones a ello. Podríamos decir que es un disco revolucionario, sobre todo por la fidelidad con que captura la energía de la juventud”. ¿Su retórica surgía del corazón o de eslóganes vacíos? “Del corazón, al 100%”.

Parte de la perpetuidad de KOTJ parece residir en la vigencia del mundo que pretendía explosionar. “Solo han cambiado el escenario de las guerras y los rostros de la corrupción y el racismo.Todos los problemas son obra del hombre. Si los ha creado, puede acabarlos”. Radicalizados por su adscripción al White Panther Party, epígono blanco de los panteras negras, KOTJ sembró discordia entre MC5 y su discográfica. Esta censuraba su grito de guerra “Kick out the jams, motherfuckers!” (¡sacaos el muermo de encima, hijoputas!) y grandes almacenes de Detroit vetaban la venta del disco. La compañía rescindía contrato, amedrentada. El principio del fin.

Grabarían MC5 dos discos más, de estudio y en Atlantic, el último de ellos, High time, 1971, “el más maduro, y el que mejor capta la intensidad que desprendíamos en directo”, pero la bola rodaba ya talud abajo. A la par que la banda se desmoronaba, Detroit sucumbía a una irrigación de drogas duras. Kramer pagó cara la plaga, adicto y camello, condenado a dos años de trullo. Una experiencia de la que surgía Jail Guitar Doors, cofundada junto a Billy Bragg, organización de ánimo rehabilitador que proporciona instrumentos y clases a los convictos. “Algunas prisiones han mejorado algo y otras han empeorado, como fuere sigue siendo un problema gigantesco. En América hay dos millones de presos”.

Asímismo ha emanado de ese trago mucha de la materia prima para The Hard Stuff: Dope, Crime, the MC5 and My Life of Impossibilities, flamantes memorias a cuya promoción seguramente debe más esta gira que al propio KOTJ. “No sabría decir si la rememoración ha sido amarga. Cuento la verdad, y la verdad puede ser embarazosa y dolorosa”. ¿Cuál es la lección más valiosa de sus páginas? “Por mucho que la jodas siempre puedes volver a hacer las cosas bien”.

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