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Patrimonio Nacional cede a Holanda un retrato lleno de hormigas voladoras

Un cuadro de don Juan de Austria cedido por Patrimonio Nacional para una exposición en el Rijksmuseum contenía insectos vivos entre el marco y el bastidor

El retrato anónimo de don Juan de Austria, del Prado.
El retrato anónimo de don Juan de Austria, del Prado.

Es un retrato anónimo de Juan de Austria, pintado en 1575, y salió del Monasterio de San Lorenzo del Escorial el pasado 27 de septiembre con rumbo a Ámsterdam. Aterrizó en el Rijksmuseum (tras hacer escala el 28 en el Museo del Prado, del que es propiedad) y al sacarlo de su caja el 5 de octubre, la correo que lo acompañaba y vigilaba halló que un grupo de hormigas aladas había tomado la trasera del cuadro, entre el bastidor y el marco. Aspiró todos aquellos insectos vivos de inmediato y guardó dos, que envió a  analizar al Museo del Prado, tal y como ha podido saber EL PAÍS. La obra prestada forma parte de la exposición La guerra de los 80 años. El nacimiento de los Países Bajos y los pasajeros inesperados no han dañado la pintura.

El Museo del Prado cedió en depósito, en 1943, el retrato a Patrimonio Nacional, que lo pidió para colocarlo en el monasterio. Allí se embala (no encuentran nada extraño) y al día siguiente llega al Prado. Se vuelve a desembalar para comprobar su estado: “A la salida del cuadro, durante la revisión del lienzo, no se detectó nada y la hipótesis es que, en el camino, los insectos, que se encontraban en estado larvario, eclosionaron", aseguran fuentes del Prado a este periódico.

Los especialistas del Prado no han podido localizar los orígenes del nido, pero aseguran que “el cuadro está en perfectas condiciones, porque no son xilófagos”. De manera inmediata, la pinacoteca comunicó a Patrimonio Nacional la incidencia y los resultados de la investigación y, tal y como ha podido saber este periódico, alertaron al equipo de conservación de esta institución para que revisara el estado de la sala donde reside el cuadro. Debían buscar un foco de contaminación de los insectos. La hipótesis de la caja contaminada queda descartada, al menos para el Prado.

¿De quién son las hormigas?

Sin embargo, un portavoz de Patrimonio Nacional asegura que “es imposible que haya hormigas voladoras de origen”, porque al preparar el cuadro para su embalaje lo revisaron y no encontraron nada. Además, añaden que se embaló de tal manera que no era posible que entrara nada. “Las hormigas voladoras no viven más de tres días”, asegura Patrimonio, que señala que no es posible que partieran desde El Escorial con vida. Lo que no se puede saber es cuándo eclosionaron sus larvas. Tras el percance, los especialistas de Patrimonio Nacional atendieron la advertencia del Prado y revisaron la sala, pero dicen que no detectaron ninguna plaga de hormigas.

La empresa de transportes responsable del envío, TTI, afirma tajante que en la caja de envío no ha podido entrar ningún insecto. “La posibilidad de que las larvas provengan de nuestro embalaje son nulas, porque la madera es tratada. Además no pueden acceder del exterior. Nunca nos ha sucedido algo parecido”, comentan a este periódico. Según cuentan, nadie de Patrimonio se ha puesto en contacto con ellos para informarles del hecho. De todas maneras, en TTI extraña mucho que un insecto que no es xilófago se aloje en la madera. Y la hipótesis de la larva coge consistencia.

El acontecimiento (sin consecuencias) se suma a la caída y rotura hace unos días del Cristo crucificado de Tiziano, cuyas causas no han sido aclaradas todavía por la institución. También en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial. El gran cuadro se desprendió de la pared por el mal estado del anclaje, desde una altura de cinco metros. El presidente de Patrimonio Nacional, Alfredo Pérez de Armiñán, aseguró a EL PAÍS que “el lienzo llevaba anclado al yeso y sujeto por clavos muchos años”. Sin embargo, ese cuadro fue descolgado y enviado a la exposición El Renacimiento en Venecia, del Museo Thyssen, en junio de 2017.

La exposición del Rijksmuseum celebra el 450º aniversario del inicio del conflicto de la guerra de Flandes y la obra en cuestión es “una de las pocas imágenes que han sobrevivido del hijo natural de Carlos V y la alemana Barbara Blomberg, hermanastro de Felipe II y gran artífice de la victoria de Lepanto”. El general y estratega luce sobre su pecho el distintivo de la orden del Toisón de Oro. Un león, domesticado, aparece a sus pies.

Los otros Juan de Austria

El retrato (que sigue la tradición de la representación regia) muestra una fórmula similar a la de Alonso Sánchez Coello, al combinar el retrato de la majestad áulica con la profundidad del estudio psicológico del modelo. El resultado es una presencia solemne e imponente y un estudio minucioso de la calidad de la indumentaria y sus complementos (algo propio de la escuela flamenca). De hecho, el otro retrato de Juan de Austria (pintado por Sánchez Coello en 1567) pertenece a Patrimonio Nacional y se encuentra en el Monasterio de las Descalzas Reales. En este aparece armado y con una incipiente barba, lo que subraya aún más su pubertad. “Su habilidad en el campo militar se refleja en la energía con que sujeta la espada con su mano izquierda”, puede leerse en el catálogo de la exposición El retrato en las colecciones reales, de hace tres años.

En 1632 Velázquez ironizó con la figura de Juan de Austria (1545-1578) al retratar a un bufón y ponerle su nombre. Le coloca un bastón de mando, deja caer las armaduras por el suelo y, al fondo, se presenta una batalla naval en alusión a Lepanto. El pintor sevillano propone al espectador un sutil juego para que distinga los límites entre la realidad y la ficción, entre el mito y la historia. El último referente a Juan de Austria que tiene el Prado es la pintura de Eduardo Rosales, titulada Presentación de don Juan de Austria al emperador Carlos V, en Yuste, fechado en 1869, y que retrata el momento en que el hijo ilegítimo (de unos diez años de edad) del emperador llega al monasterio donde ha ido a morir su padre. En su testamento Carlos V dictó que desde ese momento Jerónimo pasará a llamarse Juan de Austria, dándole así reconocimiento como miembro de la familia real.

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